lunes 16.09.2019
HÁBLAME DE SEXO

Ana Rosa: “Yo nunca tuve miedo a tener relaciones sexuales, el colegio de monjas no me influyó”

"Cuando me miro al espejo no veo mi sexo: ellos lo tienen presente todo el día” / "Las mujeres no tenemos menos necesidad de sexo que ellos, pero somos más listas" / "Julio Iglesias no ha sido un mito sexual, Coronado sí"

Ana Rosa Quintana: “Yo nunca tuve miedo a tener relaciones sexuales, el colegio de monjas no me influyó” - SILVIA P. CABEZA / EL ESPAÑOL
Ana Rosa Quintana: “Yo nunca tuve miedo a tener relaciones sexuales, el colegio de monjas no me influyó” - SILVIA P. CABEZA / EL ESPAÑOL

Una entrevista de Lorena G. Maldonado publicada en EL ESPAÑOL

Ha llovido desde que una jovencísima Ana Rosa -pecosa, rigurosa y lúcida- se licenciase en Periodismo y empezase sus prácticas en Radio Nacional de España. Desde aquel 1980 -hasta este 2019- no ha perdido un día: hoy es sin duda una de las profesionales más admiradas de España, reina de las mañanas televisivas que no olvida el cable a tierra, que no se insonoriza de la calle -de sus filias y sus traumas-. Igual entrevista a un presidente del Gobierno que abre una mesa de debate rosa. Igual arranca temporada desde la franja de Gaza en pleno conflicto que colabora con la policía contra la trata de mujeres.

Ana Rosa se ha abierto paso en un mundo empresarial testosterónico haciendo sonar los tacones. Sin estridencias, sin histrionismos, pero dando el golpe si hay que darlo: como el año pasado, cuando hizo huelga el 8 de marzo. No sólo resiste; ya se pasó todas las marcas. Con su trabajo se ha ganado el respeto de millones de ciudadanos en esta sociedad ruidosa donde la credibilidad es un milagro. Hoy charlamos con ella sobre feminismo, seducción, sexualidad y mitos eróticos. La experiencia no la ha vuelto escéptica: sigue creyendo en el gran amor de la vida, "aunque haya que besar muchas ranas para encontrarlo".  

Llevas años conquistando a la cámara en antena. ¿Qué sabes hoy de la seducción y de atraer al otro?

Hombre, yo espero… (risas). Creo que cuando te mueres es cuando se pierden estas ganas de seducir a quien sea, no solamente a los hombres. Todos queremos gustar y queremos que nos quieran. Bueno, hay personas. No sólo mujeres. Mujeres y hombres que eso no lo olvidan nunca, a ninguna edad, y hay otros a los que no les ha interesado nunca.

¿Cómo lo vives tú?

No sé. ¿Qué significa seducir? Vamos a empezar por ahí. ¿Seducir es gustar? Pero no solamente en el término amoroso o sexual, sino gustar a amigos, o gustar a la gente, o en mi caso conectar con el público. Creo que eso no es intencionado: se tiene o no se tiene, te gusta o no te gusta, necesitas la aprobación de los demás o no. Yo creo que en el fondo todos necesitamos la aprobación de los demás. 

¿Para qué sirve la belleza?

Bueno, pues es importante. Es más fácil cuando la gente es atractiva y es bella, es más fácil… a veces puede ser un inconveniente, depende de a qué te dediques, depende de cómo lo gestiones… creo que lo mejor es ser normal y sacarse buen partido.

¿Y la palabra?

Fundamental. Hay mujeres a las que sólo les atrae un determinado físico, hombres a los que sólo les atrae un determinado tipo de mujer exuberante… y hay a quien se le convence con la palabra. O, por ejemplo, con la voz. Yo, por ejemplo, no podría estar con una persona de la que no me gustara su voz. 

¿Qué tipo de voz me interesa?

No, me da igual, pero hay voces que a veces las escucho y digo “pf, yo no podría estar con esta persona, aunque sea atractivo, o guapo… es que no podría”. Eso debe ser deformación profesional. Cada uno tiene una manía. Hay gente que se queda con las manos… pero para mí la voz es importantísima.

¿Cómo crees que ha cambiado la seducción desde la Transición y los primeros años de la democracia hasta ahora? Hay un libro de Marta Sanz que se llama Éramos mujeres jóvenes y habla de los miedos y tabúes de las mujeres españolas de esa generación, y de cómo los han ido superando. 

No creo que haya cambiado tanto. En la Transición empezaba mi vida profesional, estaba casi, casi, terminando la carrera, y en esos años, al revés, creo que hubo una explosión de libertad. Es verdad que no alcanzó a toda la población, pero las mujeres profesionales, o las políticas, o las periodistas, rompimos un montón de tabúes y empezamos a quitarles importancia a todos los miedos que había habido. Fíjate lo que supuso la movida madrileña, por ejemplo: un momento de libertad, no sólo a la hora de votar, de decidir, de hablar en público de política; sino también libertad sexual. 

¿Cuáles eran esos miedos sexuales?

Yo no he tenido ningún miedo, si te digo la verdad. Depende mucho de tu educación, de tu familia. Y yo nunca tuve miedo a tener relaciones sexuales. Ni a la libertad.

¿Cómo crees que afectó a esa generación de mujeres españolas la influencia del catolicismo, a la hora de enfrentarse al amor o a las relaciones íntimas?

A ver: una cosa es el amor y otra cosa es el sexo. Yo creo que hay mujeres (antes y ahora) que interrelacionan mucho amor y sexo, y otras mujeres que lo tienen absolutamente disociado. Una cosa es tener relaciones sexuales y otra cosa es… ¡ya no amor, pero…! Por ejemplo, para mí: para mí tiene que haber sentimiento. No es que me parezca mal, que cada uno haga lo que le dé la gana y se acueste con quien quiera, tantas veces como quiera. Pero yo hablo de mí: necesito tener sentimiento. El sexo es una prolongación del sentimiento. No es sólo una satisfacción momentánea. 

¿Y en cuanto a esa influencia religiosa por la que te preguntaba; cómo afectó a la libertad y a los miedos? 

Depende. Ya te digo, a mí nunca me influyó, y fui a colegio de monjas. No. Soy mucho más lo que he leído, lo que he visto, lo que he aprendido, la facultad, los amigos… otro tipo de cosas mucho más importantes que la influencia que pudiesen tener las monjas sobre mí. Al menos hasta los 14 años, que estuve allí. 

¿El feminismo está revolucionando las relaciones? ¿Con qué cosas salta ahora una alarma que antes no saltaba?

No, yo creo que hemos avanzado en otras cosas, no tanto sexuales. En los años 20 había unas relaciones que… es verdad que no se contaban, que no se decían, que eran más tapadas… pero históricamente siempre ha pasado lo mismo. Lo que sí hemos cambiado con el feminismo es la igualdad: que las relaciones sean entre iguales. Y sobre todo, la lucha contra los malos tratos y el dominio del hombre sobre la mujer. Las libertades, la libertad. La lucha, desde el año pasado fundamentalmente, está en auge y creo que las mujeres estamos consiguiendo la paridad. Nos queda todavía un poquito de camino por recorrer, pero creo que en España hay mucha conciencia. Lo que hace falta es que esa conciencia se extienda a todas las mujeres, no solamente a las mujeres que tienen determinados puestos de trabajo o determinadas facilidades. La educación tiene mucho que ver. 

¿Qué obstáculos machistas has vivido en tu carrera?

Yo no me puedo quejar, esa es la verdad. Desde que empecé mi carrera profesional siempre he tenido el respeto de mis compañeros, de mis jefes; relaciones muy igualitarias con mis compañeros… sí que he notado cosas, pero más en la parte empresarial. El techo de cristal. Tú ves que llega un momento (y yo soy de las que no se pueden quejar) en el que hay que pisar moqueta y los tacones, todavía, ahí van poquito a poco, más despacio de lo que deberían. Hablo de consejos de administración, hablo de consejeras delegadas, hablo de presencia en las grandes organizaciones donde se mueve realmente la política y la economía. 

¿Hay pendiente un Me Too en el mundo del periodismo español?

Pf… sí, pero en el nivel que yo te digo. Con las mujeres hay mucha paridad. Te puedo hablar de lo que conozco, que es Mediaset, o Telecinco, o este programa. No hay diferencias de salarios entre mujeres y hombres, pero sí que es verdad que luego miras el consejo de administración y las mujeres son minoría. Y hay que dar ese salto. 

¿Crees que las personas de izquierdas y las de derechas abordan de forma diferente sus relaciones íntimas?

No lo sé (risas). Ese mito de que… bueno, París, cuando nos quitábamos los sujetadores y ese tipo de cosas… no lo sé. Por ejemplo, la gente del PCE siempre ha sido muy conservadora en sus relaciones. No estaba bien visto el divorcio. No sé si influye la ideología. Creo que unos lo hacen más por delante y otros más por debajo, pero no hay mucha diferencia. Al final… somos humanos.

¿Un hombre culto es un hombre atractivo, o el atractivo no tiene nada que ver con eso? Por ejemplo, decía Fernán Gómez que él quería a las mujeres cultas no como parejas, sino como profesoras.

Eso es muy machista. Muy machista. Yo creo que estar con una persona de conversación interesante (digo como mujer, no me puedo poner en el papel de los hombres) ayuda. Hay hombres cuyo atractivo precisamente es un pensamiento elaborado, intereses por determinadas cosas que a ti te pueden interesar… claro que te puedes enamorar de una persona por su… no sé si por su cultura, pero sí por su curiosidad, sus intereses, lo que le gusta. Pero bueno, también te puedes enamorar de otro que sea…

Un cafre.

Tampoco un cafre (risas). Pero sí a lo mejor más primario, pero que tenga otros encantos: sinceridad, belleza, yo qué sé. Nadie tiene o muy poca gente tiene un prototipo del que sólo se enamora. El amor te llega cuando te llega, cuando menos te lo esperas. 

Sigue leyendo esta entrevista completa en EL ESPAÑOL

Más información en vídeos 
Comentarios