miércoles 16.10.2019

La jefa de los forenses del 11M: Fue un trabajo extraordinario. No podía haber fallos

Carmen Baladía era la directora del Instituto Anatómico Forense de Madrid el 11M y sobre las ocho de la mañana supo por la radio que había varios muertos en diferentes explosiones de trenes en al capital

La jefa de los forenses del 11M: Fue un trabajo extraordinario. No podía haber fallos - EFE
La jefa de los forenses del 11M: Fue un trabajo extraordinario. No podía haber fallos - EFE

La mañana del 11 de marzo de 2004 era la jefa de los forenses madrileños y, al ver la magnitud de la tragedia, lo tuvo claro: lo fundamental era no cometer errores en la identificación. Y lo consiguió, creando un protocolo sobre la marcha que resultó "extraordinario" internacionalmente.

Carmen Baladía era la directora del Instituto Anatómico Forense de Madrid el 11M y sobre las ocho de la mañana supo por la radio que había varios muertos en diferentes explosiones de trenes en al capital.

Comenzó a recibir llamadas y tomó la primera decisión de las muchas que afrontó durante las 40 horas que estuvo trabajando sin parar: irse corriendo al Anatómico, en lugar de al juicio que tenía marcado, para dirigir las autopsias.

Gran parte de su equipo -ese día lideró a más de 60 forenses- se presentó allí motu proprio mientras subía el número de fallecidos, y ahí participó en otra decisión relevante: con las necesidades que expusieron ella y el entonces jefe de Policía Científica, Carlos Corrales, las autoridades decidieron llevar los cadáveres al Ifema.

"Así empezó todo", recuerda hoy, 15 años después, en una entrevista con EFE: "Lo que más me preocupaba es que no hubiera errores en la identificación, que fuese indubitada al cien por cien, y que las familias recibieran los cuerpos de sus seres queridos con la mayor integridad posible".

A las nueve de la noche del mismo día 11, Baladía y su equipo empezaron a entregar cadáveres a varias familias, y el 12 de marzo tenían identificados 156 cuerpos de los 192 totales. El resto se tuvo que identificar por ADN debido al estado de los cuerpos y su trabajo acabó una semana después.

"Se hizo un trabajo en tiempo y forma extraordinario. Somos la envidia del resto del mundo en la gestión de este tipo de tragedias", explica la responsable entonces del operativo forense, que reconoce que el trabajo de aquellos días valió para afrontar mejor tragedias posteriores como la de Spanair, en la que los cadáveres fueron directamente al Ifema y se organizaron de forma similar.

El 11M Carmen Baladía tuvo que idear "un protocolo sobre la marcha", y por ejemplo acordó junto al jefe de la Policía Científica colocar los cadáveres por lugar de procedencia, en unas filas encabezadas por carteles hechos a mano.

A cada cuerpo que entraba se le ponía en un cartel el número de llegada, una C de catástrofe y por ejemplo una P de el Pozo o T de Téllez. Al pasar a la sala de autopsias se hacía un control mediante foto y la colocación de una etiqueta con los datos, y antes de salir de esa sala se volvía a comprobar todo.

Estas ideas surgieron, según pensó luego la forense, gracias a la buena formación de los médicos españoles, entre ellos los forenses, "que hace que las herramientas mentales que has adquirido a lo largo de los años se pongan en funcionamiento".

"Al principio tuve una tempestad tanto emocional como física, de querer hacer... pero luego te serenas y racionalizas y no sabes cómo empieza a salir cosas y es como cuando caminas, que no nos fijamos si primero ponemos un pie y luego otro", reconoce.

También optó por rechazar a muchos voluntarios que le brindaron apoyo "para no descontrolar la situación", así como, aconsejada por la Policía, ordenar que nadie contestase las llamadas que se recibían sin parar en los móviles de los fallecidos.

Otra decisión que se tomó en los días siguientes a los atentados, una vez entregados la mayoría de los cuerpos, fue el traslado del equipo forense al cementerio de la Almudena, porque hacían falta frigoríficos para que no se estropeasen las muestras, como había pasado en los atentados del 11S, y porque consideraron que hacía falta un sitio más recogido para las familias que aún esperaban y "necesitaban poder llorar y tener intimidad".

En todas aquellas horas de intenso trabajo Carmen Baladía vivió momentos "emocionalmente muy difíciles", que trata de entender por los nervios lógicos de las familias.

Ella asumió la labor de enseñar las fotos de los fallecidos a las familias, y una madre la llamó "asesina" al considerar que ella formaba parte del Gobierno y por tanto era culpable en parte de los atentados.

Tras más de 40 horas de trabajo ininterrumpido, que retomó otra vez en los días siguientes, Baladía llegó a su casa y fue recibida por su marido y sus hijos, y éstos la abrazaron fuerte.

"Después de tanto frío, de tanta muerte, de tanta desolación parece que todavía hoy noto la calidez de mis hijos" relata emocionada, ya que pensaba "cuántas madres ya no tendrían aquel abrazo". Fue un momento crucial en su carrera y en su biografía.

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