martes 24/5/22

¿Es tan maravilloso el Satisfyer como cuentan? Aquí la experiencia de una usuaria

"Estaba muy contenta por haber llegado al clímax..."
Una detenida por el robo de más de 40 vibradores femeninos Satisfyer en una empresa
¿Es tan maravilloso el Satisfyer como cuentan? Aquí la opinión real de una usuaria

Un artículo de Yolanda Dominguez publicado en el HuffPost

Tenía que hacerlo: probarlo y escribir sobre ello. ¡Y qué mejor fecha que San Valentín para hacerlo! En plena era del “self love”, el “quiérete a ti misma” y los miles de millones de terapias para el autoconocimiento, una no puede estar al día sin haber probado este aparatito milagroso que roban hasta de las tiendas para regalar a vecindarios enteros.  Confieso que me lo compré en cuanto me llegaron los primeros rumores sobre sus maravillosos efectos. Lo encargué online y a los pocos días me llegó al domicilio envuelto en una fría caja de cartón marrón. Tampoco es que esperara una nota de amor de acompañamiento, pero me pareció estar desembalando un cepillo de dientes eléctrico o un limpiador de poros negros. Estaba tan impaciente por ese primer encuentro que lo abrí temblando de emoción. Allí estaba él, perfectamente encajado en el molde del paquete con su hoja de instrucciones y un cablecitoenrollado al lado. Parecido a cuando le ponen el precinto de “desinfectado” a los sanitarios.

He de confesar que nuestra primera cita no fue la mejor. En realidad, éramos dos extraños que iban a intimar sin darnos apenas conversación. Yo intenté presentarme, hablarle de mis gustos sexuales, pero no parecía importarle. Me lo puse entre las piernas así, de sopetón. Parecía una manivela de esas con las que se suben las persianas, pero ni siquiera tenía que hacer el esfuerzo de girar, tan sólo darle al on. Todo era muy raro, pero intenté relajarme y apreté el botón. Lo siguiente que sentí fue… un orgasmo. Así, sin rodeos, ni preliminares, ni nada. “Aquí tiene su orgasmo, gracias”. Me quedé tan sorprendida como estupefacta. No sabía que decir, ni tampoco qué sentir. Estaba muy contenta por haber llegado al clímax, pero también descolocada. ¿Aquello había sido bueno, malo, regular? Miré fijamente a la boquilla del cacharrito a ver si identificaba algún gesto que me diera alguna pista. ¿Cómo he estado cariño? Pero aquello ni se inmutaba, estaba más muerto que vivo.

Probé muchas más veces, en diferentes horas del día y siempre sucedía lo mismo: al minuto tenía el orgasmo servido. Al principio te da el subidón, sientes una especie de euforia, te engancha. De repente tienes a golpe de interruptor lo que siempre has querido, sin esfuerzo y sin límite de tiempo. “Esto es jauja” piensas y se convierte de la noche a la mañana en tu mejor amigo. Lo haces en la ducha, cuando vas a dormir, antes de salir de fiesta. Nivel 3. Nivel 7. Nivel Dios. Pero ese estado es tan efímero como el que tardas en correrte con el succionador. A los pocos meses se convierte en algo rutinario y aburrido. En una experiencia exprés, como las de los parques de atracciones, que en cuanto te bajas te dejan como un vacío.

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