Lo que callaron Laura Matamoros y Terelu Campos del 'pirómano', de Mar Flores...
Laura Matamoros y Terelu Campos protagonizaron uno de los momentos más tensos del año en ‘¡De viernes!’, con reproches cruzados, alusiones a un supuesto “pirómano” y la sombra de un episodio familiar extremadamente delicado. La conversación, lejos de cerrar heridas, abrió nuevas grietas entre los Matamoros y el entorno de Carlo Costanzia.
La mención a Mar Flores, las referencias a un capítulo de “malos tratos” y el señalamiento indirecto a Diego Matamoros elevaron la temperatura de un conflicto que ya no es privado, sino plenamente televisado.
Laura Matamoros se sentó la noche de este viernes en el plató de ¡De viernes! (Telecinco, Madrid) para ofrecer su versión más extensa hasta la fecha sobre el enfrentamiento con su primo Carlo Costanzia. El encuentro entre ambos, producido meses atrás, había permanecido en segundo plano hasta que distintas declaraciones públicas lo reactivaron. La entrevista prometía aclarar los hechos; terminó convirtiéndose en un ajuste de cuentas con múltiples frentes abiertos.
Desde el primer bloque, Laura sostuvo que aquella conversación privada no fue un simple cruce de reproches familiares. Según su relato, durante el cara a cara se introdujeron asuntos “muy sensibles” vinculados a su entorno íntimo, lo que ella interpretó como una forma de presión. “Se tocó un botón muy doloroso”, vino a resumir, explicando que salió de aquel encuentro emocionalmente desbordada.
El punto de inflexión: la referencia a un episodio de malos tratos
El momento más delicado de la noche llegó cuando Laura confirmó que, en el transcurso de aquella discusión, se mencionó un capítulo relacionado con malos tratos dentro del ámbito familiar. No ofreció detalles explícitos en antena, pero sí dejó claro que la sola alusión a ese episodio fue lo que transformó el desacuerdo en algo que ella califica de “coacción emocional”.
La influencer explicó que no esperaba que se sacara ese tema y que le sorprendió profundamente que se utilizara como argumento en medio de un reproche sobre declaraciones públicas. La secuencia, según su versión, fue clara: primero se le recrimina hablar de terceros en medios; después, se le recuerda que “todos tienen cosas que contar”. Es ahí donde ella sitúa el límite que, a su juicio, se cruzó.
El relato no solo apuntaba al contenido de la conversación, sino al tono. Laura describió un clima tenso, de advertencias implícitas y frases que interpretó como una invitación a guardar silencio si no quería que se airearan asuntos familiares extremadamente delicados.
Mar Flores, entre la discreción y el comunicado
En este tablero apareció un tercer nombre clave: Mar Flores. Laura reveló que, tras el incidente, decidió trasladar lo ocurrido a su tía. Según explicó, la reacción inicial de Mar fue pedir que el episodio no trascendiera y que quedara en el ámbito privado, como un desencuentro entre primos.
Ese gesto cobra relevancia porque, con el paso de las semanas, el conflicto terminó ocupando titulares y escaletas de programas. Mar Flores difundió posteriormente un comunicado en el que apelaba a la prudencia y pedía rebajar el tono. No se posicionó públicamente contra nadie, pero sí dejó entrever que el asunto había superado un umbral que consideraba innecesario.
Laura, sin embargo, defendió su derecho a explicarse una vez que el tema ya estaba instalado en la conversación pública. “No he sido yo quien lo ha sacado primero”, vino a argumentar, en referencia a intervenciones previas de otros implicados.
Alejandra Rubio, el foco indirecto
Aunque no estaba presente en el plató, el nombre de Alejandra Rubio fue recurrente. Laura cuestionó el papel que la joven habría desempeñado en la amplificación mediática del conflicto. Según su percepción, determinadas intervenciones televisivas habrían contribuido a endurecer posiciones en lugar de facilitar una desescalada.
Fue en ese punto cuando intervino Terelu Campos, visiblemente incómoda. La colaboradora pidió concreción y defendió a su hija de lo que consideraba una acusación genérica. El intercambio, aunque contenido, evidenció que el conflicto ya no era solo entre primos: había derivado en una guerra de relatos.
“Hay un pirómano”: la frase que marcó la noche
El momento que más repercusión tuvo llegó cuando Terelu deslizó una frase contundente: “Aquí hay un pirómano”. Sin citarlo en primera instancia, la referencia apuntaba claramente a Diego Matamoros, hermano de Laura, a quien se atribuye haber intervenido públicamente con declaraciones que, según Terelu, habrían echado más leña al fuego.
La presentadora reprochó que se estuviera utilizando “artillería que no pertenece” y cuestionó la legitimidad de determinadas intervenciones externas en un conflicto que, en origen, era bilateral. Laura no se desmarcó frontalmente de su hermano, pero tampoco negó que las declaraciones de terceros hubieran contribuido a tensar el clima.
La acusación de “pirómano” se convirtió así en el titular inmediato de la noche, sintetizando la idea de que el conflicto ya no se alimenta solo de lo ocurrido en aquel coche, sino de lo que cada uno dice después en televisión.
Lágrimas, silencios y matices
Más allá de las frases contundentes, la entrevista estuvo atravesada por momentos de vulnerabilidad. Laura se emocionó al recordar la conversación con Carlo y admitió que hubo partes que le afectaron más de lo que imaginaba. También reconoció que la familia arrastra heridas antiguas que condicionan cualquier discusión actual.
Terelu, por su parte, adoptó un tono más institucional: insistió en que no se puede banalizar la palabra “coacción” ni utilizar términos extremadamente graves sin medir su impacto. Subrayó que cuando se habla de malos tratos se entra en un terreno delicadísimo y que cualquier insinuación debe tratarse con responsabilidad.
El trasfondo: control del relato y exposición pública
Si algo dejó claro la noche es que el verdadero conflicto no es solo lo que se dijo en privado, sino quién controla la narrativa pública. Laura defendió su derecho a explicar cómo se sintió. Terelu defendió el derecho de su hija a no ser señalada. Mar Flores pidió discreción. Diego Matamoros intervino desde fuera. Y Carlo Costanzia, señalado en la entrevista, mantiene su propia versión.
El resultado es un entramado en el que cada declaración genera una réplica y cada réplica, un nuevo titular. La discusión original ha quedado casi diluida bajo capas de comunicados, entrevistas y posicionamientos cruzados.
Lo que callaron en el plató —o al menos lo que no detallaron— fue el contenido exacto de ese episodio familiar al que se aludió y la literalidad de las frases pronunciadas en el enfrentamiento inicial. Ambos elementos siguen siendo el núcleo opaco del conflicto.