miércoles 20.11.2019

Las superbacterias o bacterias resistentes, unas supervillanas a derrotar con conciencia social

son un verdadero problema de salud pública que puede amenazar a la humanidad si no tomamos conciencia social y actuamos usando los medicamentos de forma responsable
Las superbacterias o bacterias resistentes, unas supervillanas a derrotar con conciencia social
Las superbacterias o bacterias resistentes, unas supervillanas a derrotar con conciencia social

Las superbacterias o bacterias resistentes a los antibióticos son un verdadero problema de salud pública que puede amenazar a la humanidad si no tomamos conciencia social y actuamos usando los medicamentos de forma responsable.

Así lo defiende Albert Figueras, médico y profesor de Farmacología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que plantea esta preocupación científica en su libro "SuperBacterias. Una inmersión rápida" (Tibidabo Ediciones).

En una entrevista con Efe, el doctor Figueras explica que las superbacterias son microorganismos unicelulares multirresistentes a los antibióticos que no conocen fronteras y "que se han convertido en un problema de todos".

Solo en EE. UU., cita el profesor, más de dos millones de personas adquieren una infección por una bacteria resistente cada año y unas 23.000 fallecen por su causa.

"Nadie se encuentra a salvo de ellas" y "ganar esta batalla depende sobre todo de comprender cómo se crea una superbacteria y del establecimiento de una legislación estricta en cuanto al uso de antibióticos en medicina, agricultura y ganadería", argumenta.

En el libro, se abordan las bacterias y su relación con el ser humano, se describe cómo la medicina ha aprendido a identificar y tratar las enfermedades infecciosas y se detalla de qué manera las bacterias han evolucionado para lograr sobrevivir en un ambiente hostil con antibióticos que amenazan su supervivencia.

El farmacólogo recuerda que esta situación no es nueva y que antes del año 1935, hace apenas 80 años, cualquier bacteria patógena humana era una superbacteria y podía causar enfermedades y muerte.

Fue gracias al trabajo del microbiólogo alemán Gerhard Domagk, que descubrió los efectos del colorante derivado de las sulfamidas Prontosil, y del doctor Alexander Fleming, entre otros científicos, que esta situación cambió drásticamente para bien a mediados del siglo XX.

"La era de los antibióticos, que tras las primeras sulfamidas y la aplicación clínica de la penicilina llegó a su esplendor en las tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, puso a disposición de la humanidad decenas de 'pociones mágicas' para derrotar esas superbacterias", relata el autor en su libro.

Ahora, en el siglo XXI, parece que "corremos el peligro de estar tan desamparados como lo estaban nuestros congéneres mil años atrás, sucumbiendo tanto a la epidemia de turno, ya fuera la peste o el cólera, como muriendo a causa de una infección aparentemente banal", según Figueras.

Para hacer frente a las superbacterias es clave, dice, la higiene: "Lavarnos las manos es vital: solo con este gesto nos podríamos ahorrar muchas infecciones".

También es básico tomar conciencia de que los antibióticos se han de tomar según las indicaciones de los médicos, nunca por nuestra cuenta, y siempre "al pie de la letra y sólo cuando sea estrictamente necesario e imprescindible".

"Si dejamos de tomar el antibiótico antes de finalizar los días que ha establecido nuestro médico, algunas de las bacterias no morirán y se harán resistentes, con lo que en el futuro podemos estar en peligro", alerta.

A este respecto, Figueras recuerda en su libro que, cuando Fleming fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, junto con Howard E. Florey y Ernest B. Chain por el descubrimiento de la penicilina en el año 1945, ya alertó durante su discurso en Estocolmo del peligro de dejar a medias un tratamiento.

"Llegará el día -dijo Fleming- en el que cualquiera podrá comprar penicilina en las tiendas. Cuando eso suceda, habrá el peligro de que el ignorante tome una dosis baja, de modo que, al exponer sus microbios a cantidades no letales del medicamento, los haga resistentes".

Además de reclamar acciones que permitan un control estricto del uso y abuso de los antibióticos, en su libro Figueras también informa sobre algunas líneas de investigación para hacer frente a las superbacterias, como el TRDA, un test rápido de detección de antígenos, o el antidepresivo fluoxetina (más conocido como Prozac), que se investiga por su hipotético efecto modulador de la actividad antibacteriana.

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