Gemma Camacho también recibió mensajes alarmantes sobre Cayetano Rivera

En el fotomontaje de Informalia Gemma Camacho, Cayetano Rivera y Tamara Gorro en imágenes de archivo

Gemma Camacho ha reconocido que, mientras se la vinculaba sentimentalmente con Cayetano Rivera, también le llegaron avisos del entorno y de desconocidos con un mensaje recurrente: “huye”.

La periodista asegura que recibió “muchos mensajes”, algunos “muy desagradables”, aunque defiende que con ella el torero fue “respetuoso” y “educado”.

Gemma Camacho, reportera de televisión y hasta ahora alejada del foco, se sentó en el plató de El tiempo justo (Telecinco) el 17 de febrero de 2026 para dar su versión sobre su vínculo con Cayetano Rivera y el ruido mediático que ha vuelto a activarse tras confirmarse el romance del diestro con Tamara Gorro.

Su intervención llega en un contexto de máxima exposición: la pareja Rivera–Gorro fue grabada y fotografiada en espacios públicos —incluido el aeropuerto de Barajas— después de un viaje y con una actitud de normalidad ante las cámaras, lo que disparó tertulias y titulares.

En ese escenario, Camacho verbalizó por primera vez un elemento que suele quedar fuera de los relatos de “nuevo romance”: el flujo de advertencias y mensajes privados que empieza a circular cuando un nombre entra en la rueda del corazón. “A mí también me dijeron ‘huye’… muchas veces”, explicó, añadiendo que le llegaron textos “algunos desagradables y otros muy bonitos” durante el periodo de rumores.

Los avisos: del “huye” a los “mensajes muy desagradables”

El “huye” no apareció como una anécdota aislada. En plató se recordó públicamente el consejo que habría dado Estefanía Sambruno a Tamara Gorro (“huir”), y Camacho enlazó ese episodio con su propia experiencia: a ella también le trasladaron alertas en la misma dirección y, sobre todo, describe el impacto emocional de recibir mensajes anónimos o de terceros en pleno vendaval mediático.

La periodista no concretó el contenido exacto de esos textos más allá de su tono, pero sí dibujó el patrón: mensajes que llegan “por comentarios” y “por relaciones anteriores”, mezclados con otros de apoyo. El resultado, según su relato, fue una etapa de presión que la llevó incluso a reducir su actividad pública.

“Lo he pasado mal”: persecución de agencias y exposición no elegida

Camacho puso el acento en una frontera que, en estos casos, suele difuminarse: ella no es influencer ni personaje de reality, sino comunicadora. Contó que no supo gestionar que una agencia la persiguiera “hasta la puerta de casa” para comprobar si quedaba con Cayetano, y defendió que no iba a “dejar de ser” quien es “por estar con un señor o no”.

Esa presión también aparece en otras crónicas sobre el asunto, que coinciden en el componente de acoso a pie de calle (guardias en portales, seguimientos, comprobaciones) como parte del “precio” de ser relacionada con un nombre muy mediático.

Qué relación dice que tuvo con Cayetano: amistad “especial”, sin exclusividad

En lo esencial, Camacho mantiene una línea argumental constante desde que estallaron los rumores meses atrás: lo que hubo fue una amistad, aunque admite que pudo ser “más especial”. La clave, insiste, es que nunca se intentó construir una historia cerrada ni venderla.

Según su versión, empezaron a hablar hace “unos tres años” “bajo el respeto”, principalmente por mensajes, y cuando el tema saltó a titulares se sintió culpable de que una relación cordial acabara en portada. Incluso llegó a pedir a sus responsables evitar encargos vinculados a la familia Rivera para no alimentar el ruido.

Sobre el famoso reportaje fotográfico (al que aluden varias piezas), afirmó que ni siquiera sabía que existía cuando se lo mencionaron y que pensó que podía tratarse de “otra mujer”. En ese punto introduce un matiz relevante: al no haber “acuerdos de exclusividad” ni un proyecto de pareja, dice que no interpretó aquellas imágenes como una traición a una relación formal.

El giro Tamara Gorro: “he sentido un alivio” y el mensaje de “sororidad”

Con la relación Rivera–Gorro ya expuesta, Camacho reconoció sentir “alivio”. En su relato, la confirmación pública despeja una zona gris que la tuvo durante semanas bajo sospecha permanente: ser “la periodista” que pasó a “protagonista de la noticia”.

En Telecinco y Divinity, además, verbalizó una idea de respaldo entre mujeres: “si no nos respetamos… vamos mal”, y expresó buenos deseos para la nueva pareja, evitando presentarse como rival o “ex” en disputa.

A la vez, dejó un recado velado sobre la forma de gestionar la exposición: dijo que hay comentarios “quizás no adecuados” y cuestionó como “raro” que alguien marque distancia con “no voy a estar al otro lado” cuando su trayectoria pública ha estado ligada precisamente a compartir vida personal.

Cómo encaja esto con el romance Rivera–Gorro: viajes, apariciones y cronología

En la narrativa mediática de estos días, la pareja Cayetano–Tamara se consolida a través de imágenes y movimientos: se ha hablado de viajes (incluidas escapadas al extranjero) y de una actitud de naturalidad ante los periodistas. El tiempo justo llegó a situar el inicio de la relación “desde hace tres meses” y la describió como una “pareja sorpresa”.

Ese “nuevo capítulo” es lo que reabre la carpeta Gemma Camacho: al asociarse de nuevo el nombre de Cayetano a titulares, vuelve también la pregunta sobre qué pasó antes, si hubo solapamientos y si existían antecedentes conflictivos. Camacho lo niega y resume su posición con una frase: “no se pudo solapar” porque ella siempre sostuvo que era amistad.

Un detalle que sobrevuela el caso: advertencias vs. experiencias personales

El elemento más delicado de esta historia es el choque entre lo que “se dice” y lo que “se vivió”. Camacho admite que las advertencias existieron y que fueron insistentes, pero separa esa corriente de mensajes de su experiencia concreta con Cayetano, a quien describe como “respetuoso”, reservado y muy celoso de su intimidad.

También relató que, en momentos sensibles para el torero —como un accidente del que se habló en televisión— intentó cuidar sus palabras para que él quedara lo mejor posible, un gesto que utiliza para reforzar la idea de vínculo cordial y sin ánimo de perjudicar.

Clave de lectura: el “coste” de ser un nombre pegado a otro

Más allá del corazón, el caso ilustra un mecanismo repetido: cuando una reportera (o cualquier figura no “famosa”) queda vinculada a un personaje muy mediático, se activa un circuito de seguimiento, especulación y mensajes privados que la arrastra a un papel para el que no se ha presentado.

Camacho lo verbaliza con claridad: pasó de cubrir noticias a convertirse en la noticia; dejó de publicar en redes durante semanas; y se vio obligada a fijar límites para proteger su trabajo y su vida privada.