martes 7/12/21

La mítica 'El Gallo' está en venta: la fascinante familia no quiere que se le pase la pasta

La empresa está a la venta desde esta semana. Los cinco hermanos propietarios quieren disfrutar ya de los beneficios de la firma fundada en 1947

La mítica 'El Gallo' está en venta: la fascinante familia no quiere que se le pase la pasta - EL ESPAÑOL
La mítica 'El Gallo' está en venta: la fascinante familia no quiere que se le pase la pasta - EL ESPAÑOL

Un reportaje de Brais Cedeira publicado en EL ESPAÑOL

"La buena pasta nunca cansa". Año 1988. Una diva italiana camina hacia el interior de un elegante salón en el centro del cual la mesa está ya dispuesta para el banquete. Luce con la sofisticación de siempre, con la elegancia legendaria: carmín en la larga falda, negro en la parte superior. Sophia Loren, ganadora de dos premios Óscarun mito vivo del cine, protagoniza uno de los anuncios más célebres de la televisión en España. El spot con el que Pastas Gallo pretendió colocarse a sí misma a la altura del mismo Hollywood. Todo gracias a una publicidad que ligaba su nombre al glamour. 

Treinta años han pasado de ese anuncio, y aún más desde el nacimiento de la firma. De comenzar en un pequeño molino de Rubí a que las estrellas de cine promocionasen sus sabrosos ravioli. La suya es la historia de una de las extirpes más conocidas dentro del mundo empresarial en nuestro país. Su familia lleva dos generaciones manejando el barco de Pastas Gallo, la firma que su padre inauguró hace más de 70 años en un pequeño municipio a las afueras de Barcelona. Esa historia está a punto de terminar. 

La empresa lleva a la venta desde hace una semana. Fue entonces cuando Fernando, José María, Pedro Antonio y Pilar decidieron poner a la venta la firma, en medio de buenos números, de ‘caviar’ y de bonanza. Echarse a descansar al llegar a la cima. 

Fue en 1948 cuando echó a andar un negocio que factura hoy 200 millones de euros y que cuenta con 350 trabajadores. La descendencia del abuelo recogió los frutos. Ahora han sido ellos quienes la han gestionado a su muerte, y ya toca descansar. Una firma empresarial de familia como muchas otras grandes firmas españolas nacidas el siglo pasado que ha pasado de la sencillez de nacer en una pequeña ciudad dormitorio de clase obrera a los barrios altos de Barcelona y poblaciones de alto standing a las afueras de la ciudad. Todo eso en apenas 50 años.

El arco familiar que dominaba hasta ahora la empresa lo forman Pedro Antonio Espona, quien ostenta el cargo de consejero delegado. Su hermana Pilar, la directora de compras. El siguiente, Ferrán, el director industrial. Silvia gestionaba el área de marketing. Y Carlos, por último, se quedó con el área financiera. Cada uno de ellos ostentaba el 20 por ciento de participación en la firma.

Crónica de una venta anunciada

Los rumores sobre que los hermanos querían deshacerse de las acciones de la firma han estado sobre la mesa desde la muerte de la matriarca del clan. En 2011, la familia sufría el duro golpe del fallecimiento de Pilar Massana, la viuda del fundador de la firma, quien perdió la vida en el año 1997, cincuenta años después de que la compañía iniciase su andadura. 

Al año siguiente de la muerte de la madre, José María Espona, el alma máter de la firma, vendió su paquete de acciones a sus otros cuatro hermanos. En 2016, cuatro años después, continuaba estando sobre la mesa el run-run  de que finalmente los Espona se desharían de la empresa de forma definitiva. Que es lo que parece ahora que está a punto de suceder: una de las familias más poderosas e influyentes del empresariado catalán retirándose a descansar tras 70 años de éxitos.  

Reunión de los representantes de la firma Pastas Gallo.

Hace dos años que el agua comenzaba ya a hervir. Eran las dos hermanas la que querían vender sus participaciones en la empresa familiar aprovechando el tirón de la cacareada recuperación económica. Ahora, la situación es diferente. Todos los hermanos están dispuestos a cobrar la ración de pasta que les corresponde. Todos parecen dispuestos a vender su porción de la compañía en un momento álgido de la firma. 

Así quedó repartido un negocio que, de nacer en un sencillo molino ha pasado a estar rodeado (en parte) del glamour, del famoseo, de todo lo que supone ser la marca de pasta más consumida y más conocida del país. De los anuncios de Susana Griso, el chef Pepe Rey, la actriz Ana Duato a los vestidos de Lola Casademunt, mujer de uno de los hermanos.

El gran Gatsby español de la pasta

José Espona fue algo así como el Jay Gatsby de la pasta española. Un emprendedor, como el personaje de Scott Fitzgerald, salido de la nada y que con el paso de las décadas vio crecer a sus pies un imperio formado de hélices, de espaguetis, de fideos, de plumas, de ravioli, de pasta para lasagna. Nació como nacen muchos negocios exitosos: importando una idea venida de fuera. Lo supo en uno de sus viajes a Italia, cuna inequívoca de la pasta. Allí, el fundador de Pastas Gallo advirtió que la pasta de trigo de calidad se fabricaba con trigo duro, y no con blando, que era la costumbre que ya se había desarrollado ampliamente en España. 

Tomó todas aquellas enseñanzas y se las trajo de vuelta para ponerse a elaborar la mejor pasta que la posguerra y los años de la dictadura hubieran conocido. Empezó comprándose una pequeña fábrica de harinas en Rubí. 

Pronto don José convenció a los agricultores de que comenzasen a plantar el trigo que él les estaba sugiriendo, el mismo que se había encontrado en la vecina Italia, el que ellos empleaban de modo tan óptimo para preparar luego los mejores platos.

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