Los diabólicos policías gemelos españoles: robos de armas, drogas y un compañero asesinado

Dos agentes han sido detenidos en Ourense por haber urdido un plan con el que difamaron durante años a compañeros, atribuyéndoles tráfico de armas y drogas. También están siendo investigados por el homicidio de un compañero que supuestamente se había suicidado

Los diabólicos policías gemelos españoles: robos de armas, drogas y un compañero asesinado
photo_camera Los diabólicos policías gemelos españoles: robos de armas, drogas y un compañero asesinado

Según informa Brais Cedeira en EL ESPAÑOL, el 9 de abril de 2016, el agente de policía Celso Blanco aparece muerto de un tiro en la sien en su despacho de la quinta planta de la comisaría de As Lagoas, en la localidad gallega de Ourense. Cuando sus compañeros le encuentran sin vida, hallan también en la escena del crimen un arma corta. Se trata de una pistola, una nueve milímetros. Está convenientemente colocada en la mano izquierda del funcionario. Hay dos más en la garita, un revólver y otra pistola. Una de ellas la encuentran los agentes que acuden a socorrerle en uno de los cajones de su escritorio. La otra, colocada sobre la mesa.

El escenario de este nuevo crimen apuntaba a un suicidio que hizo respirar por momentos a sus compañeros y a la plana judicial ourensana. Con la muerte de Celso, los canales oficiales dieron por cerrado el caso del robo de las seis pistolas, un caso que traía de cabeza a la comisaría ourensana desde 2014. El hecho que lo inició todo fue la desaparición de las armas. El telón de fondo, el conchabeo de algunos agentes del grupo local de estupefacientes con clanes de narcos de la zona. 

El supuesto suicidio de Celso, un hombre intachable y alegre, según los suyos, parecía resolver el embrollo. El agente se atribuyó a si mismo la culpabilidad de los hechos. Para acentuar la apariencia de que aquello era lo que parecía, días antes de su muerte, Celso envió distintos correos electrónicos a sus compañeros en los que se autoinculpaba del caso que tanto había enrarecido el ambiente en la comisaría. Sonaba, en cierta forma, a una despedida anticipada. A uno de ellos ha tenido acceso este periódico: “Siento haber sacado las armas del búnker. Siento haber hecho daño a los compañeros”. Después, en teoría, se suicidó.

Tras el suceso, el Juzgado de Instrucción número 3 de Ourense asumió una investigación aparentemente resuelta con la confesión de Celso antes del suicidio. Pero la magistrada decidió ponerse a investigar las circunstancias de la muerte de aquel agente. Al poco de comenzar las pesquisas, llegó a su bandeja de correo electrónico un mensaje anónimo. Aquello le hizo poner el ojo avizor.

En la nota, una fuente secreta, probablemente alguien de dentro de la comisaría, revelaba que el agente Celso habría sido presionado por un superior para enviar esos mensajes de disculpa. No fue su mano la que apretó el gatillo de la pistola contra su cabeza en la tarde de aquella primavera de hace ya casi dos años. El suicidio era tan solo un señuelo.

Este fue el segundo acto de toda una novela negra a la gallega que comenzó en febrero de 2015 con el robo de las seis pistolas mencionadas al principio. El tercero ha tenido lugar al inicio de esta semana con la detención de, supuestamente, los verdaderos responsables de una trama conocida en la policía gallega con el nombre de la operación Zamburiña. Roi y Bernardo de Prado Lahoz. Son quienes sonríen en la fotografía superior, tomada en los hinchables de un fiesta local. Tienen 43 años. Son hermanos gemelos. Y son los responsables de que el caos reinase en la policía ourensana en los últimos años.

Llevaban, según ha podido saber EL ESPAÑOL, 20 en el cuerpo. “Entraron a la vez y fueron ascendiendo como policías hasta la categoría de inspectores”, cuentan sus compañeros a este periódico. Uno de ellos, hace un año, estuvo de baja psicológica y lo jubilaron por ello. El otro, hace seis o siete meses que era profesor en la Academia de Policía de Ávila como profesor de tiro.

Ahora, la juez les investiga por “los presuntos delitos de robo con fuerza, tenencia ilícita de armas, revelación de secretos, simulación de delito, acusación o denuncia falsa e injurias y calumnias”. También se les investiga por el homicidio de Celso Blanco. Pero vayamos al primer acto de la historia.

El robo de las seis pistolas

El relato de la farsa de los gemelos empieza en agosto de 2014. Ese verano, desaparecen del armero de la comisaría las pistolas de tres agentes jubilados. Alguien las ha extraído del búnker de As Lagoas. Nadie o casi nadie se entera. Días después, llega una nota anónima a la mesa del comisario jefe, Amable Valcárcel. En ella se detalla que en la comisaría estaban pasando cosas raras. Y se habla de la desaparición de las armas.

Los desconocidos autores de ese mensaje relataron, según cuentan agentes locales a EL ESPAÑOL, que entre los miembros de la comisaría hacía años que había echado raíces una trama corrupta de agentes que para pagar a sus confidentes en el mundo del narcotráfico les proporcionaban armas de la comisaría y también información de los movimientos de otros agentes.

El autor o autores del mensaje apuntaban a un agente en concreto de la comisaría, a quien el comisario, en aquel entonces, dio su total credibilidad. Ese agente tenía uno de los pocos juegos de llaves para abrir la puerta de la armería. Pero no era el único. Y los presuntos autores encubiertos de la trama lo sabían. Los gemelos estaban al tanto de todo. Para algo llevaban veinte años en aquella comisaría.

Pocos días después, desaparecieron otras tres armas. Eran tres pistolas reglamentarias. Casi al mismo tiempo, los mensajes anónimos empezaron a aparecer en distintos periódicos locales. “En ellos se denunciaba que en la comisaría de Ourense había una trama corrupta de policías que se dedicaba a traficar con droga con los traficantes de la zona”, explica un agente local. Ahora, a la luz de los hechos verdaderos, todo encaja. Los presuntos autores de los robos, los gemelos De Prado, querían de ese modo desviar la atención enfocándola en otros compañeros del cuerpo.

La telaraña urdida por los gemelos ya estaba servida. El complicado enredo policial fue el inicio de la operación Zamburiña, cuyo sumario ocupa ahora más de 4.000 folios reunidos en 12 tomos. En aquel entonces, los agentes de la comisaría dieron credibilidad a los mensajes anónimos de los gemelos. No sabían quién enviaba aquellos mensajes, pero era evidente que allí estaban pasando cosas raras. Así se pusieron a investigarlo.

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