jueves 19.09.2019

Rebeca, la abogada degollada por su amante preso al que defendió del asesinato de su esposa

José Javier había asesinado a su mujer en 2003 y fue condenado en 2005 a 18 años de prisión. Este jueves acabó con la vida de la magistrada que lo defendió del crimen

Rebeca, la abogada degollada por su amante preso al que defendió del asesinato de su esposa
Rebeca, la abogada degollada por su amante preso al que defendió del asesinato de su esposa

Un reportaje de Brais Cedeira publicado en EL ESPAÑOL

Apenas tres minutos, tres calles y 300 metros separaban el despacho de la abogada Rebeca Santamalia Cáncer, 47 años, del piso en el que vivía desde hacía un par de años José Javier Salvador Calvo, un hombre que comenzaba ya a encarar la década de los 50. Era alto y tenía el pelo negro. Era su cliente. Después, fue su amante. Este jueves se convirtió en su asesino, en el hombre que le quitó la vida a puñaladas.

Ambos inmuebles, en el centro de la ciudad de Zaragoza, quedaban unidos por el sendero de los años que ambos habían compartido, casi siempre como letrada y representado. El lugar de trabajo de Rebeca estaba en el 48 de la avenida Tenor Fleta. El piso de José Javier, en el 21 de la calle Francisco Pradilla.

En la madrugada del jueves al viernes, al abrir la puerta del piso, la Policía Nacional encontró el cadáver de la mujer, plagado de puñaladas y rodeado de un gran charco de sangre. Trataron, en vano, de localizar al hombre, pero ya se había suicidado. No lo supieron hasta algunas horas después.

Ambos se conocían desde hace 16 años. Aquel primer encuentro se produjo a raíz de otro crimen, otro suceso relacionado con la violencia de género, otro asesinato con, eso sí, el mismo protagonista. La primera vez que entablaron conversación: cuando José Javier asesinó a su mujer disparándole 11 veces con su escopeta de caza. Dejó huérfanos a sus tres hijos. Desde entonces tiene prohibido acercarse a ellos.

Fue entonces cuando el turno de oficio comenzó a girar y le tocó a ella, a Rebeca, defender a un hombre que había cometido un crimen execrable. A Juan José le cayeron 18 años. Todavía los estaba cumpliendo.

Aventura oculta pero conocida

José Javier Salvador Calvo, el asesino de su abogada, Rebeca Santamalia.

Tres lustros después ya había abandonado su celda. Le habían concedido el tercer grado, la condicional y se había puesto de nuevo a trabajar. En otros tiempos, Javier José había sido constructor, un negocio ciertamente boyante en aquel entonces. Ahora, fuera de la cárcel, había iniciado el proyecto de una empresa propia de albañilería, cercana a su nuevo domicilio. Fuentes penitenciarias que han contactado recientemente con él aseguran a EL ESPAÑOL que había logrado  contratar algunos empleados. 

En algún momento indeterminado de los últimos años, no está claro si antes o después de que su cliente abandonase la prisión de Teruel, donde cumplía condena, Rebeca Santamalia, casada, madre de un hijo de 14 años, inició con él una relación amorosa. 

El marido de Rebeca no lo sabía, pero la situación no era desconocida para algunos miembros de la familia de la mujer. Este extremo ha sido confirmado por fuentes de Delegación del Gobierno. Fue precisamente un miembro de su familia, ante la alerta del marido de que no sabía nada de ella y que no había vuelto a casa, quienes revelaron que la mujer había tenido una aventura con aquel hombre y que quizás se pudiera encontrar en su casa.

Los agentes de la Policía Nacional pronto localizaron a personas cercanas a Juan José, el asesino. Al abrir la puerta de aquella vivienda, un piso situado en un humilde barrio zaragozano, los agentes y el marido descubrieron la tragedia. 

Una ciudad de 7.000 abogados

Zaragoza es una ciudad, entre otras cosas, en la que trabajan unos 7.000 abogados. Este viernes, los chats, los teléfonos y las conversaciones de muchos de ellos eran un auténtico hervidero. Todos hablaban de lo mismo. A todos les había llegado el mismo mensaje desde la dirección del colegio de abogados de la ciudad. A las doce, concentración en la puerta en repulsa del asesinato de su compañera, una mujer trabajadora y querida por todos. 

Raquel era abogada por vocación. Javier Campoy, presidente del PP de Zaragoza, compartió carrera de derecho con ella en la universidad de la ciudad. Hace dos meses la vio por última vez. “Teníamos muy buena relación. Era encantadora, muy trabajadora y muy aplicada. Lo suyo era una cosa vocacional por el derecho, y en concreto por el derecho penal”, dice a EL ESPAÑOL. 

Había comenzado su carrera en el bufete del reputado José Antonio Ruiz Galve, uno de los letrados más ilustres de la ciudad. Años después, tras estar centrada en el derecho penal y también en el de familia desde el despacho que compartía con su hermana, que ejercía de administradora de fincas, le tocó la misión de coordinar el Servicio de Orientación Penitenciaria entre los años 2010 y 2012. "Un servicio que no tiene ningún tipo de remuneración y en el que compañeros prestan asesoramiento a los presos, personas que aunque estén en la cárcel siguen manteniendo vivos el resto de sus derechos, esto da una muestra de su calidad profesional y humana”, remarca Antonio Morán, decano del colegio de Abogados de Zaragoza. 

Cuando le tocó en suerte la defensa de José Javier, Rebeca tenía poco más de 31 años. Su carrera no dejó de crecer desde aquel entonces a nivel local. Mientras, el hombre al que ella había prestado sus servicios jurídicos cumplía condena. 

Dicen desde dentro de la prisión de Teruel que el asesino se comportaba allí como un tipo extremadamente educado y correcto, que jamás dio un problema dentro del centro penitenciario. En los huecos que los internos tienen para desarrollar distintas tareas en la cárcel, él se prodigaba en distintos trabajos, relacionados con su pasado de constructor. Le tenían por un manitas. 

En 2017, 14 años después del crimen, comenzó a disfrutar de la libertad condicional. Eso sí, sin volver al pueblo en el que asesinó a su mujer. Y con la prohibición de ir a ver a los tres hijos a los que había dejado huérfanos. Pese a la negativa de las autoridades de la prisión dada la gravedad del delito, el“buen comportamiento” del hombre en la cárcel jugó en su favor. Su condena expiraba en 2021 pero ya estaba haciendo vida normal, de calle. No bien había cumplido tres cuartas partes de la condena cuando volvió a cometer un crimen similar al de aquel entonces. 

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