sábado 11.07.2020

Leiva: “Me aterra que Vox, que no condena el franquismo, dé un patadón a todo lo conseguido”

“Ser hipocondríaco me ha salvado de las drogas” / “Hay que eliminar absolutamente lo de decir “maricón”” / “Que Fito se haga una foto con Albert Rivera no quiere decir que comulgue con sus ideas”

Leiva: “Me aterra que Vox, que no condena el franquismo, dé un patadón a todo lo conseguido” - CARMEN SUÁREZ / EL ESPAÑOL
Leiva: “Me aterra que Vox, que no condena el franquismo, dé un patadón a todo lo conseguido” - CARMEN SUÁREZ / EL ESPAÑOL

Una entrevista de Lorena G. Maldonado publicada en EL ESPAÑOL

Este es un disco para los que aún escuchan discos cuando los demás duermen. Es un disco para los enfermos de ego que piensan recurrentemente en la muerte -porque aman ansiosamente la vida-. Es un disco para los niños dolientes que se aferran a lo poco de bueno que queda aquí cerca: el amor y el vino, como ya dijo un poema. Es un disco para los inadaptados que se mueren de vergüenza, que se cambian por cualquiera,"como el gigante de Bigh Fish", canta Leiva en una de sus nuevas letras. Es un disco pero podría ser una advertencia: "Quiero que sepas algo, nadie me puede hacer más daño que yo". 

Nuclear, en su versión física, tiene forma de corazón: pero no del que dibujan los críos con témperas granate, sino del órgano con aspecto de puño, ya saben, el que bombea con consecuencias. Nuclear es, sobre todo, un diario de doce canciones para esos seres díscolos que miran más allá y oyen a menudo eso de "A ti te ocurre algo". Tal vez tenga razón Leiva: "Son demasiadas veces resucitando".

Hay hastío vital aquí, hay amigos que se quedaron por el camino, hay clavos ardiendo y anatomía de los propios vértigos. El rey del rock patrio viene atándose con letras los nudos de la garganta y los cables cerebrales -que a todos nos andan bien sueltos-. Sigue aquí, sobreviviendo con notas escuetas -y suficientes- y guitarras fraternas al temporal que nunca acaba, pero sueña con tumbarse sobre la maleza a mirar cómo las horas pasan. "Si algún día me pierdo, búsquenme en Mazunte, costa de Oaxaca". 

¿Cómo has dormido esta noche? ¿Te acuerdas de lo que has soñado?

Pues, para serte sincero, anoche me emborraché como un piojo en una cena benéfica de un amigo mío y he dormido dos horas. Me desmayé en la cama, no recuerdo absolutamente nada de lo que he soñado y estoy como una manzana.

¿Qué hace José Miguel Conejo Torres cuando se levanta por las mañanas en los días normales?

Sacar al perro en ayunas. Dar un paseo con mi perro en ayunas y luego sentarme a desayunar y a leer la prensa. 

¿Cuál es la palabra que más usas?

La palabra que más uso probablemente sea “hermano”. 

¿Qué es lo que mejor sabes hacer y qué es lo que peor?

Se me da muy bien la tortilla de patata, por ejemplo, estoy especialmente orgulloso de ella, la he perfeccionado durante muchos años. Y lo peor que puedo hacer es ser paciente, esperar. No, no. No puedo ver una serie de 13 temporadas, necesito las cosas ya. 

Me dijo Iván Ferreiro que no conocía a nadie tan prolífico y brillante haciendo canciones como tú. ¿De dónde las sacas; las tienes dentro; cuántas caben?

Bueno, Iván me quiere mucho. Ahí hay un poco de amor de amigo. Escribo mucho. Escribo un poco compulsivamente, todos los días, compongo desde hace muchos años. No tengo disciplina de sentarme a componer pero sí tengo una guitarra en cada lugar en el que me siento en mi casa. Siempre estoy escribiendo y componiendo, en parte para entenderme a mí mismo, sin pensar en discos. Estoy escribiendo como el que tiene un diario.

¿Cómo haces finalmente la selección? Será como descartar a algunos hijos. 

Algunos no, muchos. La selección es muy sanguinaria porque dejas cosas fuera que tienen mucho que ver contigo. En este caso he aprendido, con los años, que te tiene que ayudar alguien externo. Tú tienes siempre implicación emocional con las canciones y no siempre eliges las mejores. Ahí hay una persona que se llama Carlos Raya que me ayuda mucho en esto. 

¿Siempre escribes sobre ti, sobre tu biografía? Recuerdo que Sabina decía que uno aprende a mentir por el bien de las canciones. 

Sí. Bueno, no estoy de acuerdo en este sentido con Joaquín. Creo que él tiene tanto talento que es capaz de escribir canciones que no tienen que ver con él, de inventarse historias y que parezcan suyas. Yo no tengo ese talento, no tengo la capacidad de inventarme una historia flipante y que parezca mía.

¿Te fuerzas a vivir cosas sólo para poder contarlas? En algún momento uno se agobia con su propia vida: ninguna es inagotable poéticamente. 

Igual en unos años de mi vida anteriores me adelantaba a la experiencia para tener una canción. Estaba en busca de las canciones. Decía: esto hay que vivirlo porque aquí hay una canción. Pero llega un punto en el que no tengo tantas expectativas. Tampoco siento que mis canciones tengan que contar nada muy interesante. Creo que las grandes canciones están en las cosas cotidianas que aparentemente no tienen importancia. 

¿Se puede escribir sin fumar?

Yo lo hago. He fumado porros en mi carrera y tabaco de vez en cuando, por la noche, pero no, no. No fumo y escribo.

Eres hipocondríaco. 

Sí, mucho. Estoy mejor pero sí, soy súper hipocondríaco. He tenido momentos en los que mi vida se ha visto muy condicionada por eso. Realmente piensas que te están ocurriendo cosas muy graves durante muchos días: si te pusieran en un calendario y te dijeran con una x “mira, todos estos días del año has sentido que te pasaba algo muy grave”, te asustarías. 

A veces es miedo a la enfermedad y otras veces, miedo a la muerte. A veces al dolor prolongado y otras veces al pinchazo definitivo. 

Total. Dicen que la muerte tiene mucho que ver con el ego. La gente que tenemos más miedo a la muerte somos gente que tenemos más presente el ego. Hay que desprenderse un poco del ego. Me lo dijo Santi Alcanda, un periodista brutal. Tiene toda la razón.

Te pregunté por las mañanas, pero, ¿qué haces por las noches? Y sobre todo, ¿cuánto hay de verdad en la leyenda del rockero maldito?

Bueno, son etapas de la vida. Yo no soy nada killer. Todas las noches me siento a cocinar, que me gusta mucho cocinar, y me bebo una botella de vino, o media, cada noche. Es mi momento favorito del día. Me encanta el vino y mi actividad mental es tan rápida que necesito bajar a tierra. Me va muy bien tomarme mi vino por la noche, es un momento que me conecta.

Decía Zahara que cocinar es cuidar: es hacer algo que por fin no es utilitarista, es entregar a los demás algo bueno de ti. 

Sí. Para mí el cocinar es algo fundamental en las relaciones humanas, porque lo he visto en mi casa. De hecho, la cocina de mi casa… hice una obra para que estuviera incorporada al salón y mientras cocinas puedes hablar con la gente. Para mí es muy importante sentarte alrededor de alguien cocinando. 

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