miércoles 23/6/21

Los abanicos de Emilia Pardo Bazán como reflejo de la situación sociopolítica

Con motivo del centenario de su muerte, la Agencia Efe ha acudido al Museo del Ejército para conocer piezas de su colección ligadas a la condesa de Pardo Bazán (La Coruña, 1851-Madrid, 1921) y saber qué nos pueden decir estos objetos de su propietaria y del momento en que vivió
Los abanicos de Emilia Pardo Bazán como reflejo de la situación sociopolítica
Los abanicos de Emilia Pardo Bazán como reflejo de la situación sociopolítica

La escritora Emilia Pardo Bazán fue una gran admiradora de los abanicos y tuvo una interesante colección de estos complementos que ella consideraba "el más expresivo y revelador de los objetos de arte" pero que, al mismo tiempo, eran un instrumento de propaganda social, política y militar, de reflejo de la sociedad, en aquel intenso y romántico siglo XIX.

Con motivo del centenario de su muerte, la Agencia Efe ha acudido al Museo del Ejército para conocer piezas de su colección ligadas a la condesa de Pardo Bazán (La Coruña, 1851-Madrid, 1921) y saber qué nos pueden decir estos objetos de su propietaria y del momento en que vivió.

Relacionado con la escritora y periodista, el Museo del Ejército conserva dos abanicos relacionados con la Guerra de África; un curioso "álbum de pensamientos" en el que participan varios intelectuales del siglo XIX y que está en proceso de investigación, y 55 cartas, la gran mayoría correspondencia de otros autores.

Sobre los abanicos, la conservadora del museo María López ha explicado su vínculo con uno de los acontecimientos políticos y militares "más difundidos e interesantes" de los primeros años de Emilia Pardo Bazán y con uno de los héroes "más significativos y laureados": la Guerra de África y el general Prim, a quien la batalla de los Castillejos (1 de enero de 1860) brindó un gran apoyo popular.

Para Pardo Bazán, el abanico era un complemento indispensable del traje femenino y ella misma lo catalogaba como "el más expresivo y revelador de los objetos de arte, el más sensible al ambiente" como publicó en La Nación (Buenos Aires) el 5 de febrero de 1914.

E incluso en una conferencia que impartió en el Ateneo de Madrid en 1913 realizó un recorrido histórico, desde la antigüedad hasta la Revolución Francesa, mediante la lectura de todos los temas representados en sus abanicos, ha subrayado la conservadora.

Los abanicos se ejecutaban con materiales de alta calidad, acordes con el resto del vestuario, y estaban decorados al gusto de la época, pero en muchos casos se convirtieron en soportes para difundir grandes noticias, como la batalla de Castillejos.

María López está completamente de acuerdo con la definición que hizo Pardo Bazán del abanico como el objeto "más sensible al ambiente", ya que las damas lo llevaban a los actos sociales, lo abrían y lo utilizaban mostrando a los demás los detalles de la decoración que, en muchos casos, como estos abanicos de Pardo Bazán, hablaban del ambiente sociopolítico y militar.

"PRIM MOVIENDO LA BANDERA CUANDO TÚ TE ABANICAS"

Uno de estos dos abanicos del Museo del Ejército representa al general Prim en lo alto de la composición, en una postura muy superior al resto, a caballo, levantando la bandera de España, bajo la inscripción "El general Prim, con la bandera del Regimiento de Córdoba" y junto a las palabras: "Viendo que sus tropas vacilan, las arenga heroicamente y logra una gran victoria".

También figura la fecha de la batalla en esta pieza decorada con motivos florales, muy al gusto de la época.

"Al abrir y mover el abanico, ves a Prim moviendo una bandera, ves que la bandera se mueve cuando tú te abanicas", ha observado la conservadora, que también ha apuntado que aparecen los emblemas de artillería e infantería.

El momento que muestra el abanico está recogido en el "Diario de un testigo de la Guerra de África", de Pedro Antonio de Alarcón, que relata cuando Prim cogió la bandera española y dijo al regimiento mientras avanzaba a la lucha cuerpo a cuerpo: "Vosotros podéis abandonar esas mochilas, que son vuestras; pero no podéis abandonar esta bandera, que es de la patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas".

María López también ha sugerido que cuando contemplemos en un museo un objeto ligado a las artes decorativas nos pongamos en situación de verlo en uso, no en la vitrina de una sala.

"Las artes decorativas, y los complementos de indumentaria especialmente, son piezas que exigen ese ejercicio mental, de imaginarte un abanico en movimiento, el traje en movimiento, la sombrilla. Porque son objetos de uso", ha dicho. "Y porque son piezas vinculadas a una época, a un gusto. Y, por tanto, verlas en una vitrina exige que las imaginemos en un contexto, en su utilización".

El segundo abanico de Emilia Pardo Bazán también muestra una escena de la Guerra de África, los dos son plegables y con varillaje, e incluso uno tiene las varillas decoradas "con pinceladas muy suaves y delicadas".

Se trata de dos "piezas bastante excepcionales", ha argumentado la conservadora, que permiten una triple lectura del objeto: el abanico como complemento indispensable y habitual del ámbito femenino del siglo XIX; el abanico como soporte de propaganda sociopolítica y militar, y el abanico como pieza de coleccionismo, ya que sin el desarrollo del coleccionismo en el siglo XIX y principios del XX y su conexión con los museos no hubiera llegado hasta nosotros.

El abanico de la batalla de los Castillejos de la condesa de Pardo Bazán formó parte de su colección personal y fue donado al Museo del Ejército en abril de 1947 por su hija Blanca, viuda del teniente general José Cavalcanti. Todo ello figura en el reverso de la pieza.

EL NACIMIENTO DE SU PRIMOGÉNITA EN 1879 ?

Asimismo, el Archivo del Museo conserva 55 cartas relacionadas con Emilia Pardo Bazán, la mayoría de las cuales (53) son correspondencia dirigida a ella por diversos autores, como Benito Pérez Galdós o Ventura Rodríguez Aguilera, que le felicitan por sus obras publicadas.

Además, hay una felicitación que le remite José Rodríguez Mourelo, químico científico y colaborador en publicaciones literarias, por el nacimiento de su hija primogénita (en 1879) y dos cartas manuscritas por Pardo Bazán comunicando a su destinataria, Josefa Sobrido, heredera del Museo Romero Ortiz, el envío de fotografías y autógrafos y una despedida al emprender un viaje.

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