Ana un día dejó de hablar... El oscuro mundo de los abusos sexuales a personas con discapacidad

En torno al 80% de personas con discapacidad intelectual sufrirán abusos a lo largo de su vida. Cataluña es pionera en presentar un protocolo de actuación e identificación

Castilla-La Mancha cuenta con 135 enfemos de ELA, donde en 2015 se registraron 32 nuevos casos, dependencia, discapacidad, dependiente
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Según informa David López Frías en EL ESPAÑOL, Ana (nombre ficticio) tiene 40 años y una discapacidad intelectual en forma de trastorno madurativo. Suele ir a un taller de terapia con otras personas con problemas similares. Un día dejó de hablar. Su familia se percató además de que estaba muy nerviosa y asustada, pero no quería decir lo que le pasaba. Un silencio que acabó derivando en una depresión. Después de mucho insistir, acabó confesando, a su manera, que no quería ir más al taller porque había un señor que la obligaba a “hacer guarradas y yo no quiero”.

Ana es una de las más de 50.000 personas discapacitadas en España que han sufrido (o sufrirán) abusos por parte de personas de su entorno. Un perfil que, además de ser más vulnerable, tiene más complicado que se haga justicia con respecto a estos delitos. Y muchos de ellos jamás serán juzgados. 

“A la hora de ir a denunciar, Ana tuvo muchos problemas. No la creían. Al declarar en comisaría se ponía nerviosa, se equivocaba de nombre al señalar al culpable, se explicaba mal, rehuía el tema porque le daba vergüenza…”. Lo explica su asesora legal, Rosa Cadenas. Es la presidenta del DINCAT, la federación que vela por los derechos de las personas con discapacidad en Cataluña. Esta entidad y Mossos d'Esquadra son los responsables del primer protocolo de Europa para detectar abusos contra discapacitados. Un proyecto pionero presentado esta semana en Barcelona.

"Se lo está inventando"

El problema que conlleva denunciar este tipo de abusos es la dificultad para exponerlos, para aportar pruebas. El culpable de los abusos a Ana era uno de los cuidadores del centro en el que hacia terapia. Quedó sin castigo. La policía no le dio verosimilitud a la declaración de la mujer: “Su discapacidad, el trauma… no hubo forma de que la creyeran. Como se equivocaba en el nombre y no se explicaba bien, la policía aseguraba que se lo estaba inventando. Tampoco había testigos presenciales. Al final, la familia desistió de denunciar y el responsable quedó impune”, recuerda Rosa Cadenas.

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