Martes 19.06.2018

La coartada de Diego: aunque siguió a Gabriel varios días al colegio, estaba a 60 km cuando desapareció

Tres testigos explican a EL ESPAÑOL que lo vieron leyendo en la terraza de su casa una hora después de que se le perdiese el rastro al niño. La Guardia Civil entiende que en dicho espacio temporal no pudo secuestrarlo, deshacerse de él y volver a su pueblo. Además, según la madre del pequeño, la señal de su pulsera lo situaba en la zona en la que él reside

La coartada de Diego: aunque siguió a Gabriel varios días al colegio, estaba a 60 km cuando desapareció
La coartada de Diego: aunque siguió a Gabriel varios días al colegio, estaba a 60 km cuando desapareció

Según informa Andros Lozano en EL ESPAÑOL, ocho días después de que se le perdiera el rastro al pequeño Gabriel Cruz, hasta el momento nadie ha sido capaz de resolver el galimatías en que se ha convertido el caso. Este martes, con la llegada del buen tiempo al Cabo de Gata, se siguió buscando en un radio de 12 kilómetros con centro en el lugar en que desapareció el niño, de ocho años.

En torno a 150 profesionales volvieron a mirar en pozos, balsas, barrancos, antiguas minas, en cuevas o en el mar. Pero nada. Ni una pista sobre su paradero. Por el momento sólo se tiene la camiseta hallada por su padre, Ángel Cruz, y su pareja, el sábado 3 de marzo.

Aunque casi desde el minuto cero los investigadores apuntaron hacia la figura de Diego F ., el acosador de la madre del niño, las evidencias se empeñan en decir lo contrario. Por eso, a fecha de hoy, casi lo descartan definitivamente: hasta tres testigos lo sitúan a 61,5 kilómetros de allí una hora después de la desaparición del menor.

Se plantó en la puerta del colegio de Gabriel

Diego Miguel F., el hombre de 42 años que desde la semana pasada está en prisión por quebrantar una orden de alejamiento sobre Patricia Ramírez, llevó su obsesión por la mujer a un grado desacerbado. La llamaba por teléfono constantemente, le escribía centenares de mensajes y correos, preguntaba por ella a compañeros y se presentaba en su puesto de trabajo.

Incluso, en varias ocasiones se personó en la puerta del colegio de su hijo, Gabriel, con el único fin de verla a ella cuando iba a recogerlo. Así lo explican fuentes policiales consultadas por EL ESPAÑOL. “Era por olerme, era por verme”, ha asegurado la propia Patricia a los medios de comunicación en reiteradas veces.

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