Lydia Lozano y la difícil situación que se vive en su casa: Charly está mal
Según recoge La Razón, "no quieren que hable", ha declarado Lydia Lozano. Está por ver si cumplirá su palabra, ya que no es habitual verla poner freno a nada. Durante años ha sido, precisamente, una mujer que siente antes de pensar si conviene sentir en público y en directo.
Esa espontaneidad ha sido su marca televisiva. Llora sin esconderse, se ríe a carcajadas, se enfada sin importarle la mueca que quedará congelada en la pantalla. Eso la ha convertido en uno de los rostros más queridos. El público agradece su naturalidad porque sabe que hay poco guion y mucha verdad.
También para la cadena, en este caso Telecinco, es una mina. Regala momentos virales sin proponérselo y sus reacciones nunca pasan desapercibidas. Sobre todo, es coherente. Pero ese mismo carácter también le ha pasado factura. No solo la convierte en blanco fácil de la parodia, también el entorno de su marido parece estar cansado de que la enfermedad de Charly sea en los últimos meses el centro de su emocionalidad.
Un momento delicado
Por lo que ella misma ha contado públicamente, después de varios ingresos e intervenciones, su marido está atravesando un delicado proceso de rehabilitación física que le obliga a recibir ayuda para moverse en casa. Hace unos días contó con detalle cómo está siendo su recuperación: la grúa alquilada para trasladarlo de la cama al asiento, la rutina diaria que ella llama “el colegio”, la rehabilitación como disciplina... Lo hizo con el tono que la caracteriza, incluso con humor. Se comparó con Isabel Preysler cuando cuidó a Miguel Boyer tras su ictus: "La Preysler le puso un hospital en su casa y yo lo tengo así, está como un rey".
El chiste parecía aliviar su dolor, pero después llegó el toque de atención. "No quieren que hable", confiesa a los reporteros de Europa Press. Aclara que no es una prohibición de Charly, sino una decisión propia, una especie de autocensura emocional: "Prefiero no hablar de él porque me pongo a llorar".
La colaboradora, que ha hecho carrera desnudando sentimientos, ha descubierto que hay un límite. Por eso, entiende el mensaje. Debe protegerse bajando el volumen y entendiendo que no todo debe convertirse en contenido. Hoy ha decidido reservarse cualquier información relativa a su marido. ¿Lo hará? Si es así, será también el adiós a aquella expresión, "¡Por Charly!", que lanzó hace años a punto de saltar desde un trampolín en televisión.