El derrumbe de un gigante de la construcción: El KO de OHL

Las malas decisiones en los últimos años de la constructora y sus ruinosas inversiones en el extranjero han destrozado sus cuentas que ha perdido un 92% de su valor bursátil. Su excesiva deuda, la falta de generación de caja  y la pérdida de importancia en el sector de la construcción han llevado a la firma por debajo del bono basura y podría caer todavía más tras la presentación de sus resultados anuales. 

Tras un torpe impulso, el púgil logra enderazarse. Su mirada permanece perdida, confundida. Los ojos del árbitro se posan sobre los del boxeador. Continúen, grita en alto tras comprobar el estado del maltrecho deportista. Las malas decisiones, su mala actitud y sus pesadas cargas han tumbado un antiguo campeón, cuyo nombre evoca a un glorioso pasado.

Obrascón, Huarte y Lain, más conocido como OHL -el campeón venido a menos -, nació en 1999. La constructora se convirtió rápidamente en el eje central del conglomerado del empresario, marqués y exministro Juan Villar Mir, construido hace 30 años y con fuertes cadencia al apalancamiento. Un recurso utilizado hasta la saciedad y que ahora –en los últimos años-  ahoga a la propia compañía. La firma internacional –como un púgil de primera- que se codeaba con las más grandes constructoras del mundo apenas logra mantenerse en pie frente a sus adversarios.

El hundimiento de la firma es obvio: desde que marcará sus máximos en bolsa, ha perdido cerca de un 92% de su valor. El rating de su deuda está hundido hasta el nivel de bono basura. Sus resultados son pésimos, pese a sus continuas triquiñuelas en las cuentas ya sean con continuos cambios en los métodos, en los perímetros o activos que aparecen y desaparecen a conveniencia. Por no hablar del contenido, con un ‘cash flow’ negativo y un ‘capex’ (inversiones en bienes de capital) positivo, algo totalmente anómalo.

Cuentas devastadas con un exceso de deuda

Las cuentas que trimestre tras trimestre ha presentado OHL en los últimos años no ha hecho más que acrecentar su caída. Ya sea en los aspectos más técnicos, o su simple descripción resulta muy difícil entender su funcionamiento.

El primer efecto tóxico en las cuentas de OHL es su elevada deuda que ronda los 4.000 millones, según los últimos resultados ofrecidos por la firma. La cantidad supone cerca de cinco veces su valoración bursátil, que apenas sobrepasa los 800 millones, frente a los 2.400 que alcanzó cuando Villar Mir adquirió su totalidad.

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