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El hampa emergió en todas partes

Rafael Torres | Periodista y escritor

Castilla-La Mancha 24 | 02 de abril de 2019

Hace 80 años concluyeron las operaciones militares de la Guerra de España, pero no la guerra, que por la vesanía e impiedad del vencedor, engolfado en la venganza y en la represión erradicadora del vencido inerme, continuó durante décadas en esa brutal asimetría hasta cronificarse en el alma de la nación. Como se sabe, no llegó la paz, sino la Victoria.

Uno, que ha publicado una docena de libros sobre aquél espanto del que, por haber ahondado durante tanto tiempo el abismo entre vencedores y vencidos, no nos hemos recuperado enteramente todavía, sabe que ni aquella ni ninguna guerra fue necesaria, salvo para la promoción y el enriquecimiento de psicópatas desalmados, y que aquella del 36-39, prólogo y ensayo en nuestras carnes de la que ensangrentaría el mundo a su término, menos que ninguna. Por el desplome de las estructuras del Estado y el colapso de la convivencia a causa del golpe militar fallido contra la República Española que devino en una guerra de tres años, el hampa emergió en todas partes, y por lo que vamos viendo, 80 años después aún no ha retornado en su integridad a las sentinas de las que nunca debiera haber salido.

Lo que pasó, pasó, y no es que convenga, sino que es absolutamente necesario recordarlo para poderlo olvidar alguna vez. No se olvida por decreto, sino por sana, aunque dolorosa, digestión, de suerte que la obstrucción de ésta, impuesta durante el franquismo y aún hoy defendida por el extremismo de derecha, negando el conocimiento de lo sucedido a las nuevas generaciones y la restauración de la dignidad a las víctimas, a todas las víctimas, impide la cicatrización total, real, de las heridas. O dicho de otro modo, descendiendo al actual forcejeo sobre el particular: la Ley de Memoria Histórica, pese a su timidez y debilidad, se abona más al olvido posible, a la reconciliación, que quienes la execran y la estorban.

Cuando a las puertas del Congreso de los Diputados aguardan los epígonos y sucesores de los sublevados del 36, los que patrimonializan la idea de España, los que dividen a los ciudadanos entre buenos y malos españoles, los que usan la bandera para ocultar toda clase de sectarismos alucinados, encanallamientos e intereses espúreos, se necesita más que nunca recordar las ruinas que quedaron de España hace 80 años, y los muertos, y los heridos, y los desaparecidos, y los lisiados, y los transterrados, y los huérfanos, a causa, principalmente, de eso.

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