jueves 19/5/22

Álvaro de Marichalar: "Los Mossos me pincharon adrenalina en los pulgares para matarme de un infarto"

“Es importante que la reina entienda su papel de consorte: dos pasitos atrás y que no se la oiga”/ “Los presos que construyeron el Valle de los Caídos no eran ángeles de la guarda”

Álvaro de Marichalar: "Los Mossos me pincharon adrenalina en los pulgares para matarme de un infarto" - SILVIA P. CABEZA / EL ESPAÑOL
Álvaro de Marichalar: "Los Mossos me pincharon adrenalina en los pulgares para matarme de un infarto" - SILVIA P. CABEZA / EL ESPAÑOL

Una entrevista de Daniel Ramírez publicada en EL ESPAÑOL

La americana verde de Álvaro de Marichalar era tan llamativa que podía avistarse desde cualquier punto de la plaza de Sant Jaume. Con una pancarta que clamaba “Stop al 3%”, el aristócrata reconvertido a activista se colocó justo frente al Palacio de la Generalitat. Sus gritos contra la corrupción, “nacionalista” o “españolista”, le permitieron abrazar a decenas de separatistas, que lo defendieron de quienes le gritaban “Borbón de mierda” –él nada tiene que ver con este apellido, más allá de que su hermano Jaime estuviera casado con la infanta Elena–. “Cómo les jodió a esos cabronazos que me acogieran bien ”, dice en referencia a Puigdemont o Junqueras.

En una escena difícil de describir, los Mossos confiscaron sus pancartas y lo detuvieron por “resistencia a la autoridad”. Un extremo que él –recién llegado a Madrid desde Málaga y en un hotel cercano al embarcadero de Atocha– niega. La conversación iba a girar en torno a España en su sentido más amplio, pero sus serias acusaciones contra la policía autonómica catalana empañan cualquier otra cuestión: “Me metieron dentro y, cuando estaba fuera del plano de la cámara, me torturaron e intentaron asesinarme”. El método: “Adrenalina inyectada a través de los pulgares para provocar un infarto”.

El propio Marichalar reconoce que todo esto suena a delirio, a película de espías. A Berlanga incluso: “A mí también me resulta increíble”. Y mientras trabaja la acusación en los tribunales, continúa con su labor de conferenciante “antinacionalista” por el corazón de Europa y al otro lado del charco. En una hora volará a Ginebra. Álvaro de Marichalar dice Generalidad –casi con J y acabado en “d” – y “Mozos de escuadra”. Se declara simpatizante de Vox, llama a recuperar Gibraltar y se postula en contra de la exhumación de Franco.

¿De verdad pretende dar la vuelta al mundo en una moto de agua?

Sí. Voy a intentarlo. Ahora estamos en lo más difícil de la expedición: permisos, patrocinios, logística, preparación física y moral…. Intentaré comenzar el mismo día que lo hicieron Magallanes y Elcano, el 10 de agosto. Zarparé de Sevilla, del Guadalquivir, como ellos en 1519. A ver qué pasa, pero la intención es esa.

Ahora ya podemos empezar la entrevista. Vox está celebrando una manifestación en una plaza a pocos metros de aquí. ¿Simpatiza con la formación de Abascal?

Me gusta mucho Vox, cada vez más. Es el único partido que dice las cosas como las siente y las cree. No hablan desde lo políticamente correcto. Y en España todo está tamizado por lo políticamente correcto. Creo que los votantes, soberanos de la nación, estamos hartos de que el político articule un discurso adaptable a cualquier región, pacto o circunstancia. Eso es malo para la democracia. Vox no entra en ese juego. Aportan unas ideas con las que comulgo al 90%.

¿Y cuál es ese otro 10%?

Su vocación menos europeísta. Yo veo Europa como algo nuevo a construir junto a Rusia. Hace tiempo que la política española es política europea. En todo lo demás estoy de acuerdo. Principalmente en lo que supone recuperar competencias para el Estado central, cedidas de buena fe a las autonomías y que éstas han utilizado para armar una estructura de pequeñas naciones que no estaba prevista.

¿Lo considera un partido de extrema derecha?

Eso de la derecha y la izquierda son conceptos anacrónicos, del siglo XIX y XX. Son armas arrojadizas. Lo políticamente correcto para descalificar algo es llamarlo de derechas. Yo ya sólo soy de derechas por estar frente a esa imposición absolutista. Si la derecha es amar a España, defender el sentido común, pensar en el liberalismo económico, promover que la iniciativa privada tire de la economía y que las regiones sólo asuman un papel administrador, claro que soy de derechas. ¡Y encantado! Si ser de derechas es no tocar la tumba de Franco…

¿Usted no sacaría al dictador del Valle de los Caídos?

Es algo de locos, ni me lo planteo. Es una salvajada. Nadie piensa en sacar a Stalin del Kremlin, siendo el personaje más denostado de la Rusia actual. Porque es un país civilizado.

Perdone que le interrumpa, pero tampoco a nadie se le ocurre levantar un mausoleo a Mussolini en Italia, a Hitler en Alemania o a Ceaucescu en Rumanía.

Franco no es un dictador comparable a los que usted menciona. Bajo ningún concepto. Además, el Valle de los Caídos no es un mausoleo, sino una construcción monumental para promover la reconciliación entre los españoles. Algunos obreros fueron empleados a sueldo y otros eran presos que habían perdido la guerra. No eran ángeles de la guarda. Habían tenido un juicio justo y habían sido condenados. Redimían su pena con cada día de trabajo.

Eran presos políticos.

No, no. Habían perdido la guerra, no eran presos políticos. Unos ganan y otros pierden, así de fácil. Habían sido condenados por actos de sangre, no por su ideología. La guerra fue horrible y la izquierda cometió unas salvajadas brutales, igual que la derecha. Pero las barbaridades de las checas no son comparables a las del bando nacional.

Si no le he entendido mal, usted asegura que la represión en el lado republicano fue mucho más cruenta que en el bando “nacional”. ¿Y qué pasa con la retaguardia carlista o falangista?

La represión en la retaguardia nacional también fue cruenta, sí, pero no conozco a nadie que fuera aserrado, como ocurrió con las monjas. Lo de la FAI y la CNT era imposible de ver en el otro bando, entre otras cosas porque luchaban por motivos diferentes. Las torturas en el Madrid rojo fueron horrorosas. ¿Que fue una barbaridad fusilar a García Lorca? Claro. También lo fue fusilar a José Antonio. Pero en el bando nacional no hubo ese odio y esa tortura. La mentalidad es distinta.

Debo cerrar este capítulo porque disponemos de poco tiempo antes de que despegue su avión. Estuvo ayer en Gibraltar. Ha calificado el resultado de las negociaciones con Reino Unido como una “humillación” para los españoles. ¿Por qué?

Gibraltar es un trocito de España que no debemos abandonar. Lo dice la ONU y también el Tratado de Utrecht. Conozcámoslo, entendámoslo y defendámoslo. Gibraltar fue ocupado por barcos ingleses hace trescientos años. De manera cobarde y pirata.

Recientemente, la población gibraltareña votó en referéndum seguir siendo una colonia de Reino Unido.

Porque aquella población fue sembrada artificialmente en el origen. Sobre todo con genoveses. Por eso hay tanto apellido italiano. Los verdaderos autóctonos residen hoy en San Roque, cuyo escudo es el original de Gibraltar. Los que ahora viven en el Peñón lo hacen casi sin impuestos, utilizando los recursos del pasaporte británico y también los de la Costa del Sol. ¿Cómo les va a apetecer cambiar de estatus? Esa situación les cayó del cielo hace trescientos años. Ahora, debemos buscar la cosoberanía como paso previo a la soberanía. Desde la amistad, sin imposiciones, pero con firmeza. Teníamos la oportunidad, pero ha sido desaprovechada por Sánchez, presidente del desgobierno.

Hablemos de Cataluña. Usted se dedica a dar conferencias contra el nacionalismo en Europa y al otro lado del charco. ¿De dónde saca el dinero?

Desde hace treinta años viajo constantemente para dar conferencias en torno a la motivación: universidades, ejército, cárceles, hospitales, fundaciones… Ahora, por ejemplo, me han invitado a dar una charla en Ginebra. Aprovecharé el viaje y el auditorio para hablar también del nacionalismo. Uno saca la motivación de donde puede. Yo lo hago de mi experiencia en la mar y de la lucha civilizada contra la usurpación de la democracia que se vive en Cataluña.

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