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La igualdad a pie de campo está por llegar. Y más aún, la conciliación con ser madres

LIDIA YANEL / EFE | 04 de marzo de 2019

Carmen López (52 años, cuatro hijos) puso en marcha en 2005 su viñedo de agricultura biodinámica, que es un
Carmen López (52 años, cuatro hijos) puso en marcha en 2005 su viñedo de agricultura biodinámica, que es un "paso más" que la agricultura ecológica, ya que defiende el total respeto al suelo para que cada vez tenga más vida - EFE /Ismael Herrero

En la semana en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, tres mujeres del campo de la provincia de Toledo relatan sus experiencias

La igualdad a pie de campo está por llegar pero hay matices, de modo que Carmen siente buen trato en su sector del vino ecológico pero Nadia ha visto que a muchas ganaderas las presentaban como "la mujer de", y Carolina resume lo que afecta a las tres, que son madres: el principal problema es la conciliación.

En la semana en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, Efe ha hablado con tres mujeres del campo de la provincia de Toledo: Carolina Fernández, ganadera de Menasalbas; Carmen López, viticultora de agricultura biodinámica en Santa Olalla, y Nadia Melguizo, ganadera de caprino en Segurilla.

Las tres no coinciden en su ámbito de actividad, pero sí en la falta de conciliación familiar (tienen hijos), en el ambiente "masculinizado" que todavía hay, en que hace falta avanzar para que la mujer sea reconocida y en que, muchas veces, el trabajo de la mujer en el campo es "invisible".

Carmen López (52 años, cuatro hijos) puso en marcha en 2005 su viñedo de agricultura biodinámica, que es un "paso más" que la agricultura ecológica, ya que defiende el total respeto al suelo para que cada vez tenga más vida, dejar el laboreo y apostar por las cubiertas vegetales, y utilizar el calendario lunar.

Esta hija de agricultores tuvo que defender en su entorno el tipo de viticultura que quería hacer y desde entonces se ha ido formando y curtiendo, sobre todo en el mercado internacional porque más del 90 por ciento de su vino -'Uva de vida'- lo vende a Canadá, Estados Unidos, Suiza o Alemania.

Cuando se relaciona dentro de su sector, la mayoría hombres y en un ámbito internacional, se siente bien tratada ya que "se valora que se dedique una mujer" al vino, dice, porque "tenemos otra sensibilidad, otra intuición y, encima, en el campo la desarrollamos quizá más".

Incluso cuando va a ferias acompañada por su marido se habla "del vino de Carmen" porque "saben que es mío el alma y la pasión del proyecto", pero también ha tenido trabajadores "que han soltado la azada y han dicho a mí no me manda una mujer".

El mayor problema es "que al final no conseguimos conciliar nada" y que la mujer es la que sigue encargándose de la casa y de los hijos, una "sensación de ir apagando fuegos, de compaginar siempre con la casa", subraya.

Para esta mujer, su compromiso y el "sentido" que tiene su proyecto, que es un trabajo "muy duro" y sin descansos, es ofrecer "un alimento vivo y sano". El viñedo es una "proyección tuya", dice la viticultura.

Nadia Melguizo (34 años, dos hijos) puso en marcha hace cinco años su granja de caprino destinado a leche, y de empezar con "unas chivitas" ya tienen unos 400 animales.

"Creo que las mujeres todavía tenemos mucho que avanzar y ser más reconocidas", afirma, porque el trabajo de la mujer en el campo es todavía "bastante invisible" y, en muchos casos, se dedica a llevar el complicado papeleo administrativo y la familia.

Explica que ella se ha hecho respetar, y cuando va a las reuniones de ganaderos es Nadia, no es "la mujer de" como les ocurre a otras mujeres que también van a las asambleas. "Es un mundo muy masculinizado", reconoce, donde a veces ha oído comentarios machistas "que no me gustan".

A su juicio, la conciliación "está muy lejos" y habla de su caso, madre de dos niños de los que está "disfrutando" pero también atendiendo plenamente porque su marido está al "cien por cien" en el campo y ella compagina el negocio, la parte administrativa y los niños. 

Nadia Melguizo siente a veces "una cierta sobrecarga familiar" y opina que salir a otros países y ver mundo "te abre la mente".

Carolina Fernández (39 años, dos hijas) puso en marcha en 2006 junto con su marido una ganadería de vacas avileñas que se ubica en Menasalbas y en el ciudadrealeño Valle de Alcudia.

Está convencida de que "la igualdad es cuestión de educación" y explica que en su caso ha tenido "la suerte" de que sus padres no la educaron para ser mujer, sino para ser una persona autónoma y resolver pero "nunca me dijeron no puedes hacer esto porque eres una chica".

El principal problema que ve, sin duda, es la conciliación familiar: "Yo creo que de lo que debemos hablar las mujeres es de conciliación, el único problema que tengo en mi pueblo es la conciliación, es muy difícil conciliar mi vida profesional con mis hijas".

Añade que ha tenido que "renunciar a muchas cosas, profesionalmente, porque también quiero estar con mis hijas", y aunque tiene el apoyo de su marido resalta que es "muy difícil" la conciliación. 

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