Vivir desnudo en el gélido invierno: el reto del empresario que lo dejó todo

Inspirado por místicos como el ruso Porfiry Ivanov, este joven de la ciudad de la Alhambra pasea regularmente sin ropa. Tiene la intención de pasar así los meses más fríos del año.

Vivir desnudo en el gélido invierno: el reto del empresario que lo dejó todo - EL ESPAÑOL
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Según informa Salvador Martínez en EL ESPAÑOL, vivir desnudo pese al frío. Ese parece ser el reto que se ha puesto Olmo García. A este joven de 34 años se le conoce en la ciudad de la Alhambra por pasear sin una sola pieza de ropa. Como dios le trajo al mundo. Lleva ya más de un año prodigándose por Granada de esa guisa. No lleva nada encima, excepto un único objeto: el llavero en el que reúne las llaves de su casa.

Olmo vive en el céntrico Paseo de los Tristes, uno de los parajes más atractivos visualmente de la otrora capital mora. Situada a orillas del río Darro, esa calle se encuentra casi a la sombra de la Alhambra. Es una zona de obligada visita para quienes están de turismo en la ciudad andaluza. Sin embargo, también es una de las áreas más frías de Granada. Éste es un detalle importante para cualquiera, pero resulta crucial para alguien como él. 

Si el Paseo de los Tristes es especialmente agradable por su frescor durante las calurosas noches de verano, esa calle constituye estos días un lugar ideal para sufrir un enfriamiento. Sobre todo si uno se pasea por allí sin apenas echarse encima una sencilla chaqueta. 

Antes que personaje atípico del paisaje del centro de Granada, Olmo es empresario. En 2004, con apenas 21 años, montó Hiperproteína, una empresa de productos dietéticos. Empezó su carrera a la vez que estudiaba Química en la Universidad de Granada. Aún y todo, Olmo sólo aprendía lo que le interesaba. Así, acabó dejando esa actividad intelectual y universitaria para dedicarse a su empresa.

Sin embargo, trece años después de abrir Hiperproteína, la compañía se encuentra en manos de su padre, un conocido veterinario en la ciudad. Olmo le ha dejado la gestión del día a día. Su padre, ocupado al máximo en los negocios familiares, no suele saber donde está Olmo. “No lleva zapatos, imagínese teléfono móvil. Ya le digo, no tiene teléfono, pero si lo veo le diré que ha llamado”, responde su padre desde la nave industrial donde tiene su sede Hiperproteína.

“El negocio es para mí una plataforma de experimentación. Estoy muy satisfecho porque me permite viajar. No tengo que estar siempre en la instalación”, aclara Olmo. Esta es su historia. 

Seguidor de Ivanov y otros

Olmo sostiene una caja de uvas en pleno centro de Granada.

“Yo creo que es posible vivir desnudo en invierno. Ya he probado ir desnudo en esta época del año. Es verdad que las manos se me quedaban muy frías, entumecidas. Al volver a casa no podía ni siquiera abrir la puerta”, cuenta Olmo a EL ESPAÑOL. “Me estoy informando y voy leyendo sobre casos de gente que va desnuda en zonas muy frías del planeta, he leído de personas que viven o han vivido así en la Patagonia o en Rusia”, añade.

Olmo es delgado, posee una larga cabellera y barba generosa y bíblica. Este hombre sigue el ejemplo del místico ruso Porfiry Ivanov. “Él siempre iba en bañador, se daba baños de agua helada, es algo interesante”, cuenta Olmo sobre este ruso fallecido en 1983 después de vivir 85 años. Ivanov fundó su propio culto, el ivanovismo, que mezclaba ideas paganas y religiosas del cristianismo. Propio del ivanovismo es el “Detka”, una forma de entender la salud basada, entre otras cosas, en la exposición del cuerpo desnudo al frío.

Olmo no es un ivanovista de nuevo cuño ni nada parecido. Se podría decir que, como buen posmoderno, incorpora a su modus vivendi ideas y credos que va leyendo aquí y allá. Así, en una hora de conversación con él, se acumulan las referencias al islam, el cristianismo, los testigos de Jehová o el taoísmo. Dice ser una persona “interesada en averiguar qué es la vida”. “Yo quiero saber, quiero probar”, afirma. Ese deseo es el que le ha llevado, precisamente, a vivir desnudo las cuatro estaciones del año. 

Ese anhelo surgió en septiembre de 2016. “Llevaba mucho tiempo yendo a playas nudistas. También me ponía desnudo cuando iba al campo. Estando una playa de El Ejido (Almería, nldr.), vi que detrás de la playa había como una laguna con mucho fango. Ya había estado allí, pero nunca me había atrevido a cruzar la laguna por temor a sufrir algún accidente, tenía miedo a hacerlo, pero ese día me atreví”, cuenta Olmo. “Cuando vi que había sido capaz de cruzar, me dije pues… El lunes voy a salir desnudo por Granada”, añade. Esa idea ya se le había pasado antes por la cabeza. Pero nunca se había atrevido a llevarla a cabo. “Era por miedo”, dice. Esa experiencia en El Ejido cambió su vida. 

“Es tan agradable para el cuerpo el baño de sol, sentir la libertad de que la piel respire...”, asegura con aire de satisfacción. “Es que de ponernos calcetines, por ejemplo, es un poco estresante. Todo lo que sea ropa entorpece el intercambio de gases con el exterior Ir vestido es ir encerrado”, explica. “La diferencia entre ir vestido y desnudo es como la diferencia entre un día con nubes y un día con sol. Las nubes son menos alegres para el cuerpo”.

Olmo puede pasar a la acción, sobre todo, porque en Granada el nudismo no está prohibido. “Yo no sabía que no estaba prohibido, cuando empecé, simplemente me dije: 'Tira palante'”, recuerda. También contribuye a su forma de vida el que tenga sus necesidades más que cubiertas.

Desnudo por la paz mundial

Olmo en plena calle de Granada.

Ha contado en más de una ocasión que su desnudez por la vía urbana es una forma de estar al servicio de la paz mundial. “Al final, todo lo que hacemos tiene un impacto sobre el plantea, todo lo que hacemos tiene una influencia sobre los demás, y si a mí me sienta bien ir así, ésa es una forma de influir positivamente”, estima.

Ante momentos especialmente conflictivos como los que vive España por la crisis en Cataluña, Olmo apuesta por dejar de pelear. “Pelearse no va acabar con el hambre en el mundo, ni con el envejecimiento, ni va a traer ni dicha ni plenitud a los seres humanos”.

Paz no es precisamente lo que le ha traído su desnuda forma de vida. Al contrario, a Olmo le han insultado en numerosas ocasiones por ir por la calle sin ropa. El acoso llegó hasta el extremo. En una ocasión le dieron una paliza. “Me quedé una semana sordo, y todavía tengo una cicatriz en la mano, es pequeñita, pero ahí está de recuerdo”, dice. No denunció la agresión. “He preferido no invertir energía en eso e invertirla en otras cosas, uno no puede hacerlo todo”, señala. Habla de aquel mal trago sin alzar la voz en ningún momento.

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