viernes 15.11.2019

La albaceteña Susana Rodríguez, árbitra de élite 'apadrinada' por Samaranch

Un carta del fallecido Juan Antonio Samaranch, por entonces presidente de honor de La Caixa y del Comité Olímpico Internacional, fue su 'tabla de salvación' para poder compaginar su trabajo y el arbitraje

La albaceteña Susana Rodríguez, árbitra de élite 'apadrinada' por Samaranch / Fotografía: infovoley.wordpress.com
La albaceteña Susana Rodríguez, árbitra de élite 'apadrinada' por Samaranch / Fotografía: infovoley.wordpress.com

Con sólo 22 años, Susana Rodríguez (Albacete, 1974) fue la primera mujer que dirigió un partido de la máxima categoría masculina del voleibol español. Y otros 22 más tarde forma parte de la élite internacional con un bagaje de 398 designaciones, entre ellas la final olímpica de los Juegos de Río 2016 y el partido por el bronce en Londres 2012.

Un carta del fallecido Juan Antonio Samaranch, por entonces presidente de honor de La Caixa y del Comité Olímpico Internacional, fue su 'tabla de salvación' para poder compaginar su trabajo y el arbitraje.

A sus 44 años cuenta además en su trayectoria con 526 encuentros de categoría nacional. Ella y sus compañeros David Fernández y Mario Bernaola son los únicos colegiados FIVB españoles.

Pregunta: ¿Cómo surgió su interés por el voleibol? ¿Lo practicó?

Respuesta: Sí, lo jugué en el colegio. Dentro de las actividades extraescolares había dos deportes: balonmano y voleibol. Lo hablé con mi madre y ella me recomendó el vóley por el concepto erróneo que había entonces de que era mejor para una chica el vóley.

Pocos años después vino alguien de la federación y nos comunicó que había cursos para anotadores y a una chiquilla como yo a los 14 años le venía muy bien sacar unas perrillas para el fin de semana.

Comenzó a gustarme el arbitraje. Tuve la gran suerte de que el Comité de Árbitros de Castilla-La Mancha lo llevaba Eloy Molina. Él vio algo en mí, no sé qué, pero me dijo: 'Tú vas a trabajar conmigo, tú vas a subir y vas a llegar a ser internacional'. Fue visionario. Con 18 añitos comencé a ir a arbitrar con él. Me llevaba unas broncas tremendas, pero en el buen sentido, ya que lo que pretendía es que pudiese mejorar en las facetas que tenía más flojas. Le voy a estar tremendamente agradecida porque si no hubiera sido por él no hubiese llegado donde estoy.

P.: ¿A qué edad comenzó a arbitrar en la máxima categoría?

R: Fui la primera mujer en arbitrar en División de Honor y tenía solamente 22 años. Fue muy duro porque me faltaba madurez. Y tres años más tarde Antonio Morales (presidente del comité de árbitros de la Federación española) ya me envió al curso internacional.

Fue demasiado rápido, pero en ese momento el tren pasaba y había que cogerlo. Me costó madurar a pasos agigantados y a base de golpes. Pero no me arrepiento. Creo que aproveché la oportunidad.

Mi primer partido de hombres fue un partido entre Almería y Gijón. Recuerdo lo mal que lo pasé porque había mucho jugador de 'peso' como Jesús Sánchez Jover, (Carlos) Carreño... con una historia en el vóley tremenda... y claro, que estuviese allí una jovencita dirigiéndoles... Me llovieron protestas por todos los lados. Tuve que hacerme valer a base de tarjetas.

P.: ¿Cuál fue su primer partido internacional?

R.: La primera designación internacional oficial fue en un torneo que se celebró en Karlsbad, una población alemana muy pequeña. Era clasificatorio para un Europeo.

P.: ¿Recibió insultos?

R.: Sí, muchos, y muchos machistas. 'Véte a la cocina, dedícate a otra cosa, esto no es lo tuyo'..., cosas como esas. El que más daño me ha hecho es el que hace mención a mi madre o a temas familiares porque algunos piensan que he llegado hasta aquí porque he tenido ayuda de mi abuelo o de mi padre.

Insulta sobre todo el público, los padres que piensan que tienen un posible Rafa Pascual o un Messi. No saben medir sus palabras y surge una agresividad que debemos tratar de evitar.

Lo que pasa es que cuando me pongo a arbitrar no sé si hay mucha o poca gente en el pabellón. Me concentro y me aislo de tal manera que sólo me interesa el partido, todo lo demás me da igual. Pero ahora hay ya mucho más respeto, sobre todo a nivel internacional.

P.: Usted es licenciada en Administración y Dirección de Empresas y además trabaja en Caixabank. ¿Cómo ha podido compaginarlo todo con el arbitraje?

R.: Tuve la gran suerte de que el presidente de honor de La Caixa era Samaranch (Juan Antonio). Tengo una carta firmada por él en la que pedía que, cada vez que necesitase permiso para dirigir partidos internacionales, la empresa me lo facilitase.

Como es lógico, al ser una empresa privada me ponía muchas pegas. La federación española contactó con el Comité Olímpico para comunicarle que yo estaba en la élite, representando a España y que si no me daban facilidades tendría que dejar el arbitraje. Tuve la suerte de que Samaranch me ayudase y poder seguir.

Aunque nunca desconecto del trabajo porque sigo en contacto por 'e-mail'. Lo que hago es usar todas mis vacaciones para el vóley y solicito permisos sin sueldo. Llevo 19 años sin saber lo que es ir una semana a la playa.

P.: ¿Económicamente, le compensa?

R.: No... para nada. Por ejemplo, durante un Mundial, que supone estar fuera de casa 26 días, puedo ganar unos 5.000 euros. Si lo comparas con el fútbol, en el que, creo, (los árbitros) tienen un fijo de 30.000 o 40.000 euros y además otros 4.000 o 5.000 por partido... O sea, lo que ellos cobran por un partido lo cobro yo por todo un campeonato del mundo. En el último, el de Japón, me designaron para unos 16 partidos.

P.: ¿El haber pitado la final femenina en los Juegos de Río 2016 supuso el mayor éxito que podía tener en su carrera? ¿O le queda algo por alcanzar?

R.: ¡Repetir! Para cualquier árbitro dirigir una final de un Mundial, que ya lo he hecho, o de unos Juegos Olímpicos, es lo máximo.

Y, por supuesto, lo más alto que me queda por alcanzar sería pitar una final olímpica masculina porque en otras competiciones, como la 'Champions', ya dirigí partidos de hombres.

P.: Desde que comenzó a arbitrar, ¿se han incrementado las dificultades para dirigir un partido?

R.: Han aumentado las exigencias, sobre todo desde la implantación del 'ojo de halcón' en 2013. Es el micrófono, las cámaras que te ponen, dos pantallas... la presión es enorme. Y también por la evolución del juego, la velocidad del balón... hay jugadoras como Paola Egonu (italiana) cuyos remates se van equiparando a los de los chicos. Egonu llega a rematar a ciento y pico kilómetros por hora.

Llega un momento en el que la capacidad humana no te da para seguir esa velocidad del balón y estas nuevas tecnologías te ayudan a tomar la decisión correcta.

P.: ¿Qué cualidades debe tener un árbitro para llegar a la élite?

R.: Capacidad de reacción, concentración, capacidad visual y, sobre todo, saber aprender de tus errores y aceptar las críticas.

En cuanto a nuestra preparación difiere mucho de otros deportes. Nosotros no corremos, estamos muy estáticos, y nuestra preparación debe ser sobre todo psicológica. Por ejemplo, dos años antes de los Juegos de Río la federación internacional nos estuvo preparando con un psicólogo suizo, Mattia Piffaretti, que había trabajado antes con la UEFA. Nos enseñó a gestionar los conflictos, a no tensionarnos, a controlar la respiración.

P.: ¿A qué tipo de pruebas les someten durante una competición internacional?

R.: A nivel de torneos de Confederación Europea o FIVB pasamos un control médico que incluye revisión de presión arterial, agudeza visual, de campo cromático, de oído... nos miden la circunferencia abdominal para controlar el índice de masa corporal. En el último campeonato de Europa dos compañeros míos habían superado el índice y fueron apartados del torneo.

Hace algún tiempo se rumoreó la posibilidad de incluir el 'test de Cooper', pero lo cierto es que para nosotros no tiene ningún sentido.

También pasamos un control de alcoholemia por sorpresa, 45 o 60 minutos antes de comenzar el partido. Tienes que dar cero-cero. 

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