Muy preocupados: Destapan el grave trastorno y adicción que padece una colaboradora de Sálvame

Un trastorno que la colaboradora no solo no ha corregido sino que se ha incrementado con el paso de los años hasta llegar a ser preocupante para su salud
Ofrecen 180.000 euros a una colaboradora de Sálvame por posar desnuda
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Según recoge ABCLydia Lozano es una de las caras más comunes en programas y prensa del corazón. La colaboradora de «Sálvame» trabaja prácticamente todas las tardes, por lo que es un habitual ver su cara en la televisión de muchas de las casas de nuestro país.

Es habitual que la gente que trabaja frente a la pantalla se someta a numerosos retoques estéticos, sin embargo la colaboradora ha llegado un paso más y ahora su salud está en peligro. Y es que la madrileña sufre tanorexia, tal y como alertaron sus compañeros y corroboró hace un año la doctora Eguren, que acudió al plató para dar su diagnóstico: «Tiene tanorexia, que es adicción al sol. Para Lydia, estar muy morena no es suficiente, quiere más. Tenemos que entender que las pieles más bonitas y sanas son las que no han visto el sol y Lydia tiene mucho fotodaño: manchas, arrugas y flacidez», dijo entonces.

Sálvame

Una enfermedad que la colaboradora no solo no ha corregido sino que se ha incrementado con el paso de los años hasta llegar a ser preocupante para su salud. Hace unos meses, en la boda de su compañera y amiga Belén Esteban, Lydia acudió con un vestido naranja y extremadamente morena.

Gtres

La inquietud por el bronceado está a la orden del día. Revistas de belleza se llenan de consejo para «coger el máximo color» en el menor tiempo posible, con lo que se alimenta una obsesión por «ponerse moreno».

Así, en uno de los extremos del asunto aparece la adicción al sol, lo que se ha bautizado como «tanorexia». Se trata de un trastorno psiquiátrico de la conducta que consiste en la obsesión patológica e irracional por estar permanentemente bronceado. «Puede compararse en cierto modo con los trastornos alimenticios como la anorexia», explicaron fuentes de la Clínica Can Rosselló a este periódico.

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