miércoles 13.11.2019

Con Ada e Izan en ‘la habitación roja’, los muñecos sexuales que triunfan en un burdel de Madrid

- Luxury Agency Dolls incorpora un muñeco masculino al catálogo de muñecos sexuales.

- Puede pasar un rato con ellos o comprar uno por 1.500 euros y financiarlo por Cetelem.

Con Ada e Izan en ‘la habitación roja’, los muñecos sexuales que triunfan en un burdel de Madrid - EL ESPAÑOL
Con Ada e Izan en ‘la habitación roja’, los muñecos sexuales que triunfan en un burdel de Madrid - EL ESPAÑOL

Un reportaje de David López Frías publicado en EL ESPAÑOL

Le prometí a mi madre que no volvería a escribir sobre muñecas sexuales. La primera vez que lo hice se me acabó yendo de las manos. Me metí en el primer burdel de ‘sex dolls’ (muñecas sexuales) de Barcelona y me encerré una hora con Lily (QEPD). No tuve sexo con ella, pero la puse a celebrar goles y la pobre acabó con una teta destrozada y la peluca por el suelo. El burdel cerró a los pocos días porque era ilegal. Un drama todo.

Luego llamaron medios de todos lados para interesarse por la rareza. Me llevaron a magazines matinales para saber, jiji, jaja, cómo era el tacto de la vagina. Me entrevistaron en radios colombianas preguntándome por ‘la panocha’. Mi foto salía abriendo un periódico holandés con un titular del tipo: “¡No se la zumbó!”. Eso no le gusta a una madre. Nunca más, le prometí.

Nunca más hasta la semana pasada. Me llegó un mail desde la redacción de EL ESPAÑOL. Una foto y un texto escueto pero claro: “Ha llegado un chico nuevo a la ciudad”. La foto era esta:

Y es literal. Ha llegado un chico nuevo a la ciudad. Madrid ha abierto su primer burdel de muñecas sexuales y tal vez la novedad más reseñable es que cuenta con un muñeco masculino. Se llama Izan, pesa 32 kilos, tiene tableta abdominal, el pelo como si cantase en Oasis y unos atributos de los que hablaremos más adelante.

Izan, el muñeco masculino

A pesar de mis reticencias, el reportaje estaba adjudicado para mí desde antes incluso de que abriese el burdel. Quién si no. Yo ya tengo experiencia en intimar con esta especie. Si al final se le iba a salir algún órgano o había otro episodio de gangrena, yo iba a ser el redactor que menos se espantase. Así, faltando a mi promesa, llamé a la agencia y me reservaron media hora para el jueves por la noche.

Pedí hora con Ada, una de las muñecas femeninas. La del pecho más pequeñito, porque si a esta también se le tenía que reventar una teta, mejor que todo fuese rápido y no se saliese mucha cosa. Por lo visto no entendí el mensaje de mi jefe, que me sacó de dudas al rato por teléfono:

—“No, no, David. Tienes que pedir hora con el chico”.

—¿Cómo con el chico?

—Pues con el chico.

—Es que ya he reservado con una muñeca femenina.

—Pues tiene que ser con el masculino.

—Bueno, he pedido la que tiene el pecho más pequeño. Igual nos convalida...

—Con el chico hemos dicho, que es la novedad.

—Ya le he dicho la chica, saben que soy hetero. No creo que cuele que yo pida ahora al hombre y…

—El chico. Y que no te pillen que eres periodista.

Pues el chico. Volví a llamar a la agencia. Para que sonase convincente, les dije que me había venido arriba, que me veía fuerte y que quería hacer un trío. Chico, chica y cretino. En la agencia me concedieron el cambio con grandes vítores, creyendo tal vez que estaba bajo los efectos de la cocaína.

40 euros por cabeza

Luxury Agency Dolls (LAD) está en el barrio de Tetuán, en el 33 de la calle Castilla. Es en un local sin letrero y con una puerta blanca y opaca. Allí me esperaba el jueves por la noche un malagueño muy simpático y atento. No es el muñeco. Es Sergio, el chaval de 24 años que ha montado el negocio con otro socio de su edad.

Lo primero que me gustó es que este burdel es más barato que al que fui el año pasado. Eso lo valoramos mucho los catalanes. El de Barcelona costaba 120 euros. En el de Madrid, 40 por cabeza (de silicona). Si quieres una habitación ‘con sorpresa’ pagas 20 euros más. Así, pagué 100 euros y pedí la chica, el chico y la habitación con sorpresa, que aquí hemos venido a jugar.

En la habitación roja hay todo tipo de juguetes sexualesEn la habitación roja hay todo tipo de juguetes sexuales DLF

Yo iba con reservas. Como esto es más barato, seguro que es un antro cutre. Si en el de Barcelona se les salía una burbujita de silicona del pecho, aquí se le va a salir como para hacer un fuet, iba pensando yo. Qué equivocado estaba, amigo. El burdel de muñecas madrileño es extremadamente molón. Está cuidado hasta el más mínimo detalle. Las instalaciones son modernas, hay música de ambiente y hasta una pequeña barra en el hall para pedirse una copa. Con el servicio entra una consumición. Lo que sí que había en Barcelona y aquí no tienen es una tele con películas porno.

Muñecas a temperatura humana

Un detalle interesante es que en esta agencia calientan a los ‘sex dolls’ antes de que llegue el cliente, para que tenga una temperatura corporal lo más similar a un humano. “¿Y luego también lo limpiáis con una Karcher?”, le pregunté. “No, la limpieza es complicada. Colgamos a los muñecos del techo con unos arneses, limpiamos a fondo todo el cuerpo y luego tenemos herramientas especiales para los orificios. Utilizamos líquidos que son limpiadores exclusivos para estas cosas. Es un trabajo bastante pesado, pero la higiene es máxima”.

Sergio me acompañó a la denominada habitación con sorpresa, conocida como ‘La Habitación Roja’ (como el grupo indie) porque está pintada de ese color. En una pared han colgado todo un muestrario de juguetes sexuales. Lubricantes, esposas, látigos, fustas, dilatadores... y hasta un plumero. “Esto para qué se supone que sirve”, le dije a Sergio. “Para hacer cosquillas”; me aclaró dejándome perplejo. “¿Hacerle cosquillas a una muñeca?” le pregunté. “O muñeco”, me puntualizó él.

Y es que en esta agencia cuidan hasta esos extremos. “Los clientes establecen una relación muy próxima con los muñecos. Muy personal, en serio. Al final, lo importante para nosotros es que tengan todo lo necesario para hacer realidad su fetiche, sea cual sea. Y si son las cosquillas, pues las cosquillas”, me aclaró.

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