Miércoles 20.06.2018

El infierno de Judit: la hija ejemplar de Ana Julia se plantea huir de Burgos

La chica, que estudia de día y trabaja de noche, es querida por todo su barrio. Las calles de Gamonal, al oeste de la ciudad castellanoleonesa, la han visto crecer. Ahora se han volcado en su defensa ante el odio que recibe por parte de gente con ansias de venganza. “Judit es una víctima más de su madre”

El infierno de Judit: la hija ejemplar de Ana Julia se plantea huir de Burgos
El infierno de Judit: la hija ejemplar de Ana Julia se plantea huir de Burgos

Según informa Marta Espartero en EL ESPAÑOL, era un fin de semana normal. En el que descansar, salir, pasarlo bien. Sobre todo, desconectar de la rutina. Es lo que trataba de hacer Judit. Ella, una muchacha sonriente, joven. Ella, hija ejemplar, amiga cariñosa. Ella, estudiante de día, trabajadora por las noches.

Era un fin de semana normal, hasta que Judit se convirtió en la diana del odio más primitivo que anhela venganza. Una víctima más del terremoto provocado por su propia madre: Ana Julia, la asesina confesa del niño Gabriel. Incluso puede que la lleve a mudarse lejos de su Burgos natal.

En su barrio, el célebre Gamonal de la ciudad castellanoleonesa, todos conocen a madre e hija. Aunque por motivos bien distintos. “Judit es una víctima más de su madre. Por favor, déjalo claro, ella es buenísima, es encantadora”. Un vecino asalta a la reportera cuando recorre las calles de esta zona de la capital burgalesa en busca de un café vespertino. “Eres periodista, ¿no? Utilízalo para defenderla, para que se sepa la verdad. Por favor, ella no se merece nada de lo que está sufriendo”.

Gamonal, protector

Rápidamente, y al entrar a un bar -“Restaurante El Puente”, un par de metros más allá del portal en el que reside la chica- para continuar la conversación, más residentes en Gamonal se unen a la charla. “Qué lástima, pobre, con lo buena que es”, dice uno. “Si es un encanto, siempre que me ve por la calle se para y me da un beso”, cuenta otra señora, ya avejentada y con la cara descompuesta por lo sórdido del crimen y lo incomprensible de la situación. Las lágrimas, de rabia, se alternan en los rostros de unos y otros. Por el pobre Gabriel Cruz, pero también por su Judit.

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