Viernes. 24.11.2017
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Fito: 'Uno es drogadicto de por vida, yo hago un esfuerzo por no drogarme'

"España está llena de tíos normales que te pegarían dos tiros por defender un puto trapo" / "Soy de Bilbao pero no hablo euskera: estaba prohibido" / "Yo he votado tres veces en mi vida: a IU con Anguita, en mi pueblo al PNV porque conozco al alcalde y mola, y otra voté a Podemos"

Fito: 'Uno es drogadicto de por vida, yo hago un esfuerzo por no drogarme' - Fotografía: EL ESPAÑOL
Fito: 'Uno es drogadicto de por vida, yo hago un esfuerzo por no drogarme' - Fotografía: EL ESPAÑOL
Fito: 'Uno es drogadicto de por vida, yo hago un esfuerzo por no drogarme'

Según informa Lorena G. Maldonado en EL ESPAÑOL, cuenta la leyenda que, hace unos años, en Bilbao sólo había una forma de amansar a los niños cafres que volvían en autobús del colegio a casa a la hora de comer: poniendo Soldadito marinero. Se escuchaban los primeros acordes en la radio del conductor y los críos asalvajados se miraban entre sí, cómplices, y dejaban la gamberrada para después, sellando los labios.

Amor transgeneracional, por lo menos: dice un amigo del norte que los chavales ya crecidos, cuando conocían a una futura novia, lo primero que le preguntaban era "¿escuchas a Fito?", como diciendo: "A partir de aquí, construimos". El señor Cabrales es una culebrilla vitamínica y deslenguada que conserva el pecho lleno de alegría y un cordón umbilical que le ata a la guitarra. Se descojona, mueve las manos, pone voces: pulsa constantemente la vida porque ya ha entendido que se la merece. Habla con honestidad irrefutable de amor, poética, política, música y otras drogas. Los hombres libres no tienen temas tabú, y Fito no le teme al diablo, ¿no ven que no puede arder?  

Es la resistencia del rock que nos queda, aunque en España el éxito siente fatal -vaya por dios- y los puristas no le perdonen el tránsito de Platero a Fitipaldi. Con él paladeamos el cigarrito y el whisky barato y el día después, con dignidad, asumimos la lengua marrón y el ojo de serpiente; con él diseccionamos la falta de voluntad y el exceso de vicio y aprendimos que escribir es, sobre todo, no disimular. Ahora recoge veinte años de su vida en Fitografía, un disco que es como mirarse por dentro, con toda la víscera, la memoria y la belleza. Lo dice él mismo: "Es tan frecuente como extraño: si no puede hacerte daño, no te hará feliz".

Oye, macho, qué pregunta. No sé si alguien me ha preguntado alguna vez eso. Qué tengo de mi padre y qué de mi madre. Pues todo lo que tengo es por ellos. No lo sé. Quizá si tengo alguna habilidad musical es por mi madre, porque mi madre era muy artista, y quizá todo lo bilbaíno que soy es por mi aïta, que era un señor de Bilbao de pies a cabeza. Ya lo dije: soy todo lo que me pasa. Soy ellos. Hasta que pude caminar ellos me cuidaron.

Sí que fui camarero en un prostíbulo, ¡sí, señorita! Lo que pasa es que "prostíbulo" no me gusta, yo lo llamo "barra americana", aunque en el fondo es lo mismo. Tiene menos rollo y menos glamour de todo lo que puedas imaginar. El otro día me decía Joaquín Sabina: "Lo que más me gusta de ti es que trabajaste en un puticlub", ahí, partiéndose el culo (risas). Yo en ese momento simplemente no tenía trabajo, me llamó mi padre para hacer una sustitución, porque se iba un camarero un mes, en verano, y yo estaba pasando un momento malo, estaba en Málaga viviendo... fui a trabajar para un mes y me quedé tres años. Imagínate si era buen camarero.

Pero yo en el fondo era un chavalillo que estaba recién salido de la mili, tenía veintipocos años, y llegué a un sitio donde las chicas no eran tan chicas... no tenía nada que ver, luego sí vi el cambio ese de cuando empezó la trata de blancas. Y ya venían chicas jóvenes y tal, tristísimo. ¡Pero yo cuando llegué, eran todas unos mujerones, una de Burgos, otra de no sé dónde, eran señoras, señoras, y yo un chico de 20 años al que le ponían bien la corbata! Lo viví de forma diferente, porque joder, yo era pequeño, y aquello ¡era un sitio carísimo!, y yo ahí, firme todo el rato... no te imagines que yo viví allí una película de California (risas). Eran todas encantadoras.

Todos los músicos que hemos empezado de chavalillos hemos empezado en bandas con amigos que tenían gustos afines musicales a los nuestros. Yo conocía a uno de los Platero, a Juanchu, porque éramos vecinos de críos y yo me fui de Bilbao y le perdí la pista, pero cuando volví de Málaga le retomé la amistad. ¡Eso que decías de mi padre! Pues mi padre todo el rato me decía "joder, por qué no vas un día a ensayar con Juanchu y tal", y yo era muy cortado, y "no, no.., tengo trabajo". Lo hice gracias a mi aïta. Fíjate si le debo a mi padre cosas. Total, que fui un día y me dijeron: "¿Sabes tocar algo de Los Leños?". Y yo: sí, sí, me sé alguna canción... empezamos a tocar y ahí empezó Platero. Todos teníamos un trabajo, un trabajo de mierda, claro, y no nos costó mucho dejarlo para apostar por la banda (risas). No éramos neurocirujanos, no. Y mi jefe en hostelería era de esos que decía "¡puta madre!", y escupía al suelo, así que tampoco le podía pedir librar sábados o domingos para irme a tocar por ahí. ¡Y hasta hoy, mira!

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