Sábado 26.05.2018

Alba, condenada a sus 18 años a vivir en la cama porque Sanidad se niega a operarla

Ciega de nacimiento, esta jerezana lleva año y medio sin apenas moverse y enganchada a los opiáceos para combatir los fuertes dolores que le ocasiona la desviación de columna que sufre desde niña. Se ha quedado postrada tras una intervención en la que le limaron una protusión lumbar

Alba, condenada a sus 18 años a vivir en la cama porque Sanidad se niega a operarla - MARCOS MORENO/EL ESPAÑOL
Alba, condenada a sus 18 años a vivir en la cama porque Sanidad se niega a operarla - MARCOS MORENO/EL ESPAÑOL

Un reportaje de Andros Lozano publicado en EL ESPAÑOL

Tengo mono de vivir, no de los opiáceos. Si los tomo es porque no soporto el dolor.

Al nacer, los ojos gatunos, negros y redondos de Alba, estaban apagados. La niña era ciega. Con el paso de los años, su madre, Carolina Pacheco, se dio cuenta de que la falta de visión no iba a ser la única discapacidad de su hija.

Según fue creciendo, cuando la vestía se daba cuenta de que los laterales del pantalón o de la falda nunca le quedaban a la misma altura de la cadera. En la ducha, cuando Carolina enjabonaba la espalda de Alba o le lavaba el pelo, se percataba de que una escápula estaba más arriba que la otra.

Tras llevar a Alba al médico, con seis años le diagnosticaron una escoliosis de 33 grados, una desviación lateral severa de la columna vertebral.Con el paso del tiempo, su cuerpo se fue deformando. Desde hace año y medio, su vida ha transcurrido sobre una cama. El pasado 27 de febrero cambió el colchón de su casa por uno de una habitación en la segunda planta del hospital de Jerez de la Frontera (Cádiz), donde aún hoy sigue ingresada.

“No aguantaba más el dolor. Los (medicamentos) mórficos ya no le hacían nada”, explica su madre este pasado martes, cuando EL ESPAÑOL las visita. “La Junta de Andalucía la ha condenado a vivir drogada el resto de su vida”.

Alba comenzó a padecer dolores a los 11 años, cuando desarrolló. Se quejaba a su madre de que le dolía la zona derecha de la ingle. Tras acudir al hospital, un médico le dijo que tenía rotada la cadera y que había que intervenir.

Tres años después de su primera regla, con 14, pasó por quirófano. Le intervinieron la cadera izquierda para que la derecha, según le explicaron a Carolina, fuera corrigiendo su desviación de forma natural.

Antes de comenzar a sufrir los dolores en la cadera, Alba era una niña normal.Había aprendido braille, a caminar con bastón y a asearse sola. La ceguera, pese a que la limitaba, no parecía ser un impedimento mayúsculo para ella.

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