Opinión

Fernando Martín: 30 años sin ti

Jugador de leyenda, Fernando Martín Espina fue ante todo un deportista nato. Y es que no había deporte que se le diera mal. Destacó en natación siendo campeón nacional, en balonmano donde apuntaba a ser un jugador fundamental para Juan de Dios Román pero cuando todo apuntaba a que se dedicaría a ese deporte, el deporte de la canasta se adelantó siendo Estudiantes el club que le eligiera.

Corpulento, alto, atlético tenía movimientos impropios de un jugador tan alto como él. Sin duda, tenía fundamentos técnicos que le hacían destacar por encima de los demás. 

En Estudiantes coincidió con un jugador que sería compañero suyo tiempo después en el Real Madrid: Alfonso del Corral con quien conquistó el subcampeonato de liga contra el F.C. Barcelona. 

Pronto se vio que a Fernando se le quedaba pequeño el equipo de Magariños. Ahí apareció alguien fundamental en su vida deportiva: Lolo Sainz, entrenador del Real Madrid el cual se adelantó a Manel Comas (d.e.p.) entrenador del Joventut de Badalona. 

Fernando no llegó al club de Chamartín como un novato sino con un rol de estrella como así manifestara Juan Antonio Corbalán, capitán del equipo blanco en aquel tiempo: “Fernando fue digamos el primer jugador profesional. Fue el jugador fetén que nos dio el salto de calidad necesario para aspirar a todo”. 

Pronto se vio que la calidad del pivot madrileño era tal que el Madrid iba a pasar de ser un equipo bueno a un equipo superior capaz de aspirar a todo. 

También destacaría muy pronto en la Selección Española. Es más, la precocidad de Fernando era también algo que sobresalía y eso lo vio rápidamente Antonio Diaz Miguel, entrenador de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), probablemente uno de los mejores técnicos con los que coincidiría Fernando. 

Rápidamente se sucedieron los éxitos del Europeo de Nantes 1983, con una medalla de plata que podía augurar algo grande en las Olimpiadas de Los Ángeles de 1984. 

Y así fue, conseguimos la gloria tras ganar a Yugoslavia en las semifinales en un partido memorable de los de Díaz Miguel y nos colamos en la final contra Estados Unidos. La todopoderosa USA de Ewing, Jordan o Mullin consiguió un resultado aplastante contra la selección nacional con un tanteo de 96 a 65 y partir de ese momento, los focos se empezaron a centrar en ese hombre fuerte de 2 metros y 5 centímetros que con la camiseta del número 10 deslumbró a todo un país. 

Desde entonces, Fernando empezó a marcarse un reto: formar parte de la mejor liga de baloncesto del mundo: la NBA un lugar sólo para intrépidos. 

Estuvo muy cerca de ser el primer jugador europeo en debutar pero por muy poco se le adelantó Georgi Glouchkov,  jugador búlgaro pero Fernando no se rendiría hasta entrar en el draft con los New Jersey Nets en 1985 en el puesto número 38 pero no sería con ese equipo con el que debutaría sino que fueron los Portland Trail Blazers quienes finalmente hicieron posible que el primer jugador español de la historia debutase en las Américas. 

Aquello fue increíble, inimaginable para la época y allí que se fueron Sixto Miguel Serrano, Manolo Lama y otros periodistas a cubrir aquellos momentos en USA. Recuerdo perfectamente lo que le dijo Fernando a Manolo Lama: “Niño, tráeme jamón, chorizo…lo que sea”. 

Un año después, volvería al Real Madrid frustrado por los poquísimos minutos que disputó en América y así disfrutaríamos de él hasta 1989 con su famosa “morcilla” que diría Lolo Sainz que no era otra cosa que su famoso gancho que muy seguramente recordaba a los de Clyfford Luyck de tiempos pretéritos del club blanco. 

Hubo también un momento glorioso en su carrera al coincidir tal vez con el mejor base/escolta de Europa: Drazen Petrovic. Sólo jugaron una temporada. Fue la famosa de los sesenta y dos puntos de la final de la Recopa de Europa contra el Snaidero de Caserta y que significó sin embargo, el finiquito del yugoslavo. Fernando no pudo soportar a aquel grandísimo jugador por culpa del individualismo que en la cancha desplegaba el balcánico, mientras que el jugador español destacaba por ser un hombre de equipo. 

Y llegó la temporada 1989/1990 con uno de los mejores técnicos que había en Estados Unidos, George Karl. Fue la última temporada de Fernando. La temporada de la tragedia que incluso empezaba a suponerse quizás como una de las últimas del pivot español por culpa de sus continuos problemas de espalda. Tanto es así que una vez, iba a ser baja segura contra el Barça y sin embargo, cogió él solo el puente aéreo y se plantó en el vestuario cuando nadie lo esperaba y tras abrir la puerta les dijo: “a ver, yo no me he levantado de la cama para perder” y cuando todo estaba perdido, su espíritu ganador les llevó a la victoria. 

3 de diciembre de 1989. Fernando Martín Espina estaba lesionado de la espalda y eso le impedía jugar contra el CAI Zaragoza. Cogió su coche para ir a casa de una amiga antes del partido para recoger algo que tenía en su casa. Nunca llegó. 

Fernando cogió el coche por la M-30 y pasó lo que tiempo atrás pudo haber sucedido ya. Martín perdió la vida poco antes de empezar el partido contra CAI Zaragoza. Los jugadores iban llegando. Sus compañeros ya sabían que un jugador del Real Madrid había sufrido un accidente mortal. Faltaban por llegar Quique Villalobos y Fernando Martín. Quique llegó deprisa, apartando gente del camino y al llegar al vestuario, las caras de los componentes del equipo tornaron en tristeza. 

Fernando no llegaría nunca a ver el partido de sus compañeros. Murió el jugador de baloncesto. Nació el mito. Aquel que tuve la ocasión de conocer en persona tiempo atrás tras pasar por Madrid mientras abría la puerta del garaje. 

Han pasado treinta años y sin embargo, parece que no son tantos. Será porque aún hoy te seguimos sintiendo cerca de nosotros. 

Seguro que desde arriba seguirás metiendo canastas y cogiendo rebotes allá donde estés y seguro ganando los partidos como siempre te gustaba: de veinte puntos de diferencia.

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