Mario Vargas Llosa recuerda las noches de cuento en las que "era riquísimo desnudarse"

En este cuento, el Nobel peruano habló del "enamoramiento de la pichula" por el que el protagonista de su historia dejó a su esposa
Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa: los tres motivos de su ruptura que ocultan
photo_camera Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa en una imagen de archivo

Según recoge Informalia, es uno de los textos de los que más se ha hablado en las últimas semanas y por fin se ha vuelto a publicar de forma íntegra tras ser descatalogado. Se trata de Los vientos, un relato que Mario Vargas Llosa escribió en 2021. En este cuento, el Nobel peruano habló del "enamoramiento de la pichula" por el que el protagonista de su historia dejó a su esposa. Su entorno ya vio en estas líneas tintes autobiográficos y claros indicios de que su relación con Isabel Preysler no iba tan bien como aparentaban.

Tras una intensa y profunda crítica al cierre de cines y librerías en Madrid y en otras partes del mundo, el autor de La ciudad y los perros relató la conversación que su personaje mantuvo con un buen amigo llamado Osorio. Este le dijo, tal y como publica de forma íntegra este jueves El Periódico de España: "Qué te importa que las quemen (...) Si todos esos libros, revistas y periódicos están ya digitalizados y los puedes consultar cómoda y asépticamente en las pantallas de tu propia casa". 

El escritor contestó con una clara referencia a su situación en Villa Meona, la mansión de Isabel Preysler en Puerta de Hierro: "Por lo pronto, no tengo 'una casa' sino un cuartito diminuto con su baño, y, en segundo lugar, mi ordenador es casi tan pequeñito como un libro antiguo. Su argumento no vale para mí". Tal y como su entorno deslizó, el autor no encontraba su espacio en la vida de la reina de corazones. 

Lo más gordo viene pocos párrafos después, cuando comienza a hablar de Carmencita. Hay que recordar que casualmente este es el primer nombre de la madre de sus hijos, Patricia. La dejó en 2015 para comenzar su relación con la viuda de Miguel Boyer. "Que yo sepa, Osorio nunca tuvo familia (...) o, en cambio, me acuerdo apenas de mis padres, con los que, creo, nunca me llevé bien, y no sé si tuve hermanos o no; en todo caso se han borrado de mi mente. Pero, en cambio, de Carmencita, mi mujer por muchos años, me acuerdo muy bien".

Y añadió, inundado por la nostalgia: "Sólo que no hablo con Osorio nunca de ella. Todas las noches, parece mentira, desde que cometí la locura de abandonarla pienso en ella y me asaltan los remordimientos. Creo que sólo una cosa hice mal en la vida: abandonar a Carmencita por una mujer que no valía la pena".

Después, podríamos decir que liga la realidad con la ficción, pues Patricia desde entonces no ha unido su vida a la de otro hombre: "Ella nunca me perdonó, por supuesto, jamás pude amistarme con ella, y, para colmo, Carmencita se casó con Roberto Sanabria, mi mejor amigo hasta entonces".

En su cuento, tuvo más palabras para Carmencita: "Es el único episodio de mi remoto pasado que mi memoria no ha olvidado y que me atormenta todavía. Todas las noches, antes de dormir, pienso en Carmencita y le pido perdón. Ella no lo sabe, por supuesto, a no ser que haya otra vida después de ésta y los muertos se entretengan espiándonos a los vivos".

El autor de La fiesta del Chivo ahondó en su pena: "Nunca más volví a verla y, sólo muchos años después de ocurrido, me enteré del accidente en el que había perdido la vida. Ya me olvidé del nombre de aquella mujer por la que abandoné a Carmencita; volverá a mi memoria, sin duda, aunque, si no volviera, tampoco me importaría".

Vargas Llosa, a través de su personaje, no dejó en buen lugar a la mujer por la que abandonó a su esposa: "Nunca la quise. Fue un enamoramiento violento y pasajero, una de esas locuras que revientan una vida. Por hacer lo que hice, mi vida se reventó y ya nunca más fui feliz". 

Entonces habló de su ya famosa pichula: "Fue un enamoramiento de la pichula, no del corazón. De esa pichula que ahora ya no me sirve para nada, salvo para hacer pipí. ¿Por qué sigo diciendo 'pichula', algo que no dice nadie en España? La fuerza de la costumbre, por supuesto".

En otros párrafos, también muestra la nostalgia por su anterior casa, en la que vivió con Patricia y sus hijos y que se encuentra en pleno centro de Madrid, a escasos metros del Palacio Real. A este lugar ha vuelto tras su ruptura con la madre de Tamara Falcó: "Me senté en una de las sillas solitarias de la Plaza de Isabel II, en el corazón del viejo Madrid de los Austrias, a ver si los recuerdos volvían y encontraba mi casita que debía de estar por estos pagos. La extrañaba".

Y añadió: "Nunca he podido recordar el nombre de la mujer por la que abandoné a Carmencita. Como la dirección de mi casa, que se me ha desvanecido de la memoria en el peor momento. Volverá, sin duda, cuando menos lo necesite".

También narra otro momento de desconcierto que el protagonista de su historia vivió en el Teatro Real y que se interpreta como una crítica a la sociedad del espectáculo en la que Preysler se mueve como pez en el agua: "Es imposible gozar de un concierto o de una ópera y hasta de una comedia ligera, rodeado de gente que no hace más que teclear o acariciar las tabletas que tiene bajo los ojos y que lanzan guiños incesantes alrededor del pobre espectador que fue al teatro con la estúpida ilusión de escuchar y ver las cosas que ocurrían en el escenario".

En este sentido, dictó sentencia: "A veces pienso que, sin darme cuenta, lo que ocurre a mi alrededor me va contaminando a mí también y ya no sé realmente distinguir entre lo que es cultura y eso que hace sus veces en el mundo disparatado en que ahora vivimos".

Definitivamente, el reputado escritor no encontraba su lugar: "Toda la noche estuvimos rodeados de esos personajes fantasmales, duplicando a camareros o camareras, sirviendo la mesa, pasando las fuentes con bocaditos y bebidas, tan absolutamente idénticos a los reales, que aquello se convirtió en un delirio".

Así las cosas, volvió a expresar su nostalgia: "Todo un día buscando mi casa, bueno, mi cuartito, con la seguridad de que estaba por acá, muy cerca, sin poder encontrarlo. Ahora, en este momento, no me importaba".

En su conversación con el amigo Osorio también habló de sexo. Y ahí entró de nuevo el personaje de Carmencita: "Creo que hacer el amor era algo maravilloso, sobre todo cuando yo era joven. Recordé a Carmencita. ¿No era riquísimo desnudarse y enredarse en la cama durante horas y hacer el amor al volver de la oficina de noticias en la que trabajaba?".

En este sentido, así es como recordó sus primeras noches de amor con Carmencita: "Ver por primera vez el cuerpo desnudo de una muchacha, hacerle el amor con la delicadeza con que entonces se escribía un poema, gozar juntos ebrios de deseo y de felicidad, sentir que se abolía el tiempo y uno alcanzaba esa inmortalidad del instante que da el éxtasis carnal: ¡qué maravilla¡".

Pasados los 80, en cambio, todo se ve de otra forma: "Ahora tengo la seguridad de que el sexo ya no representa tanto como cuando uno, en aquellos lejanos años, iba poco a poco venciendo los tabúes y veladuras que rodeaban el amor físico y llegaba por fin al acto sexual como quien llega al paraíso".

Isabel Preysler anunció su ruptura con Mario Vargas Llosa el pasado 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, a través de su revista amiga y pasando por caja. Su versión, la de los supuestos celos infundados del escritor. Vargas Llosa lo negó y su entorno deslizó que la ruptura se desencadenó por los diferentes estilos de vida de los dos. En este juego mediático también ha entrado Álvaro, hijo del autor, publicando un vídeo de su padre leyendo Madame Bovary nada más conocerse la ruptura y una foto de sus padres, juntos, hace tan solo unos meses en Perú.

Comentarios