lunes 25.05.2020

El fatal destino de dos hermanos adoptados por Raquel, la buena catequista española

Su madre adoptiva los conoció en un viaje con una ONG. Eyob mató a su hermana en Viena. Ella había ido desde España para sacarlo de las drogas

El fatal destino de dos hermanos adoptados por Raquel, la buena catequista española - EL ESPAÑOL
El fatal destino de dos hermanos adoptados por Raquel, la buena catequista española - EL ESPAÑOL

Un reportaje de Lucía Vinaixa publicado en EL ESPAÑOL

La última imagen que tuvo Eyerus antes de morir fue la de su hermano empuñando un cuchillo de 20 centímetros en la estación central de Viena. La joven de 25 años falleció cuando fue a rescatar a su hermano de las drogas el pasado martes. Este fratricidio ha pillado por sorpresa a todos los habitantes del pueblo navarro de Ayegui. Al día siguiente del suceso no había ni un alma por la localidad. El abuelo de Eyob siempre supo que el joven “tenía problemas”, pero su hija, Raquel Albero, jamás desistió. El octogenario, celebró la semana pasada junto a sus 18 nietos su 80 cumpleaños. El año que viene probablemente habrá dos invitados que faltarán a la cita. Eyob, en la cárcel, y su hermana Eyerus, de momento, a la espera de que su cuerpo sea trasladado a España.

“Demasiado buena”, “un trozo de pan”. Así definen muchos vecinos de Irache a la madre de los hermanos adoptados. Jamás un pueblo había estado tan de acuerdo en algo. Raquel siempre tuvo la necesidad de hacer el bien. Vivía en una casa unifamiliar en Irache, a las afueras de Ayegui, un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce. A pesar de tener tres hijos a su cargo- Anaís, Isabel y Santi- y una jornada laboral que tenía que cumplir todos los días, siempre sacaba un poco de tiempo para ayudar a los demás. Era catequista y colaboraba con una ONG madrileña con la que, de vez en cuando, viajaba hasta Etiopía a llevar a cabo algún proyecto.

Eyob junto a su madre adoptiva, Raquel Albero.

Hubo un año en el que unos ojos color café la enamoraron y decidió no volver sola a Navarra. Eyob solo tenía seis años cuando Raquel le adoptó. Al menos eso creía ella. Sus rasgos físicos y su madurez intelectual fueron quienes marcaron el año de nacimiento de su DNI español, pero nunca se supo a ciencia cierta la edad del pequeño. De la noche a la mañana, Eyob tuvo que cambiar el clima subtropical por ese frío tan característico del territorio navarro. Un chalet de dos plantas frente a la montaña Montejurra le daba la bienvenida a lo que muchos creían que iba a ser una mejor vida. En poco tiempo se convirtió en un alumno más del colegio El Puy en Estella.

Monaguillo

A Eyob le costó adaptarse a su nuevo día a día. Empezó a tener problemas en la escuela con sus compañeros. Pero Raquel confiaba en su hijo. Le llegó a convencer para que los domingos hiciese de monaguillo para echar una mano al cura del Monasterio de Irache. 

En uno de los últimos viajes de Raquel al país etíope, decidió adoptar a Eyerus, la hermana de sangre de Eyob, y traérsela a España cuando esta era una adolescente. Ella se adaptó mucho mejor que él. En poco tiempo ya tenía su cuadrilla y “no había año que se perdiese las fiestas de Estella”, relatan sus familiares a EL ESPAÑOL frente a uno de los bares donde el joven solía tomarse una cerveza con sus amigos.

“Un día probó una droga en forma líquida que le dejó tocado"

Las peleas en casa entre Eyob y su familia fueron a más.  A su abuela hay un hecho en la vida del joven que nunca olvidará. “Un día probó una droga en forma líquida que le dejó tocado”, cuenta. Compañeros de Eyob han confesado a este periódico que recuerdan algunos de los problemas que tuvo el joven en casa. “Fue condenado por violencia y robo y estuvo unos meses en un centro de menores”. Tuvo que pasar un tiempo en la Fundación Ilundaín Haritz Beri, que se encarga de formar a jóvenes con problemas que no hayan podido superar los objetivos en sus institutos. 

Su hermana de sangre no vivió mucho tiempo en España. Quería viajar y cuando tenía aproximadamente 20 años se mudó a Inglaterra donde comenzó a trabajar. Nunca perdió el contacto con su hermano. Mientras tanto Raquel seguía confiando en que Eyob se estaba volviendo a centrar. Empezó a asistir a cursos de cocina y pronto vio que no se le daba nada mal. Varios conocidos del joven coinciden en que de repente “era otro”. Dejó se ser violento de la noche a la mañana.

A los 18 años se fue a probar suerte en el norte de Europa. Pasó por Suiza, Alemania y Austria. Su dominio con este arte culinario dio le dio la posibilidad de recorrerse numerosos restaurantes de calidad. 

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