sábado 19/9/20

Pepa, la jornalera acribillada por su marido y las otras tres víctimas machistas en una semana

En los últimos días, en España han sido asesinadas hasta cuatro mujeres a manos de hombres por violencia de género

Pepa, la jornalera acribillada por su marido y las otras tres víctimas machistas en una semana - EL ESPAÑOL
Pepa, la jornalera acribillada por su marido y las otras tres víctimas machistas en una semana - EL ESPAÑOL

Según informan Marta Espartero y Brais Cedeira en EL ESPAÑOL, Josefa Martínez Utrilla, Pepa, salía de su casa en el granadino municipio de Guadahortuna. Las agujas del reloj no habían alcanzado aún las dos de la tarde. Tic, tac. Era sábado y lucía el sol. Ella, 43 años, mujer grande, ojos oscuros, pelo largo y azabache, cruzó el umbral hacia la calle. No imaginaba que sería la última vez. Que su marido, padre de sus tres hijos, con el que había vivido tantos años, la asesinaría. Pepa era una de las víctimas de la semanas más negra para la violencia de género en España.

Dos tiros. Estómago y cabeza. Ahí estaba él. Pistola en mano, sin licencia de armas.Dos tiros. Estómago y cabeza. Ahí estaba él. Pistola en mano, sin licencia de armas.

Pepa ya no compartía vivienda con su asesino. Madre de tres hijos, siempre había luchado por salir adelante, daba igual la adversidad a la que se enfrentase. Los que la conocían en este pueblo de algo menos de dos mil habitantes al norte de la provincia de Granada, que se asoma ya a la frontera con Jaén, la definen a EL ESPAÑOL  como una mujer “fuerte”, con “mucho temperamento”.

Había pasado unas épocas difíciles. Vivía de lo que ganaba con la campaña de la aceituna, como tantas mujeres del interior andaluz. El resto del tiempo lo empleaba como ama de casa. También, con los suyos. Con sus hermanos. Con sus hijos Fernando, Titi y Patricia. Su familia era amplia y conocida. “Estaban muy unidos todos, son una piña muy piña”, comenta otro vecino de Guadahortuna.

Su vida en este municipio granadino fue como “la de cualquier otra muchacha” del pueblo, desliza una señora, ya avejentada, a preguntas de este periódico. “Era una mujer normal, corriente, sin nada reseñable”, apunta. “Era sencilla, una mujer de familia”. Otro vecino, más amigo del matrimonio, relata que tanto Pepa como su asesino habían tenido problemas con distintas sustancias en su juventud. Siempre vivieron en Guadahortuna, con la excepción de un periodo que estuvieron ingresados en un centro de desintoxicación, según este testimonio. Desde que tuvieron a sus hijos, “nunca más recayeron”. El único vicio que Pepa conservaba era el deseguir acercándose con asiduidad un cigarrillo a la boca.

No era raro que Pepa y su marido no estuvieran viviendo en la misma vivienda. Solían alejarse el uno del otro, por temporadas, cuando discutían y tenían problemas. Pero, este sábado pasado, algo cambió. Su asesino se acercó a ella poco antes de la hora de comer. Le descerrajó dos tiros. No constaban denuncias previas por violencia de género. Tampoco antecedentes por agresiones, aunque sí un requerimiento hace años, un episodio de disputas que provocó una llamada de unos vecinos, pero tras el que no se formalizó una denuncia.

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