El preocupante estado de Sofía tras sufrir duras pérdidas: "No levanta cabeza"

El preocupante estado de Sofía tras sufrir duras pérdidas: "No levanta cabeza"
La Reina Sofía afronta un duelo encadenado tras la muerte de su hermana Irene de Grecia y la de su íntima amiga Tatiana Radziwill, en apenas semanas. La periodista Pilar Eyre advierte de un ánimo frágil y de una emérita cada vez más anclada a los recuerdos, mientras Zarzuela prepara su vuelta paulatina a la agenda.

La reina Sofía atraviesa en Madrid uno de los tramos más delicados de los últimos años: el 15 de enero de 2026 murió en el Palacio de la Zarzuela su hermana Irene de Grecia, a los 83 años, y el golpe llegó cuando aún no se había repuesto del fallecimiento de Tatiana Radziwill —su confidente y “familia elegida”— el 19 de diciembre de 2025, a los 86. La concatenación de ausencias ha reactivado la preocupación por el estado anímico de la emérita y por cómo está gestionando un duelo que se ha vuelto recurrente en su entorno más íntimo.

En ese contexto, la periodista Pilar Eyre ha puesto el foco en una Sofía “sin red” emocional, debilitada por pérdidas que no son solo biográficas, sino estructurales: personas con las que compartía vida diaria, rutinas y memoria familiar. En una intervención difundida estos días, Eyre resume el momento con una frase rotunda —“no levanta cabeza”— y lo enmarca en un patrón de “pérdidas y ausencias” que empujan a la reina a vivir más en el pasado que en el presente, según su relato.

A la crudeza del luto se sumó la exposición pública de los funerales: primero en Madrid, en un adiós marcado por la cercanía de la familia y por la simbología de Zarzuela como último refugio compartido de las dos hermanas; después en Grecia, donde Sofía fue vista especialmente afectada durante el enterramiento en Tatoi, en un ceremonial que devolvió a primer plano su vínculo de origen con la familia real helena.

Una pérdida “doméstica”: Irene, la hermana que estaba en casa

Irene de Grecia no era solo un parentesco institucional. Era, en la práctica, la presencia constante en el día a día de Sofía: convivían y se acompañaban desde hace décadas, con una relación descrita con frecuencia como inseparable. Por eso, el fallecimiento a las 11:40 del 15 de enero en Zarzuela fue leído en su entorno como un antes y un después: la emérita perdía a la persona que, puertas adentro, funcionaba como compañía estable, confidente y último puente directo con su infancia y juventud.

El comunicado oficial situó el hecho en términos institucionales, pero el impacto emocional era evidente: Irene había ido perdiendo presencia pública en los últimos tiempos y su deterioro se comentaba en ámbitos próximos, lo que convirtió el desenlace en un golpe esperado, sí, pero no por ello menos devastador para su hermana.

Tatiana Radziwill, la “hermana elegida” que completaba el círculo

Apenas unas semanas antes, el 19 de diciembre de 2025, murió en París Tatiana Radziwill, una figura discreta y muy cercana a la reina. Distintos medios la describieron como su amiga inseparable durante más de seis décadas, hasta el punto de ser considerada por Sofía como “casi una hermana”. Su fallecimiento, tras años complicados por un ictus que afectó a su movilidad, dejó a la emérita sin una de sus apoyos emocionales más estables fuera de la estructura estrictamente familiar.

La doble pérdida —Irene en casa y Tatiana como refugio afectivo exterior— explica por qué el diagnóstico público sobre el ánimo de la emérita se ha endurecido: ya no se trata de un duelo puntual, sino de la ruptura casi simultánea de dos pilares que sostenían su cotidianeidad.

Qué dice Pilar Eyre: “pérdidas y ausencias” y una reina volcada en la memoria

El análisis que más ha resonado es el de Pilar Eyre, que dibuja una Sofía en fase de repliegue, afectada por la acumulación de despedidas y por una tendencia a refugiarse en lo vivido. En piezas y comentarios recogidos esta semana, Eyre habla de una emérita vulnerable, con un estado anímico tocado, y describe un patrón emocional marcado por el recuerdo constante de quienes ya no están.

Sin entrar en diagnósticos médicos —que no han sido comunicados oficialmente—, el foco del relato de Eyre está en el desgaste emocional: el tipo de soledad que no se llena con actos públicos ni con agenda, porque nace del ámbito privado y doméstico, justo donde Sofía había construido su red de afectos más protegida.

La agenda como termómetro: regreso progresivo tras semanas de duelo

En paralelo a ese debate, la Casa Real ha ido marcando señales de vuelta paulatina a la vida pública. Distintas informaciones sitúan su reaparición en torno al 10 de febrero de 2026, con una visita al Banco de Alimentos de Bizkaia, en Basauri, una de las causas con las que Sofía ha mantenido un compromiso constante.

En ese mismo calendario se encajan actos culturales, como un concierto homenaje a Zubin Mehta en el Auditorio Nacional, dentro de la programación de Ibermúsica, cita que refuerza otra de sus líneas tradicionales: el apoyo a la música y a las instituciones culturales.

La lectura que hacen fuentes cercanas al entorno institucional es clara: mantener algunos hitos en agenda no significa “normalidad”, pero sí una forma de sostener rutinas y recuperar pulso tras el golpe.

Un duelo largo: la cadena de despedidas en el entorno familiar

El golpe de 2025-2026 llega después de años en los que la reina ha tenido que despedirse de varias figuras relevantes de su círculo familiar y social. Entre ellas, el fallecimiento de su hermano Constantino II en 2023 y otras pérdidas en la rama griega que han ido estrechando su círculo generacional. Ese contexto ayuda a entender por qué la muerte de Irene se interpreta como una pérdida especialmente simbólica: cerraba un capítulo vital que para Sofía era, además, presente cotidiano.