viernes 21/1/22

Las bibliotecas rurales, el verdadero centro neurálgico en la España vaciada

Son, a la vez, un centro cultural y un centro social, un dinamizador de la población, un lugar de formación y de juegos, en ocasiones una gestoría o un espacio para aprender reanimación cardiopulmonar y siempre un punto de encuentro e incluso un foco de atracción en un momento en que tanto se habla de la España vaciada
Las bibliotecas rurales, el verdadero centro neurálgico en la España vaciada - EFE/Isamel Herrero
Las bibliotecas rurales, el verdadero centro neurálgico en la España vaciada - EFE/Isamel Herrero

Muchas bibliotecas rurales de Castilla-La Mancha no se ciñen a su labor de custodia, registro, préstamo y lugar de estudio sino que realizan un impresionante trabajo, añadido, de cohesión entre los vecinos, formación, vínculo intergeneracional, cercanía, apoyo e incluso atracción de nuevos vecinos. Fundamental en la España vaciada.

Coincidiendo con el Día de la Biblioteca, que se conmemora cada 24 de octubre, la Agencia Efe ha acudido a tres pequeños municipios, Férez (Albacete), Albendea (Cuenca) y Galápagos (Guadalajara), y ha visto que entienden sus bibliotecas como verdaderos centros neurálgicos.

Son, a la vez, un centro cultural y un centro social, un dinamizador de la población, un lugar de formación y de juegos, en ocasiones una gestoría o un espacio para aprender reanimación cardiopulmonar y siempre un punto de encuentro e incluso un foco de atracción en un momento en que tanto se habla de la España vaciada.

En Castilla-La Mancha es obligatorio, por ley, tener biblioteca a partir de mil habitantes, pero un tercio de las que integran la red regional de bibliotecas está por debajo. O sea, 147 del total de 450 tienen menos de mil vecinos.

La ley estatal establece biblioteca para localidades de más de 5.000 habitantes pero hay varias autonomías, entre ellas Castilla-La Mancha, que han bajado el número, ha explicado a Efe el jefe de servicio de Bibliotecas, Libro y Lectura de la Viceconsejería de Educación, Óscar Arroyo.

La red de bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha es el servicio público más utilizado por los ciudadanos después de la sanidad, con seis millones de visitas al año. Y ésto en un país en el que tres de cada cuatro municipios se están abandonando, según la Secretaría General para el Reto Demográfico, y donde el 80 por ciento de la población vive en el 15 por ciento del territorio.

"LA BIBLIOTECA RURAL ES EL FORO DONDE TODO ES POSIBLE" (GALÁPAGOS)

Cuando María Teresa Aparisi llegó a la biblioteca de Galápagos, hace 18 años, había una docena de niños en un CRA (Colegio Rural Agrupado) y vio que "no tenía sentido" una biblioteca enfocada a préstamo y sala de estudio, por lo que se puso a trabajar en una biblioteca que realmente sirviera a sus usuarios.

"Vale, no leas si no quieres, pero ven a la biblioteca. No vas a tener un teatro, no vas a tener un cine, no vas a tener otras ofertas si vives en un pueblo, pero tienes otras grandes ventajas y tienes la oferta cultural en las bibliotecas rurales", afirma con entusiasmo y "pasión".

Aparisi sostiene que "la cultura llega a todas partes gracias a lugares como éste, gracias a la red de bibliotecas de Castilla-La Mancha y otras tantas redes del país, que funcionan" y tiene claro que una biblioteca rural en estos momentos es "el foro donde todo es posible: si traes una idea se te va a escuchar y si es viable se va a llevar adelante, se va a estudiar cómo y se va a encontrar la manera".

Galápagos, a diferencia de otros pueblos, ha ganado población: de los 500 vecinos que había en 2003 ha pasado a casi 2.500, el CRA se ha transformado en un colegio con 300 alumnos y la biblioteca también ha crecido y ya roza los 200 metros.

Aparisi comprobó desde un principio que los niños de distintas edades estaban habituados a relacionarse entre ellos pero tuvo que emplearse a fondo para que los mayores entendieran que una biblioteca no solo era para niños. Y lo ha logrado.

Por ejemplo, el primer club de lectura que puso en marcha mezclaba a chavales con sus padres (en general, madres) y abuelos (en concreto, abuelas). Después surgió un grupo de teatro y, a continuación, una recopilación de zarzuelas vinculó a nietos y abuelos.

Otra actividad que va muy bien son los encuentros de autor y aunque las bibliotecas rurales no tienen presupuesto para acoplarse a las grandes editoriales cuando María Teresa recibe información de algún autor o libro nuevo saca en préstamo ese libro de una biblioteca 'grande', lo lee y, si interesa, contacta con el autor para acordar que si logran adquirir un lote él tiene que acudir a presentarlo.

"Y los autores se prestan, están deseando. Se produce una retroalimentación, los usuarios saben porqué ha escrito ésto y plantean dudas y los autores entienden lo que sus lectores demandan o esperan. Funciona muy bien", afirma.

La biblioteca de Galápagos nunca ha dicho no a una propuesta; la bibliotecaria pide permiso al Ayuntamiento y siempre hay una respuesta positiva. Una de las actividades "raras" fue un taller de reanimación cardiopulmonar que ofreció impartir una usuaria, enfermera. O los cursos de mecanografía, pensados porque es "imprescindible" que los usuarios escriban con los diez dedos y sin mirar el teclado.

María Teresa defiende las bibliotecas rurales como el "lugar idóneo" para que se mezclen abuelos, niños y jóvenes, algo que cambió por completo cuando llegó la pandemia. Pero la bibliotecaria aprovechó para conocer nuevas herramientas de internet (como los kahoot) y propuso a sus usuarios actividades desde sus casas: el día de la poesía una veintena de ellos se grabaron leyendo un poema; el día del libro secundaron la invitación medio centenar de personas, y en navidades involucró a casi un centenar de vecinos y a la corporación municipal.

Recuerda que hace unos años hubo en Galápagos un taller de narración oral y acudieron bibliotecarios de Madrid, "y después me escribieron y me dijeron que era una maravilla, que ellos no tenían esa libertad de acción, lo suyo sí era estar callados, tener la biblioteca absolutamente ordenada todos los días", afirma esta bibliotecaria que se considera "muy, muy afortunada".

María Teresa Aparisi (52 años) vive en un pueblo cercano, que no tiene biblioteca sino servicio de bibliobús, algo que tiene en común con María del Carmen Miranda (50 años), la bibliotecaria de Férez, en la Sierra del Segura, desde hace quince años. También tienen en común las bibliotecas de Galápagos y Férez que han ganado este año un premio María Moliner de animación a la lectura.

"LAS BIBLIOTECAS RURALES NOS HEMOS TENIDO QUE REINVENTAR" (FÉREZ)

Férez no llega a 700 vecinos y su biblioteca está muy centrada en las nuevas tecnologías, algo que atrae "muchísimo" a niños y jóvenes, que son el 70 por ciento de sus usuarios, pero que también ha sido de gran ayuda durante la pandemia para los mayores, que han aprendido no solo a manejar un libro electrónico o sacar más partido al móvil sino a comprar por internet de forma segura.

"Las bibliotecas rurales nos hemos tenido que reinventar porque no podemos quedarnos a esperar a que la gente venga solo a leer", afirma Miranda, convencida de que en el entorno rural "se utilizan mucho las tecnologías".

Porque la biblioteca de Férez es mucho más que lo que indica su nombre, también es un centro social, en ocasiones una gestoría, donde se ayuda a arreglar papeles o pedir citas previas, y de forma habitual un lugar en el que los vecinos se reciclan con las nuevas tecnologías.

De hecho, en este momento María del Carmen Miranda se está formando para abrir en la biblioteca un Aula Mentor, que es un programa de formación online, flexible y con tutorización personalizada, para mayores de 18 años, promovido por el Ministerio de Educación y Formación Profesional y que tiene apoyo del Ayuntamiento.

Cuando una biblioteca "tan viva como la nuestra", dice, cerró por la pandemia fue "muy complicado", pero esta dinámica mujer se puso a trabajar en casa y creó una biblioteca virtual (bibliotecadeferezvirtual.com) y siguió trabajando en iniciativas para sus usuarios.

"Me encanta mi trabajo. Doy todo lo que puedo de mí, intento tratar a la gente con mucha atención y buen trato y me lo devuelven con creces. Somos como una gran familia y estoy orgullosa de trabajar en una biblioteca rural. Súper orgullosa. Por cercanía, trato y todo lo que genera una biblioteca rural", afirma esta bibliotecaria que, además, utiliza mucho las redes sociales en su trabajo.

"NO PORQUE UN PUEBLO SEA GRANDE TIENE MÁS ACTIVIDAD QUE EL NUESTRO" (ALBENDEA)

En la provincia de Cuenca, Albendea tiene 123 personas censadas y biblioteca desde el año 2008. Su alcalde, Luis Enrique Pérez, defiende que la biblioteca es "un centro de reunión de padres e hijos" donde se desarrollan muchas actividades relacionadas con la cultura, pero también un punto de encuentro con vecinos de otros pueblos, que no tienen biblioteca y que acuden a Albendea, y con habitantes de fin de semana, que acuden muchos.

Hace unas semanas hubo una reunión de bibliotecas de la provincia de Cuenca y el único alcalde que acudió fue Pérez: "me quedé un poco extrañado, me sorprendió que no hubiese un interés directo de los responsables de los pueblos. Para mí la cultura es uno de los ejes centrales de un pueblo, sea pequeño o grande. No porque un pueblo sea grande tiene más actividad que el nuestro", asegura.

A su juicio, ya no se trata solo de ganar población sino de mantener la que hay y ofrecer servicios dignos en cultura, igual que en sanidad, y apostar por las nuevas tecnologías, que son "muy importantes" en el medio rural.

La biblioteca de Albendea ha recibido una donación de 1.500 ejemplares, del directivo de una editorial, y tiene flamantes nuevas estanterías para albergar los libros una vez catalogados.

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