¡Se acabó la paz! Filtran la monumental bronca entre Kiko Rivera e Irene Rosales
La aparente tranquilidad que rodeaba a Kiko Rivera e Irene Rosales tras su separación formal hace meses se ha transformado en un conflicto abierto que ha sorprendido al entorno de ambos y a la prensa del corazón. Lo que inicialmente fue presentado como un adiós cordial entre dos padres centrados en el bienestar de sus hijas ha estallado ahora en una discusión monumental que revela tensiones hasta ahora ocultas bajo una fachada de respeto mutuo.
Según ha podido saber La Razón, la supuesta calma entre el DJ y la influencer ha desaparecido tras una reciente conversación telefónica en la que se enfrentaron de forma muy acalorada por motivos aparentemente administrativos pero simbólicos: la aprobación de un permiso para que la nueva pareja de Rivera pueda recoger a las niñas del colegio. Esta petición, en apariencia rutinaria, destapó un profundo malestar en Rosales, que se negó a dar su consentimiento y cuestionó la implicación de terceros en decisiones delicadas relacionadas con sus hijas. La discusión fue subiendo de tono hasta el punto de que, según las fuentes, Irene llegó a plantear acciones legales y decidió cortar la comunicación.
De la separación cordial al enfrentamiento
A finales de agosto de 2025, Rivera y Rosales confirmaron el fin de su relación tras once años juntos, de los cuales estuvieron casados nueve y tuvieron dos hijas en común, Ana y Carlota. En aquel momento, ambos emitieron comunicaciones que subrayaban un acuerdo respetuoso, insistiendo en que priorizarían la estabilidad familiar y que la decisión había sido reflexionada.
La ruptura fue portada en múltiples medios y se explicó como un paso necesario tras meses de desgaste. En declaraciones posteriores, Irene llegó a señalar que la convivencia se había vuelto insostenible y que la vida y prioridades personales de cada uno habían cambiado, especialmente tras el fallecimiento de los padres de ella y los periodos de conflicto interno y familiar que había vivido Rivera.
Durante semanas, la narrativa pública fue la de una separación madura: ambos se mudaron a viviendas distintas cerca de Sevilla —Rivera a una exclusiva urbanización en Mairena del Aljarafe y Rosales permaneciendo en el hogar familiar con sus hijas— y mantuvieron encuentros para actos familiares o escolares, siempre bajo un protocolo de respeto.
Nuevas parejas y tensiones
El conflicto no puede entenderse sin el nuevo panorama sentimental de los protagonistas. Rivera inició una relación con Lola García, vinculada al mundo del espectáculo y la danza, haciendo pública su ilusión por esta nueva etapa tras meses de discreción sobre su vida amorosa. El papel de García como futura figura implicada en las rutinas familiares —como la recogida de las niñas— habría sido un factor detonante en la última bronca filtrada.
Por su lado, Irene Rosales también ha rehecho su vida sentimental con Guillermo, un joven con quien ha compartido momentos públicos y al que incluso habría presentado a sus hijas. Esta relación, más estable y discreta, ha sido retratada por su entorno como una etapa de ilusión creciente.
Repercusiones y contexto
Lo que parecía una transición pacífica tras un desgaste inevitable ha demostrado que las separaciones prolongadas no terminan con la firma de un pacto. Cada pequeño gesto —desde cómo se regulan las responsabilidades parentales hasta quién está autorizado a intervenir en la vida cotidiana de los hijos— se ha convertido en un campo de batalla emocional. La discusión filtrada subraya que la cordialidad inicial era frágil y que la redefinición de límites personales y familiares está lejos de ser un proceso limpio y lineal.
En los próximos días es probable que tanto Rivera como Rosales ofrezcan declaraciones adicionales o que sus equipos legales clarifiquen si habrá alguna acción judicial en torno al reciente enfrentamiento. Por ahora, lo que estaba destinado a ser un “acuerdo cordial” se ha convertido en un episodio más de una historia que continúa evolucionando ante los ojos de los medios y del público.