martes 25.02.2020

Andalucía, Cataluña y Castilla-La Mancha ya acogen a los 15 inmigrantes del Open Arms

Castilla-La Mancha acoge dos de ellos
Andalucía, Cataluña y Castilla-La Mancha ya acogen a los 15 inmigrantes del Open Arms
Andalucía, Cataluña y Castilla-La Mancha ya acogen a los 15 inmigrantes del Open Arms

Fueron varias las comunidades que se ofrecieron a acoger a los 15 inmigrantes rescatados por el Open Arms que llegaron a España a bordo del buque Audaz a finales de agosto, pero finalmente será en tres donde emprendan su largo camino hacia la integración: Andalucía, Castilla-La Mancha y Cataluña.

Los 15, catorce hombres y una mujer, forman parte ya del sistema de acogida de protección internacional, puesto que todos manifestaron su intención de solicitarla una vez llegaron al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de Crinavis-San Roque, el primero que pisaron cuando desembarcaron en esta localidad gaditana.

Posteriormente, fueron trasladados al Centro de Estancia Temporal El Campano, en Chiclana de la Frontera, inaugurado el año pasado como complejo para acoger extranjeros con una capacidad de 500 plazas.

En este tiempo, comunidades como Andalucía, Cataluña, País Vasco, Extremadura o Cantabria han ido mostrando su disposición para acoger a estas personas.

Pero, al final, han sido derivados a tres: diez a Andalucía, tres a Cataluña y dos a Castilla-La Mancha, donde serán atendidos por profesionales de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Cruz Roja y Accem.

CEAR se hace cargo desde el pasado 9 de septiembre de acompañar a diez hombres en Andalucía y Cataluña. A partir de ahora, la organización les guiará en su itinerario de integración, cuya duración es de 18 meses, ampliable a 24 para los casos de mayor vulnerabilidad.

Un itinerario en el que el primer paso es hacerles un chequeo médico y comprobar su estado de salud, así como tramitar la documentación necesaria para que reciban asistencia sanitaria, comenta a Efe la directora de Programas de CEAR, Mónica López.

"Las primeras semanas son de aprendizaje porque ellos vienen de un proceso muy complejo, y hay que ver cómo se encuentran física y psicológicamente", argumenta.

En los operativos de acogida "se les ofrece un alojamiento, orientación sobre protección internacional, clases de español, actividades culturales o mediación, ya que normalmente son casos especialmente vulnerables, sobre todo las mujeres, que suelen ser sometidas a algún tipo de violencia", añade Miguel Domingo, portavoz de Cruz Roja en Andalucía.

A partir de ese momento, continúa López, "es fundamental que empiecen a trabajar el tema del idioma para poder ir planificando después otro tipo de acciones encaminadas a la búsqueda de empleo, a la formación...".

Paralelamente a todo ello, tendrán que formalizar su solicitud de asilo, cuya resolución puede tardar meses; es a partir de los seis primeros desde que formalizan la misma cuando tendrán el permiso que les permitirá empezar a trabajar.

De ahí que desde CEAR vuelvan a insistir en la importancia de "trabajar el idioma, puesto que ninguno es hispanoparlante", ya que 4 proceden de Eritrea, 3 de Sudán y otras 3 de Gambia, 2 de Ghana, una de Nigeria, otra de Liberia y una última de Etiopía.

Cuando concluye su estancia en el dispositivo de acogida, los inmigrantes que necesiten seguir recibiendo apoyo entran en una segunda fase diseñada para que alcancen su autonomía e independencia.

Mientras llega la resolución de su demanda de asilo, los solicitantes no podrán abandonar España, pero cuando consigan por fin la tarjeta que les reconoce como beneficiarios de algún tipo de protección, gozarán de la misma libertad de movimientos que cualquier ciudadano extranjero no europeo.

Si es desfavorable, explica López, se les entrega una resolución en la que se les informa de que deben abandonar el territorio nacional en un plazo determinado, "lo que significa que se ha quedado como inmigrante irregular en ese país, y si le paran en un control, le pueden incoar un expediente de expulsión, pero no es una expulsión directa".

Con todo, finalizar el proceso no implica que las organizaciones vayan a cerrarles las puertas si lo siguen necesitando. "Evidentemente, muchas son personas que siguen manteniendo ciertas vulnerabilidades. Nunca se les pierde la pista", concluye Domingo.

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