domingo 20/9/20
HÁBLAME DE SEXO

Casquet: "El macho ibérico a lo Abascal está muriendo, el empotrador es Alberto Garzón"

"Si dios no quisiera que me tocara, no me habría puesto un acceso tan rápido a mi clítoris" / "Ser sumisa o ser dómina es independiente del feminismo" / "Miguel Ángel Silvestre y Mario Casas están sexualmente sobrevalorados"

Casquet: "El macho ibérico a lo Abascal está muriendo, el empotrador es Alberto Garzón" - CARMEN SUÁREZ / EL ESPAÑOL
Casquet: "El macho ibérico a lo Abascal está muriendo, el empotrador es Alberto Garzón" - CARMEN SUÁREZ / EL ESPAÑOL

Una entrevista de Lorena G. Maldonado publicada en EL ESPAÑOL

Noemí Casquet (Barcelona, 1992) es un torbellino hecho mujer: periodista especializada en sexualidad y viajes, directora en Santa Mandanga -la primera plataforma de educación sexoafectiva explícita-, creadora de Totoyo -agencia de comunicación enfocada en la sexualidad-, autora de Mala mujer (Lunwerg) y cráneo privilegiado en general. Hace una semana revolucionó La Resistencia de Broncano con su descaro, su verborrea y su alegría. Es espiritual y física, es cálida y panorámica, explora el placer -y sus dolores- y sacude tabúes. Charlando con ella en la glorieta de Quevedo, un miércoles de mayo por la mañana, parece que la vida sale a recibirte.

Háblame de sexo: Noemí Casquet Carmen Suárez

¿Qué es el sexo para Noemí Casquet?

Para mí el sexo es vida. Está en todos lados. Está en nuestro pulso. Y si nos paramos a pensar, aunque puede sonar un poco a paranoica, creo que el sexo lo vemos en cómo lo actuamos: es siempre para reproducirnos. Queremos gustar a los demás. Pero para mí también el sexo es sagrado. Es una forma de conectar con los dioses. Cuando follo, follo con el universo. Entrego todo lo que tengo de mi ser, mi alma, mi cuerpo, a un momento en este espacio-tiempo que me conecta con un placer superior. No follo por saciar nada, follo por conectar con alguien.

O sea, ¿a dios le gusta el sexo? 

A los míos sí (ríe). Al menos al universo. Si dios no quisiera que me tocara, no me habría puesto un acceso tan rápido a mi clítoris.

¿El sexo es un mecanismo de control?

A nivel social, sí: es una de las herramientas más clave para manipularnos. Como nos llama tanto la atención, si el sistema tiene acceso a nuestro deseo y a nuestra forma de entender el sexo, tiene acceso a gran parte de nosotros y nosotras. ¿Cuántas veces hemos visto que el sexo es totalmente tabú pero luego tenemos una sociedad hipersexualizada? Carteles con mujeres en lencería, de repente vemos un anuncio de un tío llevando un coche y una tía que se gira y dice “¡oh!”… “Si llevas ese coche, te acostarás con ella”. 

El coche como prolongación del falo.

(Risas). Totalmente. Todo son pulsos que nos llevan hacia el consumismo a través del sexo. Actualmente no interesa que encontremos una conexión con nosotros mismos en el sexo, porque en el momento en el que nos planteemos qué buscamos en el sexo, qué tipo de sexo queremos experimentar y qué queremos hacer con este cuerpo (que es un pasaporte en esta vida)… en ese momento acabaríamos con lo establecido. No nos podrían manipular. No nos podrían infligir miedo. Es una de las claves por las que el sexo sigue siendo tabú.

¿Qué es una mala mujer?

Para mí es una mujer conectada consigo misma y con el futuro que proyecta. Es importante ser consciente de que también a la sociedad le interesa que llevemos un camino establecido: lo hegemónico, porque así es mucho más fácil vendernos cosas. Y consumir cosas. Universidad, trabajo estable, irnos a vivir, casarte, tener hijos y morir… en cada etapa te venden ciertas cuestiones. Puedes hacer eso. No es que esté bien o mal, es que seas consciente de que lo eliges porque quieres elegirlo. Pero, ¿y si te pones una mochila a la espalda y te vas a recorrer el mundo tú sola? Está igual de bien, pero hazlo porque quieres hacerlo. Igual en el sexo: tu cuerpo, tu mente y tu coño son tuyos y de nadie más. Nadie puede interferir en ellos, más allá de tu propia opinión. 

¿Cómo sabemos que realmente queremos algo, y que nuestro deseo no está siendo inducido por factores socioeconómicos o culturales? ¿Cómo distinguir la verdadera libertad?

Siempre digo que la verdad está dentro de todas nosotras, en realidad. En mi caso, por ejemplo, tuve una época de monogamia, y cada vez que hablaba con una persona que no era monógama, en mi interior, en lo más oculto de mí, se encendía algo. Pero estaba muy enterrado. Yo sabía que estaba ahí, porque soy consciente de las capas que tengo en mi vida. En ese sentido, ese “algo” empezó a germinar y salió. Yo ahora me siento más cómoda en una relación no monógama que monógama. Si queremos ser más libres o probar una orgía, o acostarnos con otra chica siendo mujeres… seguramente cuando escuches a otras personas hablando de ello, “tin”, te salte algo, y digas “esto me gusta, amiga”. ¿Cómo acceder a ello, no? Cuando la sociedad te está diciendo que no hagas esto, que no hagas lo otro, que eso es de putas, o de guarras… que tienes que ser una “buena mujer”. Hay que buscar excusas. Y las excusas son personas como yo, en mi caso, que estamos en el universo diciéndote “eh, ¿quién eres, qué te gustaría hacer?”. No somos más que eso, que excusas en esta vida para hacer que te plantees quién coño eres. Somos las nuevas brujas del siglo XXI y queremos acabar con esta sociedad que perpetúa tantos tópicos.

¿El cuerpo se agota? ¿Es posible la monogamia para siempre? 

A ver: la monogamia se ha estudiado mucho a nivel antropológico. ¿Lo somos por naturaleza o no? La conclusión a la que se ha llegado es que somos monógamos a nivel familiar y somos no monógamos a nivel sexual. ¿Esto qué significa? Que necesitamos un hogar al que volver. Un hogar que puede ser otra persona, o pueden ser dos personas, o una comuna, pero es tu hogar, es tu unidad familiar. En cuanto al sexo no somos monógamos, tenemos deseos y pulso sexual. Prácticamente no conozco a nadie que haya tenido una relación monógama y que no haya tenido deseo hacia otra persona que haya conocido. “Jo, si no estuviese con Fulanito, no me importaría”… Tenemos ojos, tenemos olfato, y tenemos feromonas. Son cuestiones de nuestro instinto más básico: reproducirnos con la mayor gente posible. Esto está muy adentro de nosotros.

En cuanto a si podemos aburrirnos del cuerpo de nuestra pareja estable, depende mucho de qué tipo de sexo tengas y qué busques en el sexo. ¿Qué finalidad tienes: es un método para sentirte bien o un método para conectar contigo misma, o con la otra persona? ¿Quieres utilizar el sexo como una herramienta para acuñar tus historias? Todo depende de tu finalidad. Para mí es una pieza clave para conectar con algo superior, con una de las fuerzas más grandes que existen, que es el placer. Y el dolor. Porque dentro del sexo puede haber dolor. Por eso con mi pareja no me aburro nunca. Siempre estoy buscando otras vías para encontrar algo más. Cada vez que follo me conozco más, y eso es maravilloso.

¿Has sentido que los hombres te temen?

(Ríe). Sí y no. Es una dicotomía. Por un lado siento que muchísima gente me desea. Por hablar de sexo de forma abierta, mucha gente quiere verme desnuda, o en actos sexuales. He sido tendencia en PornHub este fin de semana, cuando no hay nada de mí en PornHub. Pero por otro lado, a mucha gente le supone una incomodidad que sepa tanto sobre sexo; o que ellos y ellas piensen que me he acostado con mucha gente, cuando una cosa no lleva a la otra. Una cosa es que haya experimentado mucho en el sexo y otra que haya tenido sexo con mucha gente. Por ejemplo, a raíz de la entrevista en La Resistencia, me llegó un comentario el otro día que decía “seguro que se ha follado a medio Madrid”. Y no tiene que ser así. Yo puedo follar todos los días con una persona en concreto, o con dos personas, y a nadie le importa si me acuesto con más o no.

Sí, creo que impone que una mujer sea tan segura de sí misma, porque, hablando en términos heterosexuales, se entiende en este sistema que el hombre debe aprender a hacerlo todo, que nosotras nos ponemos rollo estrellita de mar y él tiene que encontrarte el punto G, empotrarte, tal… pesan mucho estas cuestiones, y no son necesarias. Siempre digo lo mismo: ¿has follado alguna vez con una mujer empoderada? Es maravilloso. Que ella te coja la mano y te diga “aquí”, “a mí me gusta así”… es genial. Te ahorra toda la presión y la opresión del sistema patriarcal, también a los hombres.

Es normal que las mujeres feministas tienden, tendemos, a hablar mucho de nuestra opresión porque precisamente hemos podido hablar poco a lo largo de la historia. Pero, ¿qué hay de ellos y de sus presiones? Por ejemplo, el tema del tamaño. 

La solución es feminismo. Es capaz de romper con todas estas estructuras establecidas dentro del sistema. Hay un falocentrismo increíble en la sociedad, fruto también del sistema patriarcal. Es interesante conocer que por eso los hombres están tan obsesionados con el tamaño de su pene, porque al fin y al cabo es sinónimo de la “virilidad” que se pueda tener. No debe ser así. ¿Qué significa ser hombre? Es cierto que cuanto más grande tengas el pene, es más fácil penetrar y llegar a expulsar el semen más cerca del cuello uterino.

A nivel animal, por así decirlo, es normal que los penes grandes atraigan, porque representan que es más fácil que fecunden. Pero si quitamos todo esto, como seres racionales que somos, es interesante que analicemos cómo se ha ido perpetuando el tema del tamaño a lo largo de la vida. Especialmente, por el porno. Los actores tienen penes muy grandes, y los hombres, lo único que aprenden (porque no tenemos un sistema sexual educativo apoyado por las instituciones) es a través de la pornografía. Cuando el porno sólo representa el placer masculino, no el femenino: es un bucle del que no sé si estamos dispuestos a salir. La única salida es a través del feminismo inclusivo, inclusivo para todos los géneros, no sólo el feminismo exclusivo, sólo para mujeres.

He visto un tuit tuyo en el que decías que si una mujer tiene mucho sexo, es una ninfómana, y si un hombre lo hace, es un campeón. Es verdad que muchos hombres se escudan en la cuestión biológica para justificar su promiscuidad y seguir acusando la femenina (y poder llamarla “puta”): esto de “una mujer sólo puede quedarse embarazada una o dos veces al año pero el hombre puede fecundar a muchísimas mujeres”… ¿Cómo subvertir esta situación?

Aquí hay dos partes. La parte biológica y animal y la parte humana y cultural. La parte animal: es cierto que el principal cometido de un hombre es fecundar al máximo de mujeres posibles. Vale. ¿Esto en qué se traduce? Por ejemplo: tú puedes acostarte con un hombre, el hombre eyacula y se acaba la relación. Pero si a ese hombre le metes en una orgía, el hombre puede llegar a eyacular varias veces porque su instinto le pide que fecunde a varias. ¿Esto significa que a las mujeres no nos gusta el sexo o que no tenemos la misma actividad sexual que los hombres? En absoluto. Nosotras sentimos muchísimo placer. Una cosa es el instinto animal (que es quedarte embarazada o reproducirte, ahí el instinto más básico) y otra cosa es que ¡hemos evolucionado! Tenemos conciencia, vamos mucho más allá de lo animal. Nosotras tenemos el doble de terminaciones nerviosas en el clítoris: tenemos 8.000, el glande del pene puede llegar a 4.000. Y cuando estamos a punto de corrernos, podemos llegar a 15.000 terminaciones nerviosas. El clítoris es el único órgano sexual que está ahí para darte placer: es maravilloso, es un regalo.

En cuanto al tema de la ninfomanía: se utiliza sólo en femenino. Es una adicción al sexo. Y si no te llaman ninfómana, te llamarán “zorra”, “puta”, o derivados, sólo porque vas a hacer con tu coño lo que te dé la gana. Y eso jode. Imagínate un mundo en el que las mujeres seamos conscientes de lo que queremos en el sexo: se les acabaría el chollo de “esclavas sexuales”. 

Otro concepto biológico: la “intrasexual competition”. Competición sexual entre hembras por ser las fecundadas por el macho. ¿Cómo se compagina esto con la sororidad que enseña el feminismo?

Insisto en lo mismo: una cosa es la base animal y otra cosa es tu mente, tu cabeza. La capacidad de razonar las cuestiones y sobre todo la creación de conciencia. Para mí algo básico es ser consciente de este instinto de competición entre mujeres por ser las fecundadas. En realidad, se debería traducir en “¿te gusta este tío? De puta madre”, “te apoyo en lo que haya pasado”, o en “no te voy a llamar guarra por ir vestida de ninguna manera”. Al contrario: eres libre de hacer lo que quieras, porque yo quiero cambiar esta estructura, este sistema. Eres libre: para mí eres libre. Y creo que la sororidad es una forma de apoyarnos en la libertad.

¿Cómo fue tu primera vez?

Me encanta esta pregunta. Pues fue en Madrid. Creo que vine aquí buscando mi virginidad (risas). No, no. La perdí y ojalá no la encuentre nunca. Claro, primera vez… ¿de qué? 

Tu primer contacto con el sexo, no me refiero sólo a primera relación sexual. 

Exacto, yo creo que la virginidad se pierde cuando se pierde la inocencia. Mi primer contacto con el sexo fue con seis años. Me acuerdo de estar en la bañera, de abrirme de piernas y ver que había una campanita. Me la toqué y me dio tanto placer que hasta me daba dolor. Mi madre me vio y me dijo “no te toques”. Ese “no te toques” me ha acompañado a lo largo de mi vida, hasta hoy. Luego vinieron enamoramientos, besos, tocamientos… y el ver por primera vez un pene. Dije “qué feo”. ¿Cómo puede gustarle esto a alguien? Qué ingenua, ella (risas). El pene es maravilloso. Recuerdo cuando le pregunté a mi madre qué era un orgasmo. Y me dijo “cuando lo tienes, lo sabes”, o “es cuando se siente mucho, mucho placer”, pero ¡yo ya tenía placer y no tenía orgasmos…! Me ha obsesionado siempre poder describir qué es un orgasmo, pero aún no sé explicarlo.

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