miércoles 14/4/21

Smart Contracts o cómo hacer “inteligentes” nuestros contratos

La informática y el desarrollo de las tecnologías avanzan a gran velocidad y abarcan cada vez más ámbitos de nuestras vidas
Smart Contracts o cómo hacer “inteligentes” nuestros contratos, blockchain
Smart Contracts o cómo hacer “inteligentes” nuestros contratos

¿Quién no tiene un teléfono “inteligente” (o smartphone)  a menos de un metro mientras lee este artículo? Seguro que casi todos ¿Y quién se habría imaginado hace no más de veinte años que casi todos tendríamos un ordenador que nos cupiese en el bolsillo? Seguro también que casi nadie.

La informática y el desarrollo de las tecnologías avanzan a gran velocidad y abarcan cada vez más ámbitos de nuestras vidas. Ya nadie se imagina su vida sin poder “whatsappear” o sin poder leer el periódico a través de una pantalla. Estamos acostumbrados a ver adjetivos como “inteligente”, “online”,  “digital”  o “electrónico” acompañando a los sustantivos que denotan las tareas que realizamos o los objetos que usamos en nuestro día a día. 

Algo tan presente en la sociedad desde tiempos inmemoriales como es el mero hecho de establecer un contrato no iba a ser menos.

Pero, ¿qué entendemos por contrato? Pues bien, un contrato no es más que un acuerdo legal entre dos o más partes que se comprometen a respetar y cumplir una serie de condiciones. Desde nuestro contrato laboral hasta el contrato con la compañía del agua, todos se ajustan a esta definición.

La idea de contrato inteligente (en inglés smart contract) consiste en materializar este acuerdo pero a través de un programa informático, evitando intermediarios. Al igual que en un contrato oral o por escrito, las personas implicadas determinan las cláusulas y condiciones que quieren incluir en su acuerdo. Sin embargo, esta información es representada y almacenada como el código de un programa interpretable por un ordenador, que se encarga de que se cumpla de manera automática lo estipulado. 

Por ejemplo, una máquina vending podría ilustrar esta idea: la máquina está programada para darnos un refresco a cambio de un euro, y sólo si introducimos este importe (es decir si cumplimos unas condiciones) se nos dará un refresco (nos beneficiaremos de otras), todo ello sin necesidad de un intermediario humano.

Sería lógico que no nos inspirase mucha confianza dejar en manos de un ordenador algo tan importante como nuestro contrato laboral o el contrato que tenemos con el banco, ya que cuando hablamos de dinero nadie se fía de nadie a la ligera. Sin embargo, los contratos inteligentes nos ofrecen incluso más garantías que los tradicionales, algo que se consigue gracias a dos de sus propiedades fundamentales: son inmutables y descentralizados.

Inmutables porque una vez establecido el contrato nadie lo puede cambiar y descentralizados porque su validación recae sobre una inmensa red de usuarios conectados.

Aquí es donde entra la tecnología blockchain, que también es otro de estos conceptos informáticos que está de moda. Traducido desde el inglés, blockchain quiere decir cadena de bloques, y esa es su idea fundamental. Una serie de bloques que representan transacciones u operaciones de cualquier tipo que son almacenadas en una red de ordenadores distribuida por todo el mundo y que deben ser validadas por todos los usuarios conectados a la red para que se hagan efectivas. Así, si alguien quiere cambiarnos los términos de nuestro contrato, este cambio debería ser validado por infinidad de usuarios, lo cual es prácticamente imposible y nos da esa seguridad que hace que cada vez más usuarios en todo el mundo estén empezando a confiar en los smart contracts.

Nadie puede predecir con exactitud el futuro, pero hechos como que el pasado mes de marzo se establecieran más de dos millones de smart contracts en todo el mundo, dejan claro que esta idea no es una moda pasajera.

Artículo elaborado por:

Arturo Acuaviva Huertos

Boris Carballa Corredoira

Javier Guzmán Muñoz

Beatriz Herguedas Pinedo

Pablo Hernández Aguado

Jorge Villarrubia Elvira

Juan Carlos Villanueva Quirós

Estudiantes de Quinto Curso del Doble Grado en Ingeniería Informática y Matemáticas en la Universidad Complutense de Madrid.

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