miércoles 26/1/22

Ilan, prostituta por caridad: ayudaba a los hombres a hacer terapia en la cama

Una alemana dejó la carrera de Filosofía para convertirse, dice, en “terapeuta corporal” en un burdel. Allí, donde llegó a ser violada por un cliente, se ocupó “más de la psique que del pene”

Ilan, prostituta por caridad: ayudaba a los hombres a hacer terapia en la cama - EL ESPAÑOL
Ilan, prostituta por caridad: ayudaba a los hombres a hacer terapia en la cama - EL ESPAÑOL

Según informa Salvador Martínez en EL ESPAÑOL, Ilan Stephani recibe a EL ESPAÑOL en su consultorio. Esta joven nacida hace 31 años en Berlín ayuda en una espaciosa sala diáfana a mujeres que, en grupo o de manera individual, desean liberarse de sus traumas. Lo hace a través de lo que se conoce como “terapia corporal”. No es una práctica médica reconocida oficialmente. Van sin receta quienes visitan a Stephani. Ella dice ofrecerles ayuda frente a los males del alma a través de una serie de ejercicios físicos. Sus tratamientos, etiquetados generalmente de “pseudo-medicina”, están arraigados en la experiencia que tuvo hace unos años como prostituta.

Entre los 19 y los 21 años, Stephani trabajó como autónoma en un burdel. Por su habitación pasaron muchos hombres, desde jóvenes con la mayoría de edad recién cumplida hasta ancianos de 80 años. Su experiencia con ellos le ha permitido en buena medida hacer carrera en esto de la “terapia corporal” o cómo sanar a través del movimiento y del ejercicio del cuerpo. “La terapias convencionales tratan a la gente a través de la palabra, pero yo soy de los que piensa que eso no es suficiente. Para acabar con males como el miedo, también ayuda el moverse, activar los músculos y sacar esa energía negativa que es el miedo”, dice Stephani a este periódico.

Aunque sin saberlo, según cuenta esta mujer de tez pálida y pelo rubio, los clientes que ella tenía en el burdel acudían a una forma “terapia”. “Muchos de estos hombres, al menos entre los que yo conocí, se toman el contacto con las prostitutas como una suerte de terapia, una terapia que no es muy efectiva, pero así lo hacían”, afirma Stephani. “El hombre que recurre a la prostitución, lo hace porque en muchas ocasiones tiene ganas de sexo, pero en realidad tiene ganas de ser feliz, algo que se confunde con tener orgasmos”, abunda esta mujer, que se expresa de forma pausada y reflexiva.

Ilan Stephani.

Stephani no es una defensora acérrima de la prostitución, una actividad legalizada en Alemania hace ya tres lustros. Tiene una visión del tema más bien realista. “Yo pienso que la prostitución debe ser legal, siempre y cuando exista el fenómeno. La prostitución, si es legal, es mucho mejor, porque cuando hay prohibición se genera mucha tensión y eso lleva a situaciones muy negativas, como cuando hay violaciones”, estima.

Stephani sabe de lo que habla. A los seis meses de entrar en el burdel donde trabajó, fue víctima de una violación. De esto ella se dio cuenta cuando pensó mucho después en el comportamiento de aquel cliente. Ese hombre dejó de respetar los supuestos acuerdos prostituta-cliente que imperaban en su lugar de trabajo. Ella explica ese trauma apelando a su buena educación. “Yo aprendí muy pronto en mi vida a ser una buena chica, a ser agradable, sonreír, pero en aquella situación me hubiera sido más útil saber decir 'stop', oponerme y echar a correr”, sostiene Stephani.

Para ella, esa aciaga vivencia “no tiene nada que ver con la prostitución”, sino con su “buena educación”. “El cliente me dio el dinero y yo no dije que parase. Me quedé tumbada, paralizada”, ha contado Stephani en una de las muchas entrevistas que ha dado tras la reciente publicación de su libro Lieb und Teuer: Was ich in Puff über das Leben gelernt habe, algo así como “Bueno y valioso: lo que aprendí sobre la vida en el puticlub”. En él cuenta sus experiencias como prostituta.

Hija de una familia cristiana

Stephani es la mayor de las hijas de una “buena familia”, según sus términos. Sus padres, de tradición cristiana, trabajan en el campo de la salud. Su padre es médico y su madre ejerce como terapeuta en una especialidad reconocida por las autoridades sanitarias germanas. “Lo que hacemos mis padres y yo es parecido, estamos en contacto con los problemas de la gente. Aunque ellos están más reconocidos y establecidos”, apunta Stephani. “Mis padres son gente formada, yo estoy formada, mis hermanas también, en mi familia hay una tradición académica. En casa siempre se quiso que estudiáramos y tuviéramos buenos trabajos”, abunda Stephani.

Ella, sin embargo, al poco de empezar la carrera de filosofía en la Universidad Humboldt de Berlín, decidió hacerse prostituta. Terminaría dejando esos estudios. No se sentía viva en las aulas aunque le resultara “fascinante el pensamiento de Immanuel Kant”, según sus términos. “Para mí, ser feliz no es algo que se consiga a través del pensamiento y de lo intelectual, sino a través de lo físico. La prostitución fue una forma de estar en contacto con necesidades humanas, no intelectuales. Me fue bien”, resume.

A Stephani le había marcado siendo alumna en el instituto el día en que en clase hablaron de la célebre autora y figura del feminismo alemán Alice Schwarzer. “Me impactó la frase suya: 'la prostitución es violencia de los hombres contra las mujeres'”, recuerda Stephani. Schwarzer fue de las voces que se opusieron en su día a la legalización de la prostitución en Alemania, algo que hizo posible en 2002 el gobierno del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) y Los Verdes que liderara el canciller Gerhard Schröder. En el punto de mira de esta intelectual también están organizaciones como Hydra, una asociación que sirve de punto de encuentro y de asesoría para prostitutas.

Asesoría para prostitutas

Movida por la curiosidad, Stephani fue un día a uno de los encuentros de Hydra. Llegó la primera. Al ver cómo se llenaban la sala de reuniones, a Stephani se le cayeron muchos estereotipos sobre la prostitución. ...

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