lunes 19.08.2019

“En el crimen de Alcàsser había dos pelos más; creo que la niña de Málaga murió antes de golpearla el tren...”

El forense Luis Frontela, el ‘Sherlock Holmes” de los cadáveres, lleva cinco décadas ayudando a resolver asesinatos. Algunos casos, dice, cerrados en falso

“En el crimen de Alcàsser había dos pelos más; creo que la niña de Málaga murió antes de golpearla el tren...” - ANDROS LOZANO / EL ESPAÑOL
“En el crimen de Alcàsser había dos pelos más; creo que la niña de Málaga murió antes de golpearla el tren...” - ANDROS LOZANO / EL ESPAÑOL

Un reportaje de Andros Lozano publicado en EL ESPAÑOL

“Apunta, apunta, que esto es lo que distingue a un buen forense de un gran forense. No sólo hay que tener una ingente formación en medicina legal, también es necesario tener el espíritu de Sherlock Holmes. Hay que recrear posibles escenarios, imaginar formas de matar... ¡Si no, los muertos no cuentan tanto como saben!”.

Luis Frontela (Melilla, 1941) es, sin lugar a dudas, el forense más controvertido de España. Quizás, también, en el más reconocido. Sus investigaciones en medicina legal, que en ocasiones llegan hasta donde no lo hacen las de sus colegas, le han otorgado prestigio nacional e internacional en materia criminalística. Pero también le han granjeado enemigos.

“Le he enmendado la plana a más de uno. Y eso no gusta. Si yo digo que se ha matado a fulanito y él lo contrario, pero la justicia acaba dándome la razón, eso despierta recelos”, dice este jueves bajo un sol que apunta a la primavera en Sevilla, donde tiene su clínica este médico que, tras licenciarse en Cádiz, pulió su formación entre Italia, EEUU y Reino Unido. Con Scotland Yard perfeccionó su trabajo en laboratorio.

En el último medio siglo los ojos de Frontela -y sus manos- han analizado los cadáveres del caso del crimen de las niñas de Alcásser, los restos de uno de los48 asesinatos que confesó ‘El Arropiero’, el mayor asesino en serie de España, el cuerpo de de Sandra Palo y de otros muchos que, en cambio, pasaron de puntillas por delante de la opinión pública.

Uno de ellos es el de una niña alemana a la que su madre y el amante de ésta mataron en Huelva porque no les dejaba acostarse juntos tanto como querían. La sedaron, se les fue la mano y lanzaron el cadáver a un pozo en Ayamonte. La primera autopsia dijo que se había ahogado al caer dentro. La de Frontela dijo que la habían matado. Y aportó datos muy concluyentes. Al final, Luis tenía razón. El padre de la niña denunció la desaparición de su hija y los dos homicidas acabaron entre rejas.

Cientos de preguntas con 10 años

El Sherlock Holmes de los forenses españoles terminó la carrera de Medicina en 1966. Luego se especializó en Cirugía y Traumatología. Más tarde se pasó a la Medicina Legal. Cuenta que “el gusanillo de preguntarle a los muertos” le nació a los 10 años.

A su padre, militar, lo habían destinado a Ourense. Su familia vivía en Barco de Valdeorras. Un día apareció muerto el cadáver de un vecino a las afueras del pueblo. Aquel chiquillo se presentó en la zona donde encontraron el cuerpo. Buscó huellas, restos de sangre… No llegó a ninguna conclusión, claro, pero a casa se llevó cientos de preguntas.

Ahora, ya retirado de la docencia en la Universidad de Sevilla, donde en 1983 llegó a crear el primer Instituto de Medicina Legal y Ciencia Forense de España, trabaja sólo cuando le encargan estudios de forma privada. Con su último encargo ha conseguido reabrir el caso de la muerte de Cristina Ortiz, ‘La Veneno’.  Estas son algunos de los casos que mejor recuerda.

1. Pelos en el crimen de Alcàsser

Desireé, Miriam y Antonia desaparecieron el 13 de noviembre de 1992.

Las niñas de Alcàsser eran cuatro: Miriam, Toñi, Desirée y Esther. Cuatro amigas de 14 y 15 años que iban a ir un viernes a una fiesta que celebraba su instituto en la discoteca Coolor de Picassent, a unos 2 kilómetros de su pueblo. Pero la gripe que pasaba por Valencia aquellos días acabó jugando un papel determinante en los sucesos posteriores: aquel viernes Esther estaba muy resfriada y se quedó en casa. Sus tres amigas fueron a visitarla para intentar, sin éxito, que se animase a salir.

Miriam telefoneó desde allí a su padre, Fernando, para pedirle que las acercase a las tres a la discoteca. Pero Fernando también estaba muy constipado y se había metido en cama. Se disculpó porque no podía levantarse, coger el coche, ir a casa de Esther, llevarlas a la fiesta y volver a encamarse. Las tres niñas decidieron entonces hacer autoestop. Paró un Opel Corsa en el que viajaban Antonio Anglés y Miguel Ricart, dos delincuentes de poca monta de un pueblo cercano llamado Catarroja. Las tres niñas se subieron en el coche aquel fatídico 13 de noviembre de 1992.

Los apicultores José Sala y Gabriel Aquino caminaban por una montaña de Tous (Valencia) la mañana del 28 de enero de 1993. Fueron a comprobar las colmenas porque tenían miedo de que las heladas hubiesen matado a las abejas. Aquino se sentó tomar aire en una piedra, a la altura del barranco de La Romana. Al sentarse miró a su derecha y vio que del suelo salía una mano.

Los cadáveres de las niñas, desmembrados, aparecieron envueltos en una alfombra. El por entonces secretario de Estado para la Seguridad en el Gobierno de Felipe González, Rafael Vera, llamó a Luis Frontela para que se sumase al equipo forense.

"Luis, te necesitamos, súbete al primer avión y vente a Valencia", cuenta Frontela que le dijo Vera. Ese mismo día, el doctor aterrizaba en el aeropuerto de Manises.

En aquella alfombra, Frontela encontró cuatro pelos distintos. Dice estar seguro de que uno era de Anglés y otro de Ricart. Pero que aún tenía que hacer un análisis “más exhaustivo del cabello”.

“De repente, me llamaron desde la Comandancia de la Guardia Civil en Valencia. Me pidieron que entregase esas muestras. No sé qué hizo con ellas. Pero era evidente que no eran pelos de los dos hombres a los que inculparon. Ya no me dejaron analizarlas más”.

2. La niña de Pizarra

Los padres y el abuelo de Lucía Vivar.

Lucía Vivar, la niña de tres años que el 27 de julio de 2017 aparecía muerta sobre las vías del tren que atraviesa las localidades de Álora y Pizarra, en Málaga, podría haber fallecido casi una hora antes del momento en el que fue arrollada por el ferrocarril al que se achaca su muerte. Así lo señala un estudio elaborado por Luis Frontela.

Frontela, cuenta, establece la hora de la muerte de la pequeña Lucía a las 5.53 horas de la mañana, un momento que a priori coincidiría con el intervalo ofrecido inicialmente por el informe toxicológico de los restos, donde se indicaba que la niña habría fallecido entre las 5 y las 7 de la mañana.

Sin embargo, el tren de Cercanías que la golpeó en la cabeza, y al que la Guardia Civil considera la causa de la muerte de Lucía, no pasó por el lugar donde estaba la niña hasta las 6.45 horas, casi una hora después del momento que fija en su estudio el catedrático Luis Frontela.

“La niña estaba desangrada totalmente. Sólo se hallaron restos de sangre junto a la vía del tren, pero no toda la sangre que hay en un cuerpo. La niña murió en otro sitio y la pusieron allí. En la cabeza presentaba dos golpes", explica el forense.

Luis Frontela se desplazó hasta Málaga. Hizo el recorrido a pie que supuestamente realizó la niña sola, de madugada, desde que se le perdió la pista la noche anterior mientras estaba con sus padres en una terraza de verano, hasta donde apareció al día siguiente.

"Es imposible que una niña de esa edad hiciera sola es recorrido. Imposible. Ese caso se ha cerrado en falso”. 

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