Miércoles 14.11.2018

Bob Pop: "A la hora de follar, el físico es lo de menos: los guapos sólo sirven de trofeo"

"Yo he follado mucho por buena educación: por no decirle al señor que no me gustaba" / "La pobreza condiciona al sexo: si no tienes calefacción, follar bien es difícil" / "Los empotradores están sobrevalorados".

Bob Pop: A la hora de follar, el físico es lo de menos: los guapos sólo sirven de trofeo - CLARA RODRÍGUEZ / EL ESPAÑOL
Bob Pop: "A la hora de follar, el físico es lo de menos: los guapos sólo sirven de trofeo" - CLARA RODRÍGUEZ / EL ESPAÑOL

Una entrevista de Lorena G. Maldonado publicada en EL ESPAÑOL

Dice Bob Pop que el cine erótico -¡y hasta el romántico!- nos ha creado muchas frustraciones: “En la vida real te caes de la cama, te da un tirón… el sexo se parece mucho más a un chiste de Woody Allen que a una película porno. Siempre, siempre”, ríe. Roberto Enríquez (Madrid, 1971) es escritor, columnista, crítico televisivo y, especialmente, experto en la vida y sus profundidades: en sus humores, sus lujurias, sus ternuras, sus terrores. Todo un cerebro hormigueante, un ser creativo, afilado y empático hasta las yemas de los dedos. En Late Motiv lo demuestra en cada speech. Habla y las redes le aplauden con los ojos. 

Sabe extender y extiende sus tentáculos intelectuales: empezamos hablando de sexo, pero acabamos derrapando en política, amor y economía, quizá por aquello de que lo personal es político. Eh, pero sin monsergas: aquí hay lucidez y alegría. Distensión para curarnos del mundo. No se lo pierdan. 

¿Qué importancia tiene el sexo en la vida?

¡Muchísima! Es muy, muy importante. No sé qué porcentaje, nunca lo he calculado, pero es de las cosas que más feliz me hace en la vida y que más me divierte: el buen sexo.

¿Crees que nos cuesta reconocerlo abiertamente?

Yo creo que sí, que somos muy pacatos en ese sentido. Nos cuesta reconocer lo que nos importa el deseo, las ganas… sí. Incluso, a veces, tenemos la sensación de que el deseo es algo casi ofensivo. Como si el hecho de que nos guste alguien fuese una falta de respeto hacia esa persona. Cuando a mí lo más sexy del mundo me parece sentirme deseado. 

¿Y en una relación, qué peso adquiere, hasta qué punto puede condicionarla?

Tiene mucha importancia, claro, tanto su presencia como su ausencia pactada. 

¿Ausencia pactada, cómo es esto?

Sí, yo creo que cuando uno lleva años de relación, hay un momento en que el sexo se modifica, las ganas o el deseo cambian y yo creo que el sexo es muy importante por dos cosas: cuando hay y es bueno, y cuando no hay y se habla. En esos dos sentidos. 

¿Hay sensación de culpa al perder deseo con una pareja duradera? Esto de “no me toques”…

Claro, pero hay muchas formas de tocar. Cuando hay amor y cariño en una relación, el tacto sigue siendo muy importante. Otra cosa son los morbos, la confianza, los juegos… a mí no me pasa, pero conozco a gente para quien la familiaridad o el hábito le restan interés al sexo.

¿Se puede reactivar el deseo eternamente con una misma persona o hay un momento en el que hay que parar el carro? 

No lo sé. Supongo que depende de las personas, de las ganas que tengan y de lo importante que sea para ellos eso. En ese sentido, es un pacto entre dos, tres o los que formen parte del grupo. 

Dicen los psicólogos que el tipo de amante “lúdico” acaba siempre en el poliamor o en el intercambio de parejas, porque el reto constante de la vida erótica no se puede canjear con una misma persona. ¿Nos acercamos como sociedad a este tipo de prácticas, a las relaciones abiertas?

Eso depende de nuestro estatus, de nuestro tiempo libre… yo creo que el poliamor exige mucha dedicación y cierto presupuesto. Vamos a ver, tú ya tienes una pareja, pagas el alquiler a medias, o la hipoteca a medias, vivís ahí y tenéis vuestro espacio de follar. Lo tienes más o menos apañado y no tienes ningún gasto extra. Pero el poliamor o las vidas paralelas implican una inversión en tiempo y dinero que no siempre tenemos. Yo ahora mismo en mi vida no me lo podría permitir.

Habla de eso el nuevo libro de Isaac Rosa: de cómo la economía interviene en el amor. En este caso, en el sexo. 

Sí, es que yo creo que el amor y el sexo están muy condicionados por este capitalismo salvaje y este neoliberalismo. La pobreza. Ya sólo la precariedad energética: si en tu casa ahora mismo no tienes calefacción, follar bien es difícil. ¡Claro! O si no tienes aire acondicionado en verano. 

¿Los pobres, los precarios, entonces, tienen peor sexo?

Seguramente. Bueno, o a lo mejor… no lo sé, porque cuando hablamos de los pobres… depende de dónde seas pobre. Estamos hablando de núcleos urbanos con climas extremos. Hemos querido adaptarnos a un espacio donde sólo el dinero nos da el bienestar. Pero si viviéramos en un clima más amable, más en contacto con la naturaleza… pues seguramente allí follaríamos genial todo el rato.

Allí en los campos.

Claro, es que vivir en una gran ciudad exige una inversión importante.

Siempre habíamos pensado que el capitalismo nos separaba por su cultura individualista, pero resulta que el capitalismo ahora nos está uniendo a la fuerza: mucha gente no puede permitirse separarse de su pareja por no poder costear una vivienda propia. 

Sí, lo cooperativo… pero es una unión impuesta, no deseada. Tiene que ver con una vuelta a la familia. Hay mucha gente que vive con sus padres porque no tiene más remedio, pero no por eso es una persona más familiar, ¿sabes?

¿En qué momento hemos pasado de la liberación sexual al capitalismo sexual? En los setenta, enseñar las tetas en Interviú podía ser necesario para sacudirnos el nacionalcatolicismo, pero enseguida esos desnudos fueron absorbidos y explotados por el mercado. La mujer se liberó, de acuerdo, pero muy pronto se cosificó. 

El problema de eso es que estamos cosificando y vendiendo todas las partes de nuestra vida, no sólo las tetas y el culo. Estamos cosificando el “ser la izquierda correcta”, el “animalismo”, el “feminismo”, la “lucha contra la homofobia”… todo lo que nos tendría que haber liberado se ha convertido en una etiqueta para vendernos en un súpermercado. Lo que pretende el mercado es colocarnos etiquetas para localizar al público objetivo que busque esos ingredientes en el producto que compre. Somos productos, todos. 

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