domingo 24.05.2020

Apoyo espiritual y cercanía para animar a los que están en primera línea

En especial, los sacerdotes de los hospitales tienen estos días una importante misión: ofrecer apoyo espiritual, atención y acompañamiento a quienes lo necesitan y así lo cuentan
Fotografía facilitada por el capellá del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, Rafael Torregrosa, que ha sido entrevistado por Efe
Fotografía facilitada por el capellá del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, Rafael Torregrosa, que ha sido entrevistado por Efe

El coronavirus ha modificado nuestras costumbres y restringido nuestra libertad de movimientos, un escenario ante el cual mantener el contacto y la cercanía con la gente supone todo un reto, pero también una auténtica inyección de ánimo para pacientes, familiares y profesionales sanitarios que luchan en primera línea de batalla y que estos días están recibiendo un importante apoyo espiritual.

En especial, los sacerdotes de los hospitales tienen estos días una importante misión: ofrecer apoyo espiritual, atención y acompañamiento a quienes lo necesitan y así lo cuentan, mediante entrevistas telefónicas con la Agencia Efe, los capellanes del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, Rafael Torregrosa, y del Hospital Universitario de Guadalajara, Jesús Francisco Andrés.

En Toledo se mantiene abierta la capilla del hospital, por la que habitualmente pasa mucha gente, “aunque ahora menos por seguridad”, señala Torregrosa.

Si bien, destaca que no se celebra misa ni rosario y que para permanecer en ella hay que cumplir una serie de medidas, como entrar con guantes y mascarilla y guardar una distancia mínima de dos metros si se está con otra persona.

En Guadalajara sí se siguen celebrando misas, pero sin público, y se hacen “por el sentido que tiene la eucaristía”, indica Andrés y remarca que se aprovecha para pedir por todos.

Tanto en el Hospital de Toledo como en el de Guadalajara hay tres capellanes que hacen turnos de 24 horas y explican que, con la pandemia, han tenido que reinventar su labor.

Sus funciones ahora se centran en ir a los controles de Enfermería para animar al personal y también están disponibles para hablar con todos aquellos que se acercan a la capilla o hasta el despacho.

Asimismo, en “casos extremos” y desde la puerta de la habitación, dan la absolución a los pacientes, tomando para ello “las medidas adecuadas: bata, mascarilla, guantes, y gafas”, ya que “el gran hándicap” de quienes están en los hospitales es “no ser luego transmisores” del virus, subraya Torregrosa.

En la capital de Castilla-La Mancha, los capellanes han propuesto tres cosas a la Gerencia del hospital que ya se están llevando a cabo. La primera de ellas, que su teléfono –cuyo número se puede encontrar en la página web del Arzobispado- tenga “conexión directa al busca”, de manera que quienes están fuera pueden llamarlos para resolver dudas o para que vayan a visitar a algún familiar suyo.

Además, se han dado casos de pacientes en urgencias, cuyas familias no tienen comunicación con ellos, de manera que se han aprovechado tabletas y teléfonos móviles donados por particulares para ponerlos en contacto “con manos libres y videconferencia”, recalca.

Para ello, cubren con papel film los aparatos –que los enfermos no tocan, ya que los sujetan los capellanes o el personal sanitario- y, una vez utilizados, se retira el plástico y se limpian las tabletas con agua y lejía para poder usarlas de nuevo.

“Se saludan, ven cómo están y se tranquilizan”, resalta Torregrosa y agrega que en casos en los que la enfermedad está muy agravada no pueden hablar porque les produce “mucha agitación”.

En tercer lugar, se ha planteado que la familia deje a los capellanes útiles de aseo que después ellos entregan en planta a las enfermeras y auxiliares.

Sostiene que “se agradece toda ayuda”, que esta crisis “ha roto las limitaciones de individualismo” y ha hecho que “colaboremos sí o sí”, al tiempo que ha despertado “mucha solidaridad y gestos más humanos” que, “frente a la tensión y el miedo”, animan a seguir adelante en esta lucha.

Por su parte, Andrés incide en que Guadalajara es una zona donde “es más fácil conocer a la gente que en las grandes ciudades” y en que, antes de la pandemia, podían pasear libremente por los pasillos, entrar a las habitaciones, llevar la comunión a los enfermos y estar más con ellos y con sus familiares.

Sin embargo, en los últimos días la “vida cotidiana en el hospital” se ha trastocado: “Nos movemos lo imprescindible”, aunque si alguien quiere confesión o que le den la unción de enfermos, “vamos y los atendemos, siempre protegidos y con el cuidado que tienen los profesionales”, dice el capellán, quien asegura que “una de las cosas más duras” es ver fallecer a personas y que no puedan estar acompañadas por sus familias.

Afirma que en Guadalajara no se ha ofrecido a los enfermos la opción de contactar con sus familiares a través de tabletas porque -hasta donde él sabe- no se ha dado el caso de tener a un paciente “totalmente incomunicado” y entiende que “quien más quien menos” tiene un teléfono móvil.

Bromea acerca de que cuando visitan a una persona infectada por coronavirus lo hacen vestidos “con el traje de Star Wars” y que no tienen el tiempo tasado para estar con ellos, pero intentan que sea “lo mínimo y manteniendo la distancia”.

Relata que los sanitarios le dicen: “Señor cura, rece usted, que tiene enchufe” o “a ver si Dios hace un milagro” y que le demandan “algo tan sencillo como cercanía”.

Andrés recuerda que para afrontar el coronavirus no hay “recetas mágicas” porque si las hubiera “esto ya se hubiera curado”, pero resalta la importancia de dejar que los profesionales se desahoguen, de animarlos, valorarlos y de hacer que su trabajo tenga sentido respetando su labor.

Más información en vídeos 
Comentarios