jueves 25/2/21

Felipe VI, previsible

La previsibilidad es un bien escaso en el cruce de la pandemia con la banalización de la vida política. Ahora es de agradecer. Véanse las reacciones al mensaje navideño del Rey, casi todas inspiradas en el caso de su padre, Juan Carlos de Borbón, el rey emérito. Tan previsibles como el propio mensaje.

Ni de lo uno ni de lo otro podíamos esperar sorpresas respecto a las posiciones de partida. El Rey no se saldría de la línea marcada en su discurso de proclamación, ni los pregoneros de la España republicana y plurinacional se apearían de su aversión declarada a la Monarquía. Dijera lo que dijera el mensaje. Hemos visto que los deméritos del emérito no lo han llegado a condicionar. Que el jefe del Estado haya renunciado a ejercer de comentarista de la actualidad o ser pedrada de unos contra otros es mala noticia para los enredadores de guardia. Pero estaba cantado.

En mi artículo de vísperas escribí que Felipe VI sería coherente con la línea marcada al comienzo de su reinado. Una línea de inequívoco compromiso con los principios de ejemplaridad y transparencia. Y que se limitaría a repetirlo las mismas palabras o parecidas. Si en su primer mensaje navideño (diciembre 2014) dijo que "la Corona debe observar una conducta íntegra, honesta y transparente", en este de 2020 ha dicho que (cito de memoria) "los principios éticos y morales nos obligan a todos y están por encima de cualquier consideración, incluidas las personales o familiares".

Por otra parte, en su debut parlamentario (junio de 2014, la proclamación) había constado que "los ciudadanos demandan con toda la razón una Monarquía renovada para un tiempo nuevo". Era su segundo compromiso de fondo. Primero, la ejemplaridad. Segundo, necesidad de renovar una institución carente de una ley reguladora de su funcionamiento. Dos compromisos vigentes para la Monarquía del siglo XXI.

No menos previsible era que el mensaje estuviera centrado en el año "duro y difícil", a punto de caerse del calendario. No podrían sorprender a nadie sus referencias a los efectos económicos y sociales de la pandemia, con el consabido homenaje al personal sanitario y las víctimas del coronavirus, así como a la fortaleza de la sociedad y el Estado para superar esta crisis como hemos superado otras. ¿Qué esperaban los teólogos de la España republicana y plurinacional? ¿Un discurso absolutorio respecto a los pecados del padre? ¿Un ajuste de cuentas con quienes se han conjurado para acabar con la Monarquía? ¿Ese harakiri televisado del Rey que han echado en falta Aragonès, Echenique, Rufián y otros en sus previsibles reacciones al mensaje de Nochebuena? Son ellos los que está fuera de la realidad, a mi juicio.

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