domingo 20.10.2019

El detenido por asesinar a Mimi se defiende hundiendo la reputación de la joven

El único sospechoso basa parte de su argumento de defensa en apuntar a la supuesta promiscuidad de la joven para justificar que otro hombre la habría asesinado
El detenido por asesinar a Mimi se defiende hundiendo la reputación de la joven
El detenido por asesinar a Mimi se defiende hundiendo la reputación de la joven
Según informa en exclusiva Nacho Abad en El Confidencial, a Miriam la están volviendo a asesinar. Es lo que siente su familia. Sus padres no han terminado el duelo de su pérdida y ahora tienen que contemplar cómo se destruye su imagen y su personalidad sin poder decir nada. Sergio, el único sospechoso, que se encuentra en prisión provisional sin fianza, está construyendo su defensa sugiriendo que la víctima era promiscua.

Miriam era trabajadora, vital, alegre, honesta, extrovertida, positiva y lograba siempre animar a los amigos con su energía. Le gustaba ayudar. De hecho era voluntaria de protección civil. Y no, no era promiscua, pero Sergio en su defensa saca la bandera de que tenía una vida sentimental agitada. ¿Por qué lo hace? Para sugerir que en su pasado pudo dejar algún corazón roto con ganas de venganza, mucha. E ira. Porque su cuerpo presenta 90 puñaladas, algunas pequeñas, pero 90. ¿Pruebas que sustenten esta hipótesis? Cero, no aporta ninguna prueba. En cualquier caso, ¿cuántos novios son demasiados socialmente a los 25 años? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Quién lo juzga y quién lo decide? ¿Cuántas veces te puedes equivocar al elegir pareja sin que te arrecien los adjetivos machistas? Pues así ha elegido el acusado reivindicar su inocencia, sobre la base del machismo.

Para pedir salir de la cárcel, plantea a la juez instructora el siguiente argumento: “La víctima rechazó seguir el juego de coqueteo que le propuso un compañero de trabajo, quien está casado y tiene un hijo, circunstancia que, quién sabe, quizá pudiera ser indiciariamente relevante para determinar la responsabilidad penal de los hechos”. ¿Seguir coqueteando? Es decir que lo hizo. ¿Quién asegura que coqueteó? ¿El hombre? ¿La amabilidad es coqueteo? ¿Cuánta amabilidad hace falta para coquetear? El planteamiento rezuma machismo, pero además es fútil desde un punto de vista criminológico, un tiro al aire.

Sergio no fue detenido porque pasaba por allí. Los investigadores de homicidios de la Guardia Civil trabajaron incansablemente. Miriam, la noche de su salvaje asesinato, llevaba camiseta de tirantes, una camiseta normal encima, la sudadera, abrigo y bufanda. Su asaltante se aprovechó de la oscuridad y con cobardía, la atacó por la espalda. Con una mano la agarró de la ropa por la parte de atrás para retenerla y con la otra comenzó a acuchillar. Fue tan fuerte el tirón que el asesino se llevó su bufanda y trozo de pelo. Para no cortarse la mano, el criminal, usó un cuchillo de monte, con reborde de plástico que hace tope al empuñarlo. Así no se desliza y no hiere al que apuñala. Un testigo, sobre la hora en la que los investigadores creen que se cometió el homicidio, escuchó a 700 metros de distancia como una chica gritaba “Dejadme, soltadme”, pero es incapaz de saber si la que gritaba era Miriam o una persona diferente de la urbanización de al lado. En cualquier caso a los que no escuchó ladrar fue a los cuatro perros que había sacado a pasear.

Esta es la zona entre urbanizaciones en la que se encontró el cuerpo.

La víctima cayó al suelo boca arriba. Todavía vivía. Su agresor se arrodilló junto a su cabeza y siguió asestándole cuchilladas en la parte superior del pecho y en el cráneo hasta que se le rompió la hoja. Quizá fue eso, o que escuchó música, pero el asesino huyo sin que nadie le viera. Dos chicos la encontraron en el suelo. Estaba tan oscuro que eran incapaces de ver la sangre. Llamaron al 112 a pedir ayuda. La comunicación quedó grabada y se escuchan perfectamente los ladridos de los perros ante dos desconocidos que trataban de ofrecer auxilio a la joven.

Por cierto que allí, tirado en el suelo, estaba el móvil de la víctima. Cubierto de sangre. Nadie, ni los testigos ni los sanitarios lo tocaron. En realidad nadie lo hizo. De haberlo hecho, habría quedado alguna huella en el móvil, o un restregón si llevaba guantes. No había nada. Aún así Sergio, para pedir su libertad, asegura que el teléfono de la víctima fue manipulado y se borraron mensajes. Falso. “Para defender a un presunto asesino no debería estar permitido mentir y destruir la reputación de la víctima”, apunta enfadada una persona del entorno familiar.

Lo que decantó la investigación hacia Sergio fue la presencia de ADN suyo, mezclado (y este dato es muy importante) con el de Miriam. ¿Dónde lo hallaron? En la etiqueta de la sudadera, justo el lugar donde echó mano el asesino para retener a su víctima mientras con la otra le perforaba la espalda una y otra vez.

Ahora la jueza instructora espera el resultado de las muestras tomadas en la ropa de Sergio. Durante el registro de la casa de los padres, el perro de la Benemérita se volvió loco oliendo el abrigo marrón del joven y otras prendas. También marcó alguna zona del vehículo. Los resultados no tardarán en llegar.

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