miércoles 15.07.2020

El negocio millonario de la reproducción asistida en España: 400 clínicas y poco control

La fertilidad es un mercado jugoso que requiere poca inversión inicial en nuestro país y promete unos beneficios exponenciales. Sólo Estados Unidos supera el número de clínicas. Madrid cuenta con 48; Oslo (Noruega), 2. Miles de parejas recurren cada año a la reproducción asistida por el anhelo de ser padres. Muchas veces, a cualquier precio

El negocio millonario de la reproducción asistida en España: 400 clínicas y poco control
El negocio millonario de la reproducción asistida en España: 400 clínicas y poco control

Según informa Marta Espartero en EL ESPAÑOL, Julieta -nombre ficticio- apenas pasaba de los 35 años cuando se vio sumida en una tesitura que jamás imaginó. Ella, profesional sanitaria, siempre creyó que no tendría grandes dificultades para ser mamá. Lo había pospuesto hasta encontrar el tiempo propicio. Tenía todo a su favor: era joven, presumiblemente fértil, sana. Su pareja y ella sentían que era el momento. “Pero, después de un año intentándolo sin resultados, no sabíamos qué hacer. Así que decidimos acudir a la reproducción asistida”.

Ella es una mujer alegre, segura. Ahora cuenta su historia entre risas, pero no hace ni un lustro todo era un sentimiento de culpa, de remordimientos, de machaque emocional. El viaje psicológico que se esconde tras los tratamientos de fertilidad es sólo uno de los claroscuros que siluetean la reproducción asistida. Un negocio boyante que crece de manera exponencial y que muchas veces encuentra su origen en la desesperación y la amargura. ¿Por qué yo? ¿Por qué nosotros?

España, líder en reproducción asistida

España, además de encontrarse a la cabeza en cuanto a desarrollo e implantación de las técnicas en esta especialidad ginecológica, es también el país europeo con mayor número de clínicas. Según los últimos datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), de diciembre de 2016, a lo largo de la geografía española había 383 establecimientos -públicos y privados-. Sólo Estados Unidos supera a España en el número de centros dedicados a ello. A estimular hormonalmente a hombres y mujeres y producir bebés. Con el coste que implica, que puede ser de casi 10.000 euros por intento.

Es un mercado suculento. En Oslo, capital de Noruega, hace un par de años únicamente había dos clínicas de reproducción asistida. Al otro lado del ring, Madrid, con 48. Los empresarios españoles se han lanzado al mundo de la fertilidad atraídos por la posibilidad de hacer mucho dinero: existen infinidad de métodos que pueden sumar decenas de miles de euros a la factura de parejas desesperadas por tener hijos.

Una mujer se somete a una ecografía.

Julieta y su marido, como otros tantos, abandonaron la idea de ser padres tras varios intentos con distintas técnicas. En su caso, habían pasado por dos abortos espontáneos y por varios tentativas fallidas. “Decidimos parar. No podíamos más. Porque te sientes como una mierda. No puedes parar de pensar en cualquier cosa. Que si es tu culpa, que si deberías haber empezado antes, que seguro que no le pasa a nadie más”, se sincera la joven sanitaria. Lo peor, la poca información. “No te dicen nada, sólo que no funcionaba. Así que, por salud mental, lo dejamos aparcado. No sabíamos si volveríamos o no, pero no podía seguir así”.

No volvieron. Pero tampoco les hizo falta: a los tres meses, Julieta se quedó embarazada de manera natural. Y, a los siete meses de dar a luz a ese bebé, volvió a gestar. Sin laboratorios ni muestras de por medio. Ahora es madre de dos niñas.

Un gran desembolso económico

Algo similar le sucedió a Paula -nombre ficticio-. En su caso, con un enorme desembolso económico detrás. Ella y su pareja recurrieron a una clínica privada, una de las pioneras en nuestro país y probablemente la más prestigiosa: el IVI, el Instituto Valenciano de Infertilidad. Les guiaron sus ansias de ser papás y la necesidad de enfrentarse a esta problemática de la manera más eficaz posible. No alargar una desazón y agonía que pesaban como una losa sobre sus espaldas.

“Teníamos recomendaciones de la sede del IVI en Aravaca (Madrid), así que nos decantamos por ese centro. Me hice dos tratamientos y me sacaron óvulos. La primera vez no funcionó. La segunda, tampoco. Me decían que no eran de muy buena calidad, que no eran bonitos”.

La mujer utiliza esos términos a propósito. Habla de óvulos bonitos y feos porque así se lo transmitían a ella. Como si de una cuestión de belleza se tratara. La infantilización de la reproducción. Lo que realmente iba a ser feo sería el montante de dinero que su pareja y ella se gastarían en unos intentos inútiles, casi sin darse cuenta y alentados por el deseo de la paternidad.

Tanto ella como su marido estaban emocionalmente exhaustos después de múltiples pruebas y exámenes. De intentos en vano. “Una amiga conocía al director del IVI en Valencia [clínica matriz del grupo IVI y la primera en convertirse en referente] y nos preguntó si queríamos intentarlo una vez más. Cómo íbamos a decir que no”. Paula hace una pausa en su historia. Se emociona al recordar. Es un proceso difícil de olvidar.

“Nos plantamos en Valencia y, allí, me plantearon la posibilidad de usar óvulos de una donante. Me preguntaban que por qué me quería sacar los óvulos si había donaciones, que las mujeres de hoy en día no se sacaban los óvulos y no se sometían al proceso de ovulación, en el que te hormonas un montón. Que por qué quería hacer eso. Pero yo quería hacerlo con mis óvulos”.

Paula se volvió a tratar, a hormonarse para estimular la producción de sus gametos -células reproductivas-. Y volvió a ser un intento estéril. Ahí, desesperada, aceptó lo que venía rechazando: utilizar óvulos de donante -lo que implicaba una carga genética para su bebé distinta a la suya-. Cada paciente que se decante por esa opción “tiene que pagar el tratamiento de extracción de óvulos de la donante más la farmacia que necesite. Nosotros nos llegamos a gastar 3.000 euros en medicinas para la donante”. La cuenta ya rondaba los 20.000 euros para esta pareja: tratamientos de estimulación hormonal tanto para ella como para él, exámenes previos de sus gametos y una fecundación in vitro en Madrid. En Valencia, se doblaron y se añadieron los gastos de la donación. El transporte y el alojamiento en el Levante iban aparte.

Tratamientos de cuatro cifras

El precio de los distintos tratamientos de fertilidad en España varía según la clínica a la que se acuda. Mujeres menores de 40 años pueden acudir a la sanidad pública, que corre con todos los gastos. El mayor inconveniente es que “es un sistema lento. Pueden tardar varios meses en darte cita y en reproducción asistida cada mes cuenta”, indican fuentes especializadas del sector a EL ESPAÑOL. Por lo público, además, sólo se permiten tres intentos.

En el caso de acudir a un centro privado, ya sea por agilizar los trámites o por superar la barrera de edad que implanta la Seguridad Social, la factura rondará, según datos facilitados por la SEF a este periódico, los 600 euros si se recurre a una inseminación artificial. Es el tratamiento más barato: consiste en colocar una muestra de semen en el interior del útero de la mujer para incrementar el potencial de los espermatozoides y las posibilidades de fecundación del óvulo. De aquí, el coste va para arriba.

Una fecundación in vitro, por ejemplo, no baja de los 5.000 euros. Es más complejo que el procedimiento anterior. Se trata de unir el óvulo con el espermatozoide en el laboratorio -in vitro-, con el fin de obtener embriones ya fecundados para transferir al útero materno y que evolucionen hasta conseguir un embarazo. Y la técnica más novedosa, la ICSI (Inyección Intracitoplasmática de semen), tiene un precio incluso superior. Pero desde la SEF no pueden dar una estimación del coste real de este método. Fuentes del sector apuntan a que, realmente, es imposible que baje de los 6.000 euros. “La cifra depende de la dificultad de la técnica. Y la ICSI es la más complicada”, explican.

La ICSI es el tratamiento que facilita al máximo la fecundación del óvulo. Consiste en inyectar con una pipeta un único espermatozoide, previamente seleccionado, directamente en el centro de cada óvulo. Se deja durante 3-5 días en el laboratorio para que se desarrollen los correspondientes embriones y, de ahí, se elige el número de embriones que los pacientes deseen -la legislación prohíbe más de tres- y se transfieren al útero. Realmente, es un método complementario a la fecundación in vitro y también requiere tratamientos de estimulación de gametos femeninos y masculinos para poder preseleccionar a los más aptos, los que tengan mayor calidad. Así se busca multiplicar al máximo las posibilidades de éxito.

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