Silvia Bronchalo detapa la verdadera relación entre Daniel Sancho y Edwin Arrieta

En el fotomontaje Silvia Bronchalo durante la entrevista y su hijo Daniel Sancho
Silvia Bronchalo sostiene que su hijo llevaba una “doble vida” y que el vínculo con Edwin Arrieta no fue solo profesional. En la segunda parte de su entrevista en ¡De viernes! (Telecinco), también reconstruye cómo vivió la condena, su primera visita a prisión y el dilema íntimo de perdonar.

Silvia Bronchalo, madre de Daniel Sancho, afirmó en la segunda entrega de su entrevista en ¡De viernes! que su hijo y Edwin Arrieta mantuvieron una relación más compleja de lo que ella supo durante años: oficialmente “laboral” —según el relato que Daniel le trasladó—, pero con indicios que, a su juicio, apuntan a un componente afectivo y a una convivencia de realidades “paralelas” que terminó por estallar en Tailandia.

La entrevistada situó el foco en lo que Daniel le contó antes y después del crimen: que el proyecto que los unía era un negocio compartido, que él quiso cortar esa vinculación y que la otra parte “insistía”. En ese contexto, Bronchalo introdujo un elemento clave del relato: su hijo le habría dicho que “a Edwin no se le podía decir que no”, sugiriendo una dinámica de presión que, en su versión, acabó generando miedo.

A partir de ahí, Bronchalo dio el salto a la pregunta que durante meses ha alimentado especulaciones: qué eran realmente Daniel y Edwin. Su respuesta fue menos jurídica que emocional: dice que Daniel no se lo explicó “abiertamente”, pero que ella cree que existió una relación sentimental y que su hijo llevaba una doble vida, porque —según contó— Daniel tenía novia y, en el momento de aquellos días, había quedado con ella para reunirse en Asia.

“Solo laboral”, el relato que Daniel le dio… y lo que ella cree ahora

Bronchalo explicó que el guion que recibió de su hijo durante un tiempo fue el de una alianza profesional: apertura de un negocio, acuerdos y desacuerdos, y un intento de Daniel de poner fin a esa relación cuando ya no quería seguir con el plan. En su versión, esa negativa no fue aceptada con normalidad. “Me dijo que no quería seguir la relación y que él insistía”, relató, antes de rematar con la frase que, según ella, le quedó grabada: “a Edwin no se le podía decir que no”.

La madre de Daniel añadió que este asunto no es un tema habitual en sus conversaciones con su hijo, pero deslizó un dato especialmente delicado: asegura que Daniel le dijo “en su momento” que había sido amenazado de muerte y que tenía miedo. En la entrevista, esa referencia aparece como la explicación que ella logra encajar —con dudas, matices y sin certezas absolutas— para entender por qué su hijo pudo estar atrapado entre dos mundos: el que mostraba a su entorno y el que, según Bronchalo, se le estaba imponiendo en privado.

La sentencia: “excesiva”, sorpresa en él y “alivio” en ella

Bronchalo también regresó al día de la condena a cadena perpetua dictada el 29 de agosto de 2024 por la justicia tailandesa. Su lectura fue tajante: calificó la sentencia de “excesiva”, y describió a Daniel como alguien que no asumía ese escenario. “No se lo esperaba”, dijo, porque él esperaba una absolución o una pena menor.

A la vez, introdujo un contraste que define su papel como madre: ella sí veía posible un desenlace duro. Explicó que habló con gente en Tailandia con experiencia en casos de extranjeros y que, por lo general, “no resultan en absolución”. Y confesó un sentimiento difícil de verbalizar en televisión: para ella fue un “alivio” que fuera cadena perpetua y no pena de muerte.

Bronchalo subrayó que lo que más le dolió no fue el titular, sino el gesto de su hijo. “Lo que más me dolió fue su cara”, recordó, describiéndolo como alguien que “no entendía nada” y buscaba respuestas en el equipo jurídico. Después, relató un momento de enorme carga emocional: tras dictarse la sentencia, a Daniel se lo llevaron “dos minutos después”, sin que ella pudiera hablar con él, salvo un abrazo y un beso autorizados por el juez.

La primera visita a prisión: “la realidad supera la ficción”

En su relato, Bronchalo quiso marcar un punto temporal: asegura que fue a ver a su hijo “en cuanto se lo permitieron”, incluso antes que Rodolfo Sancho. Describió el impacto de entrar en una cárcel tailandesa como un golpe físico: “impresiona muchísimo”, “un sitio viejo” y “eres uno más”. Detalló que el día que no fue con la embajada lo pasó “muy mal” porque desconocía el proceso de acceso.

Luego reconstruyó el primer cara a cara: compartimentos, teléfonos, cristal, y una sensación “como en las películas”, pero peor, porque —dijo— “la realidad supera la ficción”. Contó que Daniel estaba “muy nervioso” y desmintió el rumor de que la echó: asegura que la recibió “bien” y que las discusiones llegaron después “por otros asuntos”.

La imagen que dibuja de su hijo en ese encuentro es la de un joven “bastante afectado”, distinto al que había escuchado días antes por teléfono. Relató que le costaba hablar y sostener la atención, y lo atribuyó a la falta de sueño y al shock. Incluso generalizó un patrón que dice haber visto allí a través de otras madres: la entrada en prisión puede activar conductas “cercanas a la hostilidad” porque muchos presos creen “por lo general” que no han hecho nada y solo piensan en salir.

“He visto todo”: las imágenes que dice que la persiguieron

Bronchalo admitió que intentó blindarse del ruido mediático: “no me dejaban ver la tele”, contó, y explicó que evitó “intoxicarse” porque “hace mucho daño”. Sin embargo, terminó sabiendo —y viendo— lo que se publicaba.

En uno de los pasajes más duros de la entrevista, enumeró las escenas que circularon en medios tras el asesinato: la playa, la casa, el vertedero, las compras, la moto… “lo he visto todo”, dijo, con una frase que resume el impacto psicológico de revivir el caso desde España y desde la pantalla.

El perdón: “le perdono… y espero que algún día él pueda pedir perdón”

Preguntada por si ha cambiado su percepción de Daniel, Bronchalo respondió con una idea incómoda para la opinión pública: cree que muchos esperarían que lo repudie, pero a ella “no le ha salido así”. Dijo que sigue sin asimilar lo ocurrido, pero que Daniel “sigue siendo mi hijo” y que lo quiere “a pesar de lo que ha hecho”.

El relato se quebró cuando abordó la confesión de los hechos: “fue devastador”, “me destruye por completo”, “es incomprensible” y “te destruye como persona”, describió. Y llegó al punto central: “Le perdono y espero que algún día él pueda pedir perdón”. Añadió que no ha sentido “odio y rechazo” y que, en este momento, “incluso lo quiere más” porque “necesita ayuda”.

La culpa que se echa encima: “¿qué hice mal?”

Bronchalo reconoció que sí se ha castigado por lo ocurrido. Explicó el razonamiento: los padres tienden a preguntarse “qué hice mal o qué no hice”, y sienten que todo lo que haga un hijo les “repercute y perjudica”. En esa misma línea, confesó un pensamiento recurrente: se ha preguntado si aquella semana pudo haberlo llamado y no lo hizo, y si eso habría cambiado algo.

Cuando le plantearon qué cambiaría si pudiera volver atrás, ofreció una respuesta que conecta con su biografía familiar: asegura que se habría separado “muchísimo antes” o que lo habría criado sola.

El origen familiar y la fractura: divorcio, adolescencia y años de distancia

En la segunda parte, Bronchalo también abrió la puerta a un contexto doméstico que, según ella, explica parte del distanciamiento con Daniel. Contó que la fama repentina de Rodolfo Sancho tras Al salir de clase influyó en la dinámica familiar y que “se le subió un poco a la cabeza”. En paralelo, habló de diferencias en la crianza: ella se define como “más severa” y “menos permisiva”.

Sobre el divorcio, fue explícita: “fui yo la que tomé la decisión”, aunque admitió que no fue fácil y que hubo discrepancias durante el juicio. Según su relato, Daniel sabía que sus padres no se llevaban bien y, tras la separación, tomó partido por su padre: decidió vivir con él y con su abuela, iniciando un distanciamiento con su madre que llegó al extremo de que ella “no sabía nada” de su vida.

Ese hilo desemboca en el presente: Bronchalo dijo que la relación con Daniel ha mejorado “a raíz de la tragedia” y que hoy mantienen un trato “cordial”. Pero dejó una de las frases más duras, por lo que implica: preferiría que nada de esto hubiera ocurrido, incluso al precio de no volver a hablar con él. “Firmaba por no volver a hablar con él nunca y que esto no hubiera pasado”, sentenció.

El embarazo y el vínculo materno: “no concibo mi vida sin él”

En su reconstrucción personal, Bronchalo recordó que fue madre con 21 años y que el embarazo le dio “susto y miedo”, especialmente por sus padres. Contó un parto complicado y aportó un dato concreto: Daniel pesó cuatro kilos y medio.

También relató la reacción de su madre al enterarse: dijo que quiso “darle dos bofetones” y que le planteó dudas sobre el futuro. Aun así, Bronchalo sostiene que la decisión de seguir adelante estaba tomada: “la decisión era nuestra”. Cerró ese bloque con una declaración emocional que contrasta con el caso judicial: afirmó que estaba “muy feliz” y que, desde que nació Daniel, “no hubiera concebido mi vida sin él”.