La soledad y tristeza de la reina Sofía: 'maltratada' por Letizia y sin que nadie cuente con ella

Sin duda la reina Sofía nunca olvidará este verano en Marivent
La soledad y tristeza de la reina Sofía: 'maltratada' por Letizia y sin que nadie cuente con ella
photo_camera La soledad y tristeza de la reina Sofía: 'maltratada' por Letizia y sin que nadie cuente con ella

Hace unos días Jaime Peñafiel ya escribía en El Mundo que la reina Sofía se vuelve a su país, a Grecia. "Es lo mejor que podría hacer". Asegura el articulista que las vacaciones de este verano 2020 en Marivent han sido el detonante de la decisión de seguir los pasos de don Juan Carlos, es decir, abandonar el país, aunque con otro destino que no es Abu Dabi.

Dice Peñafiel que se ha pasado doña Sofía las vacaciones encerrada en palacio, en el mismo recinto que Felipe, Letizia y las niñas. Pero que ella sólo ha salido de casa en un par de ocasiones, precisamente cuando la familia no estaba. No es de extrañar que Sofía esté pasándolo mal y quiera poner tierra o agua de por medio: con la que está cayendo por el tsunami Juan Carlos, la entrevista a Corinna en la BBC y la reaparición de una "nueva" amante, con la que Juan Carlos engañaba también a la alemana: la empresaria valenciana Sol Bacharach.

"Después de estos dramáticos dias en Marivent, la nuera no se ha dignado a dirigirle la palabra", dice Peñafiel. "Letizia sigue con mano de hierro, y no se fía casi de nadie en aquella casa", añade. Asegura el periodista de El Mundo que doña Letizia cuenta con sus hijas la princesa Leonor y la Infanta Sofía, como aliadas. "No le han demostrado ningún cariño" a su abuela, señala. 

La teoría de Peñafiel refuerza la idea de que las niñas son crueles con la abuela, lo cual a su vez entronca con esa imagen de tirana de Letizia, y de que detesta a la suegra.

Pero este miércoles, las teorías de Peñafiel toman también fuerza con este artículo que la periodista Pilar Eyre publica en exclusiva en LECTURAS:

"¡Es su único apoyo! ¡Sofía solo puede recurrir a ella! Tatiana Radziwill ha puesto su fabulosa fortuna y su cariño a disposición de su prima, quiere ayudarla, como ha hecho siempre. Son primas terceras, pero, sobre todo, son íntimas amigas a las que la desgracia ha unido desde que nacieron. Pero esta misteriosa francesa de pelo blanco y escasa coquetería, que pasea en Mallorca al lado de la reina con su marido dos pasos atrás; esta mujer, feminista y millonaria, que ha osado plantarle cara a Juan Carlos para defender a su prima, tiene una original biografía que muy pocos conocen.

La abuela de Tatiana fue María Bonaparte, descendiente de un hermano del emperador. Era una de las mujeres más ricas de su tiempo, ya que poseía los casinos más importantes de Europa, era sufragista, pero lo más singular es que primero fue paciente de Freud para curar su frigidez, después fue discípula y más tarde ella misma llegó a ser psicoanalista, con consulta en París. Publicó tratados sobre el orgasmo femenino, cuya mayor o menor intensidad atribuía a la separación entre el clítoris y la vagina, y practicaba una operación para resolver este problema de su distinguida clientela, en la que había reinas y actrices de cine. Durante la Segunda Guerra Mundial, salvó la vida a Freud y familia sacándolos de la Viena nazi. Alguien que la conoció, me contó hace años que su conversación solo versaba sobre sexo y orgasmos. María Bonaparte se casó con Jorge de Grecia, tío abuelo de nuestra Sofía, y mantuvo a la familia real griega tanto cuando estaban en el exilio como cuando se sentaban en su empobrecido trono. Aunque Jorge era homosexual –su gran amor fue el príncipe Valdemar de Dinamarca–, de su matrimonio con María nacieron dos hijos. Eugenia, la mayor, casó brevemente con el conde polaco Stanislas Radziwill, con el que tuvo a Tatiana, un año mayor que Sofía.

Siendo muy niñas, las dos primas tuvieron que partir juntas al exilio, muy precario ya que María tenía las cuentas de los casinos embargadas por la guerra y solo pudo sacar algunas joyas, unas esmeraldas y un brillante del tamaño de una pelota de golf, entre otras, que fue malvendiendo para pagar su largo destierro por 22 casas, en países distintos, a lo largo de cinco años. Esas penalidades compartidas anudaron entre las dos primas una amistad inquebrantable que solo estuvo a punto de romperse cuando se enamoraron del mismo hombre: ¡el príncipe Harald de Noruega! Estuvieron unos meses sin hablarse, hasta que se dieron cuenta de que Harald, en realidad, a quien quería era a Sonia, quedando las dos primas –como se dice popularmente– con un palmo de narices. Fue Tatiana la primera que supo que Sofía se iba a casar con Juanito, y fue su dama de honor, aunque la tía María no pudo ir a la boda ya que estaba enferma de muerte, pero le regaló un cachorro de su perro Topsy, al que Sofía llamó Topsy en su honor. Cinco años después, Tatiana se casó con Jean Fruchaud, médico cardiólogo, al que había conocido en la universidad, ya que –a diferencia de Sofía– tiene estudios superiores y una cultura sólida y progresista.

Desde los primeros veranos, fue invitada fija en Marivent y, cuando el matrimonio real se rompió, se puso incondicionalmente al lado de su prima. Feminista por herencia y por convicción, pragmática y de pensamiento liberal, siempre le ha aconsejado a su prima llevar una vida independiente y le ha ofrecido su inmensa fortuna y su elegante casa familiar en París, donde la reina se ha refugiado varias veces. Dicen que María Gabriela de Saboya y Tatiana han sido las únicas que han osado reconvenir a don Juan Carlos por sus infidelidades públicas. Es curioso constatar que los dos hijos de Tatiana, profesionales serios y respetados, no tengan ninguna relación con los hijos de los anteriores re- yes, a pesar de haberse criado prácticamente juntos.

En estos momentos de tribulación de doña Sofía, en los que su marido ha emprendido las de Villadiego y ha sido apartada de la agenda real, desconoce qué va a ser de su vida. No sabe si irse a Grecia junto a su hermano, a Inglaterra o al refugio amistoso que le ofrece su incondicional Tatiana en París. Se cantan sus elogios y se airean sus virtudes de forma desmesurada, pero la reina comprende que se trata de halagos envenenados, que lo que pretenden es restarle méritos a Letizia; por lo tanto, en lugar de ayudarla, la perjudican.

Aunque se diga hipócritamente que la rodea el cariño de todos los ciudadanos españoles, en realidad, la reina Sofía está muy sola. Una de las cosas que más echa de menos es navegar, su gran pasión, pero nadie la invita a sus barcos y tampoco se siente autorizada a utilizar los de la familia por la imagen de despilfarro y frivolidad que ofrecería. También le duele que su agenda, antes tan repleta de compromisos, esté vacía. Cada mañana pregunta: “¿Qué tenemos hoy?”. Y cuando le contestan: “Nada, señora”, cae en el desaliento más absoluto. Ahora su teléfono está mudo y, además, ya empiezan a alzarse voces diciendo que en esta película en la que se ha convertido su matrimonio, al que ella parece aferrarse a pesar de todo, ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos. Afilemos los lápices, preparemos las cámaras, ¡qué gran otoño nos espera!"

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