Los curas ‘rojos’ que protegen a Willy Toledo: “Es un rebelde, como Jesucristo”

Los sacerdotes Javier Baeza y Benjamín Forcano creen que "nadie puede ser juzgado por sus ideas", critican el atraso de la Iglesia y recuerdan que "Jesús también fue acusado de ofensa contra los sentimientos religiosos"

Los curas ‘rojos’ que protegen a Willy Toledo: “Es un rebelde, como Jesucristo” - GETTY
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Según informa Lorena G. Maldonado en EL ESPAÑOLWilly Toledo no está solo. Aunque en los últimos años, y desde el “No a la guerra”, el incorregible actor haya sido castigado social y laboralmente por sus polémicas opiniones políticas -llegando a orillas de los tribunales-, aún lo avalan sus amigos y compañeros de profesión. Lo protegen de la marginalidad, lo abrazan en un país que le expulsa. Esta semana ha sacado músculo emocional en la Parroquia San Carlos Borromeo (Entrevías), en una verbena medio improvisada para reivindicar la libertad de expresión, acompañado por Javier Bardem, Alberto San Juan y Nathalie Poza, entre otros. Puede sorprender la localización del evento, pero al habitáculo lo llaman la “iglesia roja” por algo: fue excomulgada en 2007, cuando Rouco Varela la cerró por no ceñirse a los cánones. Sus sacerdotes vestían de calle, acogían a expresidiarios y drogadictos, admitían ateos y musulmanes en misa y, en la eucaristía, en vez de hostias, repartían rosquillas. Para que los niños se animaran.

Toledo, que está siendo investigado por un presunto delito de ofensa contra los sentimientos religiosos, redondeó su performance vital invitando al evento a dos sacerdotes. A pesar de su "yo me cago en dios y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María”, ahí estaba Javier Baeza, párrroco del centro pastoral que acogió el evento, que ya ha tenido problemas por apoyar al actor. El Arzobispado ha contactado con él para analizar sus “implicaciones” en el caso de Willy Toledo. Baeza explica que su “vivencia de la fe y de la democracia incluye la expresión, la crítica y la discrepancia", e incluso "la beligerancia contra aquello en lo que nosotros sí creemos”. “Hoy estoy con Willy igual que ayer estuve con los refugiados, y mañana con los desahuciados”, apostilla. “Nadie puede ser juzgado por sus ideas ni por exponerlas públicamente”.

El sacerdote Benjamín Forcano, que también avala a Toledo, se ha explayado al habla con este periódico. Él es un testimonio vivo de la exclusión eclesiástica por sacar los pies del tiesto: en 1993, Roma le expulsó de su orden, junto a otros cinco claretianos progresistas. Tuvo reyerta con los sectores más conservadores de la Iglesia por su libro Nueva ética sexual (1981). “Lo publiqué hace 38 años, 15 después del Concilio Vaticano II, pero con Juan Pablo II ya de Papa, artífice de la involución, y quien paralizó el espíritu y el contenido del concilio”, relata. “En mi libro replanteaba el problema de sexualidad de las personas. Durante siglos se consolidaron el miedo, la vergüenza, la depreciación y la represión de la sexualidad, y de ahí derivaba la depreciación y repreciación del ser humano”.

En su obra sometió a revisión temas como la institución familiar, el celibato, el feminismo, el control de natalidad, el divorcio, el aborto, las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad y hasta la masturbación. Se encuadró en las palabras del concilio Vaticano II recogidas en el Gaudium et Spes, 62, pero a pesar de ello su libro fue denunciado y el autor, sometido a un proceso extraordinario que duró diez años.

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