Miércoles. 17.01.2018
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20 años sin Ramón Sampedro: lo que queda del pionero de la eutanasia

El 12 de enero de 1998 falleció ingiriendo cianuro. Orquestó un plan en el que participaron once personas. Se mantuvo postrado en una cama durante tres dácadas. La legislación española sigue contemplar esta fórmula para alcanzar la muerte

20 años sin Ramón Sampedro: lo que queda del pionero de la eutanasia
20 años sin Ramón Sampedro: lo que queda del pionero de la eutanasia
20 años sin Ramón Sampedro: lo que queda del pionero de la eutanasia

Según informa Andros Lozano en EL ESPAÑOL, durante meses lo planeó a conciencia desde la cama, situada junto a la ventana por la que imaginariamente era capaz de olvidar la tetraplejía que le aquejaba desde joven y lanzarse al mundo para correr, volar, amar. Ramón Sampedro repartió once llaves entre otros tantos amigos. Al primero le pidió que comprase cianuro. Al siguiente, que lo analizara. Un tercero calculó la proporción de la mezcla. Un cuarto lo cambió de lugar. El quinto lo recogió. El sexto preparó el mejunje que un séptimo lo dejó caer dentro de un vaso. De inmediato, una octava persona colocó la pajita para que, incapaz de mover de cuello hacia abajo, pudiera ingerir el brebaje sin desplazarse. El noveno amigo lo dejó a la distancia exacta para que alcanzase a aspirar aquel líquido. El décimo recogió una carta en la que Ramón se despedía del mundo y que firmó ayudándose de la boca. La última persona apretó el botón de grabar de la cámara de vídeo que registró su adiós. Así, creando una cadena humana en la que cada uno de sus miembros hacía una pequeña acción, impidió que ninguno de ellos fuese acusado de nada por la Justicia.

Ramón Sampedro ingirió el cianuro el 12 de enero de 1998. Este viernes se cumplen 20 años. Pese a que su historia conmovió a los españoles y se llevó al cine de la mano del director Alejandro Amenábar y del actor Javier Bardem, en España sigue sin legislarse en torno a la eutanasia dos décadas después.

El legado de este cruzado gallego sólo pervive en el pueblo en el que nació, Porto do Son (A Coruña). Allí, hasta donde ha acudido EL ESPAÑOL en busca de su huella, aún se conserva intacta la casa en la que vivió, se levantó una escultura en su honor, se instaló una placa en las rocas contra las que impactó al lanzarse al mar desde un acantilado cuando tenía 25 años, y el cementerio de la localidad alberga unos restos que él quería que se incinerasen.

Ramón Sampedro se mantuvo postrado en una cama durante 30 años, tras sufrir un accidente en la playa.

Mientras tanto, la legislación española sigue sin contemplar la eutanasia, aunque sí hay partidos que piensan que ha llegado el momento de debatir sobre ella. En marzo del año pasado el Congreso de los Diputados rechazó una proposición de ley presentada por Unidos Podemos para despenalizarla. Los diputados de las filas socialistas y naranjas se abstuvieron. Los populares votaron en contra.

Tres meses después, en junio de 2017, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y el líder de IU, Alberto Garzón, acordaron presentar una propuesta conjunta para legalizar la eutanasia en España. Ese texto todavía no ha llegado a la Cámara Baja para el posterior debate de sus señorías.

LA CASA, DONDE SE DETIENE EL TIEMPO

Ramón Sampedro nació el 5 de enero de 1943 en Porto do Son. Marino mercante de profesión, amaba el mar bravo de las costas gallegas que lo vieron venir al mundo. Un cuarto de siglo después, en 1968, un día se lanzó de cabeza a ellas desde un acantilado. Aquella ocasión todo salió mal. Las olas retrocedieron de súbito y él chocó contra las rocas. En el accidente se le quebró la séptima vértebra. Quedó tetrapléjico y postrado de por vida en una cama.

Tras su muerte, los forenses encontraron restos de cianuro durante la autopsia del cadáver. Hasta el momento sólo lo sabían sus once amigos. También Ramona Maneiro, la mujer que se enamoró de él durante sus últimos años de vida. Ella le cuidó y le ayudó a conseguir su último deseo, aunque nunca se ha sabido su grado de implicación. Desde entonces su historia personal se conoció en cada rincón de España.

Ramón y Moncha se conocieron en mayo de 1996. Los presentó una amiga en común. "Hace tiempo que quería conocerte", le dijo ella, morena, nerviosa. Moncha, como se le conocía, había visto a Ramón en televisión el día que él cumplía 50 años de vida y 25 de exigencia del derecho a morir con dignidad.

"Me gustaron sus ojos, y me gustó lo que decía. Yo no sabía que evitar el sufrimiento inútil se llamaba eutanasia, pero comprendía bien sus palabras", recerdaba por aquel tiempo la propia Ramona. Desde aquella imagen en televisión no dejó de pensar en él. Moncha confesó que cada noche esperaba que Ramón llamara al programa de radio que ella presentaba en la emisora municipal de Rianxo.

Una cuñada de Ramón Sampedro sigue conservando su habitación del mismo modo que cuando él la habitaba. Continúan sus fotos, sus libros o sus maquetas de barcos.

Hoy, la casa de Ramón Sampedro sigue intacta. En la parte alta se encuentra su habitación. Subir hasta ella es viajar al pasado 20 años atrás. Su cuñada, Manuela Santas, conserva todo en el mismo sitio que ocupaba antes de la muerte de Ramón. Su cama está cubierta por una colcha blanca. En las estanterías y colgadas en las paredes están sus fotos, sus maquetas de barcos, los libros que leyó o los artilugios que inventaba para poder escribir o pasar una página durante sus lecturas mediante un simple giro de cuello.

Acceder a la habitación es volver a un sitio en el que uno alberga la sensación de haber estado antes. Tiene la culpa el cine. Amenábar, en Mar Adentro, supo capturar a la perfección la luz que se colaba por la ventana que Sampedro tenía a su izquierda. Sigue siendo la misma: una cristalera de tres piezas con un persiana a medio abrir.

“Seguimos estando enamorados”, solía repetir Ramona Maneiro a todo el que le preguntaba pasado el tiempo. Él, desde donde esté. Y yo, desde aquí”

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