miércoles 15.07.2020

30 años de misiones en el exterior: Cuando las Fuerzas Armadas salieron del cascarón

Desde 1989, 177.000 españoles han participado en unas 80 misiones en cuatro continentes lideradas por la OTAN, la ONU, la UE o algún país aliado
El teniente general José Fernando López del Pozo es el responsable del Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa
El teniente general José Fernando López del Pozo es el responsable del Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa

Es de noche y las luces están apagadas. Tras despegar de Mali y sobrevolar el norte de África, el avión se dispone a aterrizar en Torrejón. A bordo, casi entre susurros, el teniente general José Fernando López del Pozo atiende a Efe mientras todo el mundo descansa de un día intenso visitando a las tropas.

Es el responsable del Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa, el órgano encargado de gestionar todas las misiones en el exterior. López del Pozo ha estado en tres, Bosnia, Irak y Líbano, de las que guarda recuerdos agridulces y en las que cree firmemente.

Desde 1989, 177.000 españoles han participado en unas 80 misiones en cuatro continentes lideradas por la OTAN, la ONU, la UE o algún país aliado. Estas operaciones, afirma el teniente general en esta entrevista con motivo de su 30 aniversario, sacaron en su momento a las Fuerzas Armadas del cascarón y son la manera de que se sientan útiles.

Pregunta.- ¿Qué suponen las misiones en el Ejército?

Respuesta.- Han tenido un efecto muy importante para las Fuerzas Armadas, que realmente salen de su cascarón cuando empiezan a salir del territorio nacional. Estaban metidas entre la piel de toro y haciendo instrucción para un hipotético ataque a España y eso se quedaba claramente corto. Está muy bien hacer maniobras, pero de la nada a estar en combate hay un intervalo muy grande en el que se pueden hacer muchas cosas. Si no se utiliza una institución, al final, como un miembro, se anquilosa.

P.- ¿Qué han aprendido en ellas los militares españoles?

R.- Se produjo un aumento de autoestima cuando fuimos fuera y empezamos a ver que no éramos tan malos como nos creíamos. Teníamos los medios que teníamos, pero otros países con más medios conseguían menos rendimiento. No éramos los últimos de la fila y eso favoreció las ganas de seguir progresando y buscar áreas de mejora.

P.- Muchos ven las misiones como algo lejano e inútil, ¿qué aportan al ciudadano de a pie?

La seguridad es un intangible hasta que la pierdes. No te das cuenta de que vives en un sitio seguro hasta que empiezas a tener miedo de salir a la calle. Al final las Fuerzas Armadas lo que proporcionan es seguridad, lo que hacen es disuadir. Para eso necesitas estar preparado y que los demás sepan que estás preparado. El español no es consciente de que su seguridad es en parte por las Fuerzas Armadas. Las misiones nos permiten combatir el terrorismo, y lo estamos combatiendo en Irak y en Afganistán. Estamos también en misiones que buscan mejorar la capacidad de los ejércitos de otros países para evitar que exporten inseguridad. Y por último en aquellas misiones de disuasión, como en Letonia y Lituania: damos una señal de que estamos ahí, que son aliados de la OTAN y no queremos que nadie se meta con ellos.

P.- ¿Cómo han evolucionado estas operaciones internacionales?

R.- Las primeras eran prácticamente de llevar auxilio a la población civil. Ese tipo prácticamente han desaparecido y estamos más en esa línea de enseñar a pescar, que serían las de entrenamiento; de estar en algún sitio para que no ocurra algo, las de disuasión, y de la lucha contra el terrorismo en sitios muy concretos. Entrenar, estar y luchar son las tres grandes líneas.

P.- ¿Y hacia dónde van?

R.- Veo estabilidad, continuidad del modelo. De las primeras misiones a ahora ha habido una clara evolución a incremento del número. Al principio estábamos en un par de ellas grandes y se han ido multiplicando en número y haciéndose más pequeñas: menos efectivos en más sitios. Creo que eso va a seguir así.

P.- ¿Qué diferencia a los militares españoles?

R.- En general creemos que empatizamos mejor con las sociedades en las que estamos. Vamos a los sitios con humildad, con ganas de congeniar y llevarnos bien con la gente y hacemos unas aproximaciones muy directas que son muy bien recibidas. Eso facilita las misiones, donde se trata de colaborar, no de enfrentarse. Hace que tengamos resultados más rápidamente que otros. En cambio, lo que no hacemos es grandes apoyos de tipo económico y ese efecto se puede diluir, pero ahí queda.

P.- ¿En qué pueden mejorar?

R.- Hay un problema bastante endémico nuestro que es el de los idiomas, ahí nos ganan muchos otros contingentes. Es un problema de educación nacional. Nos falla el inglés. Tras muchos esfuerzos lo hablamos regular y un idioma que teníamos hace 40 años extendido, que es el francés, ahora es difícil encontrar a gente que lo hable. Son los dos idiomas que más falta hacen en las misiones, aunque también deberíamos saber árabe. Ahí hay un margen claro de mejora.

P.- De su experiencia en tres misiones, ¿qué momentos atesora como los más bonitos y cuáles recuerda más tristes?

R.- Como recuerdo bonito, en el Líbano la población nos tenía mucho aprecio. Te recibían muy bien, ibas a las casas y sentías el cariño de la gente. Y el recuerdo peor de todos fue en Irak. Tuvimos una baja, un comandante de la Guardia Civil. Fue alcanzado por un disparo y al final falleció. En el momento en el que me dijeron que estaba herido, yo creía que había vuelto a la base. Fue un choque porque creía que todo estaba bien y resultaba que no, que había un problema que le costó la vida al comandante. Pérez García se llamaba, Gonzalo Pérez García.

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