Sale a la luz el 'secreto a voces en Sevilla': vuelco en la vida de Sergio Ramos

Sergio Ramos no quiere jugar en el Sevilla y se destapa todo lo que está tramando el jugador del fútbol y su plan
En la imagen de archivo Sergio Ramos junto a su pareja Pilar Rubio
En la imagen de archivo Sergio Ramos junto a su pareja Pilar Rubio

Según recoge en exclusiva Informalia, Sergio Ramos nunca ha sido un futbolista al que le bastara con ocupar su sitio en el campo. Siempre ha querido mandar, decidir, empujar la historia un metro más allá de donde parecía razonable. Ahora, a los 39 años y todavía sin anunciar oficialmente su retirada, el central de Camas ha vuelto a hacerlo. El marido de Pilar Rubio no pretende enfundarse otra vez la camiseta del Sevilla (que sepamos) sino algo mucho más ambicioso: liderar la compra del club que lo vio nacer como profesional.

El proceso de venta del Sevilla FC, largo, enrevesado y cargado de silencios incómodos, ha entrado en una fase decisiva. Tras meses de negociaciones con distintos grupos inversores —entre ellos uno de capital norteamericano—, Sergio Ramos ha irrumpido en escena con una propuesta que ha alterado el tablero. No llega solo: encabeza un grupo inversor sólido, con músculo financiero y una oferta que, según fuentes conocedoras de la operación, ha sido ya presentada a los principales accionistas del club.

La aparición de Ramos (que también es cantante) se produce después de que las conversaciones con el fondo estadounidense quedaran prácticamente congeladas, víctimas del choque entre las expectativas económicas y la compleja realidad financiera de la entidad. En ese vacío, el exjugador del Sevilla, del Real Madrid y de la selección española campeona del mundo ha encontrado su oportunidad.

La oferta que lidera Ramos resulta atractiva desde el punto de vista económico. No es la primera que reciben los máximos accionistas, pero sí la que parece conjugar mejor una cantidad convincente con un proyecto reconocible. Algo que, en un club agotado por la inestabilidad institucional, no es un detalle menor.

Durante años, el Sevilla fue un ejemplo de gestión. Entre 2000 y 2023, la entidad encadenó éxitos deportivos y una identidad clara, sostenida por un delicado equilibrio de poder entre sus principales dirigentes y accionistas: Roberto Alés (ya fallecido), José María del Nido padre, José María del Nido hijo y José Castro. Ese equilibrio se rompió, y desde entonces el club vive instalado en una crisis que es a la vez económica, deportiva y anímica.

En ese contexto llegaron varias ofertas. Una de ellas fue la del empresario sevillano Antonio Lappi, sevillista confeso, que presentó un proyecto con un fuerte componente emocional y deportivo, cuyo gran reclamo era el regreso de Monchi, arquitecto de los años dorados. Los accionistas la descartaron por considerarla insuficiente en términos económicos. Otras propuestas, más voluminosas sobre el papel, se fueron desinflando al enfrentarse a la realidad contable del club.

Esa realidad es áspera. El Sevilla reconoce una deuda cercana a los 70 millones de euros, aunque algunas fuentes la elevan hasta los 300. En la junta de accionistas del pasado 16 de diciembre se aprobaron pérdidas de 50 millones. El accionariado está fragmentado: la familia del Nido controla el 28%; José Castro, el Grupo de Utrera y la familia Alés suman un 23%; la familia Carrión posee un 15%, y el llamado Grupo de los Americanos otro 15%.

Todos ellos habrían recibido ya la propuesta liderada por Sergio Ramos. Una propuesta que no se limita a la compra de acciones, sino que incluye una inyección de capital para reconstruir la entidad y devolverle competitividad. Los actuales propietarios son conscientes de que no basta con vender: quieren evitar que el Sevilla repita los errores de otros clubes históricos como el Valencia o el Málaga, devorados por proyectos sin arraigo ni paciencia.

El atractivo del Sevilla sigue siendo enorme. Un estadio, el Ramón Sánchez-Pizjuán, situado en pleno corazón de la ciudad; una ciudad deportiva de primer nivel y una marca reconocida en Europa. Pero ese patrimonio necesita gestión, estabilidad y una idea clara de futuro.

Sergio Ramos, que acaba de cerrar su etapa en Rayados de Monterrey y aún no ha colgado oficialmente las botas, se ofrece como algo más que un inversor: como símbolo, como garante y como líder visible de un proyecto que aspira a reconciliar al club con su identidad. No quiere jugar en el Sevilla. Quiere algo más difícil y más arriesgado: quedarse con el Sevilla.

En los próximos días pueden producirse movimientos decisivos. El club, actualmente décimo en La Liga con 20 puntos, se juega mucho más que una temporada. Se juega quién contará su próxima historia. Y Sergio Ramos, una vez más, parece decidido a escribirla él mismo pero ahora no defenderá en el campo, quizás juegue desde el despacho de presidente.

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