martes 17.09.2019

La vida secreta del galán Ardines, el concejal asesinado por un marido, y su esposa sufridora

La parroquia de Nueva fue el epicentro de las actividades sentimentales de Ardines fuera del matrimonio. De allí era Katia y de allí eran las mujeres que se han divorciado ahora de sus maridos

La vida secreta del galán Ardines, el concejal asesinado por un marido, y su esposa sufridora - EL ESPAÑOL
La vida secreta del galán Ardines, el concejal asesinado por un marido, y su esposa sufridora - EL ESPAÑOL

Un reportaje de Brais Cedeira publicado en EL ESPAÑOL

Además de ser uno de los pueblos más bonitos de toda Asturias, la parroquia de Nueva (Llanes) es uno de esos rincones construidos por los indianos que comenzaron a regresar de las Américas henchidos de dinero a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX. Hay mucha casa encendida en colores vivos, como el amarillo, el rojo o el azul celeste. Hay palacios condales y hay casonas barrocas ocupadas también por aquellas familias. También hay (o hubo) algunos secretos en este lugar que se están comenzando a conocer ahora.

La estirpe de esos burgueses retornados cuya prole afloró más tarde en el pueblo que les vio nacer es algo habitual en Llanes. Muchas familias cuentan con historias similares entre sus antepasados. Dos de estas familias crecidas en el extranjero quedaron unidas años después cuando sus respectivos hijos comenzaron a salir. Una de ellas, la de Francisco Javier Ardines González, echó a volar de Halle (Bélgica) cuando este tenía 9 años, a donde habían llegado años antes.

La otra era la de Nuria Blanco, su mujer, cuya familia marchó para Llanes desde Suiza, a donde habían emigrado décadas atrás. Ambas se instalaron a su vuelta entre las zonas de Belmonte de Pría y Nueva. Allí llevaron a cabo toda su vida social, de bar en bar y de sidrería en sidrería. Esto fue así hasta la muerte del concejal.

Ardines también fue siempre a lo suyo. Al casarse se mantuvo en la casa de la familia, la misma ante la cual apareció su cuerpo la mañana del 16 de agosto de 2018. Sin embargo, su vida social, desde la adolescencia, quedaba enfocada en la zona de Nueva, ese lugar de playas y rocas majestuosas, recién escupidas de un viejo volcán. Se trata de un lugar con ambiente, de día y de noche, con las habituales sidrerías asturianas y toda clase de fiestas en las que los instintos se relajan y las carnes se vuelven débiles. La mayoría de las veces que eso pasaba le sucedía aquí. En Nueva. 

Primer nieto 

El coche de uno de los sicarios en dirección a Llanes la madrugada del crimen.El coche de uno de los sicarios en dirección a Llanes la madrugada del crimen. EL ESPAÑOL

Fue en este pueblo donde Ardines fraguó la mayor parte de sus conquistas amorosas, donde, con su carácter recio pero sosegado, tranquilo pero seguro, halagador pero sin convertirse en un sobón, consiguió mantener aventuras esporádicas con distintas mujeres del lugar sin que nadie nunca lo supiera. 

Ardines siempre fue todo un galán. Un tipo que imponía con su presencia, con brazos morenos y fuertes, una mirada penetrante de color verde y una convicción de plomo en las palabras. "Podía hacer algún comentario picante, o responder sin darle importancia a algunas insinuaciones concretas hacia él y alguna chica que conocía. Pero era un tipo discreto y quizá por eso nunca se enteraron de nada", explica a EL ESPAÑOL una persona muy cercana al concejal. 

Tres de ellas esas mujeres con las que estuvo enrollado a lo largo de los años, ya han visto cómo sus maridos, al enterarse, les pedían el divorcio. La secuencia en estos últimos meses, posteriores al asesinato, resultaba la misma: la Guardia Civil acudía a determinada casa, donde sabían que vivía determinada mujer. Allí le hacían determinadas preguntas. Y ella les respondía. Cuando se marchaban, los esposos preguntaban: qué pasa aquí, cariño, qué te querían los agentes. No hacía falta demasiado para atar cabos y deducir que todas ellas estaban relacionadas con la historia de las infidelidades de Javier Ardines. Tres de ellas, que se sepa, están ya en trámites de divorcio. 

La otra cara de la historia es la de su mujer, la de Nuria. Dicen personas cercanas a la familia que ahora lo está pasando mal. "Tiene ese doble dolor: por la muerte de él, ya que le quería, y por todo lo que se está sabiendo ahora".

Ardines guardó silencio sobre la mayoría de las relaciones sexuales. Se las mantuvo ocultas hasta varios días antes de ser asesinado. El 5 de agosto fue el día en que Nuria conoció la primera de sus infidelidades. Ese día recibió un audio en su teléfono móvil. Se lo acababa de enviar Pedro, el marido de su prima Katia. En él se escucha una conversación entre su marido y su prima. Esta tiene lugar, cómo no, en un restaurante de Nueva. en la sidrería Muros. 

Pedro y Javier Ardines, en una foto de grupo.Pedro y Javier Ardines, en una foto de grupo.

Mientras Pedro no está en la mesa, Ardines y Katia hablan:

-Yo, a calentar la casa, le dije -empieza Katia, cambiando de conversación cuando su marido se va al baño-. Pues ir calentando la casa para cuando llegues... Menos mal que no sabe cómo la caliento... (se ríe)... si no, agárrate que vienen curvas.

-Llevamos años librando, responde Ardines. 

-Sí, madre mía... Hay que tener 'cuidao'.

Días después encontraron muerto a Ardines, que se llevó el secreto de sus otras amantes a la tumba. Pero su mujer se ha ido enterando a cuentagotas de las otras posibles implicadas en el caso. En Llanes, al concejal le favorecía la distribución de los pueblos en la zona. Se trata de uno de los ayuntamientos más grandes de toda Asturias. La población está dispersada en diferentes núcleos urbanos. De este modo, hay muchos de la zona de Pesa de Pría que apenas conocen a aquellos que viven en el centro de Llanes. O incluso en la zona de Posada. Cada uno va a lo suyo.

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