¡Duro golpe! Carlos Costanzia se ve obligado a ello ¿ante su segunda paternidad?

En la imagen de archivo Alejandra Rubio junto al padre de su hijo, Carlo Costanzia
El actor y empresario ha puesto en marcha el traspaso de su barbería-estudio de tatuajes en Vallecas, en plena ola de rumores sobre un segundo embarazo de Alejandra Rubio. La operación llega con el local señalado por vecinos como inactivo desde hace semanas y con la pareja instalada en el silencio público sobre su vida familiar.

Carlos Costanzia ha dado un paso atrás en su faceta como empresario y ha colocado el cartel de “se traspasa” en la barbería y estudio de tatuajes que abrió en el barrio madrileño de Vallecas. El negocio, presentado en su momento como un proyecto de estabilidad y reinvención personal, se ofrece ahora por 30.000 euros, con un alquiler mensual de 700 euros, apenas diez meses después de su inauguración. La decisión llega en un momento especialmente delicado para el actor, marcado por la presión mediática y por los crecientes rumores de que su pareja, Alejandra Rubio, podría estar embarazada de su segundo hijo en común.

El traspaso no es una simple especulación. El anuncio existe, está activo y detalla las condiciones del local: un espacio completamente equipado, listo para trabajar desde el primer día, con zonas diferenciadas de barbería y tatuaje, mobiliario profesional incluido y licencia en vigor. La dirección del establecimiento, en la calle León Felipe, ha sido confirmada y vecinos de la zona aseguran que la actividad del local se ha reducido de forma notable desde finales del año pasado.

Durante meses, la barbería fue presentada como un símbolo de la nueva etapa de Carlo Costanzia. Tras convertirse en padre y alejarse parcialmente de la interpretación, el hijo de Mar Flores apostó por un negocio de barrio, con estética urbana y un enfoque moderno que combinaba cuidado masculino y tatuajes. La apertura se interpretó entonces como un intento de construir una rutina estable, lejos de la exposición constante y de los vaivenes del mundo del espectáculo.

Sin embargo, la realidad del día a día parece haber sido menos amable de lo esperado.

Un negocio bajo lupa: cifras, plazos y señales de desgaste

El precio del traspaso —30.000 euros— ha sido uno de los elementos que más ha llamado la atención. No se trata de una cifra simbólica, sino de una cantidad que apunta a la necesidad de recuperar parte de la inversión inicial realizada en la adecuación del local y en la compra del equipamiento profesional. A ello se suma un alquiler relativamente contenido para la zona, 700 euros al mes, lo que refuerza la pregunta clave: ¿por qué desprenderse del negocio tan pronto?

En el entorno del establecimiento, algunos vecinos aseguran que la barbería llevaba semanas —incluso meses— con la persiana bajada de forma intermitente. Otros hablan directamente de una falta de clientela suficiente para sostener el proyecto. Aunque estas versiones no han sido confirmadas por Costanzia, lo cierto es que el anuncio de traspaso ha puesto negro sobre blanco una situación que hasta ahora solo se comentaba en voz baja.

El detalle con el que está redactada la oferta también resulta revelador: se insiste en que el negocio está “listo para entrar”, en que no necesita reformas y en que se entrega con todo el material necesario. Un discurso habitual cuando se busca atraer rápidamente a un comprador y cerrar la operación sin dilaciones.

El silencio como estrategia: ni desmentidos ni explicaciones

Mientras el foco se intensifica sobre el futuro de la barbería, Carlo Costanzia ha optado por el mutismo. No ha ofrecido declaraciones para explicar las razones del traspaso ni ha aclarado si se trata de una decisión definitiva o de una pausa estratégica. En sus escasas apariciones públicas, ha esquivado las preguntas y ha evitado cualquier referencia directa al tema.

Ese mismo silencio se extiende al plano personal. Desde hace semanas, distintos programas y medios apuntan a un posible segundo embarazo de Alejandra Rubio. La colaboradora televisiva ha sido vista con actitudes más discretas, cuidando su exposición pública y evitando pronunciarse sobre su vida privada. Cada gesto, cada imagen y cada publicación en redes sociales han sido analizados al detalle, alimentando una expectación que no deja de crecer.

En una de las escenas más comentadas, Costanzia fue abordado por la prensa y reaccionó con un gesto ya clásico: fingir una llamada telefónica para evitar responder. Ni confirmación ni desmentido. Solo evasivas.

¿Casualidad o consecuencia? El debate sobre la segunda paternidad

La coincidencia temporal entre el traspaso del negocio y los rumores de embarazo ha disparado las especulaciones. Para algunos, se trata de dos planos completamente distintos: un proyecto empresarial que no ha funcionado como se esperaba y una vida personal que sigue su propio curso. Para otros, ambas decisiones estarían íntimamente ligadas.

Una posible segunda paternidad implicaría un reajuste profundo de prioridades. Más estabilidad económica, menos exposición mediática y una reorganización del tiempo y de los esfuerzos. En ese escenario, desprenderse de un negocio que exige presencia constante y gestión diaria podría interpretarse como una decisión pragmática, incluso inevitable.

También existe una tercera lectura: la presión mediática. El escrutinio constante sobre su relación, su familia y ahora también sobre su faceta empresarial ha convertido cualquier movimiento en un asunto público. El traspaso de la barbería no es solo una operación económica; es un nuevo capítulo en una narrativa personal que se construye a golpe de titular.

Un proyecto que simbolizaba un cambio… y que ahora se diluye

Cuando Carlo Costanzia inauguró la barbería, el mensaje era claro: empezar de cero, construir algo propio y tangible, alejado de polémicas. Diez meses después, ese relato se resquebraja. El cartel de “se traspasa” funciona como un símbolo potente: el cierre —o al menos la cesión— de una etapa que prometía ser un punto de inflexión.

A día de hoy, las preguntas siguen abiertas. ¿Es el final definitivo de su aventura como empresario? ¿Una decisión tomada a contrarreloj ante un nuevo embarazo? ¿O simplemente el reconocimiento de que el proyecto no ha alcanzado la rentabilidad esperada?

Ni Carlo Costanzia ni Alejandra Rubio han dado respuestas. Y mientras ese silencio se mantiene, cada dato —el precio, el plazo, el momento elegido— se convierte en materia prima para un debate que mezcla economía, familia y exposición pública.